Como el antojo del 25 de mayo del año pasado, cuando amontonó a más de 120 mil personas frente a la Casa Rosada sin otro propósito que el tumulto y la postal histórica, Néstor Kirchner satura el tramo final de su primer mandato con shows donde la multitud lo venere.
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No sólo habrá una remake de la «plaza del sí», ahora edición 2007, sino que el gobierno se embarcó en el montaje de una serie de exhibiciones para marzo en los que Kirchner -y en algún caso, la primera dama, Cristina Fernández-será el eje de los aplausos y los flashes.
Como un síndrome contagiado de Hugo Chávez, el patagónico está tentado por el ruido y el coreo de su nombre. Un espejo del comandante bolivariano, que es un asiduo animador de extenuantes funciones públicas en el Centro Simón Bolívar o en el Palacio de Miraflores.
Menos locuaz que el venezolano y más proclive a zambullirse en el tumulto, Kirchner fijó como prioridad una fecha: el 1 de marzo, cuando dará el que podría ser su último discurso frente a la Asamblea Legislativa si, como él pretende, lo sucede su esposa, Cristina.
Ese día leerá un discurso en el Congreso, pero, en principio, no lo hará ante las 50 mil personas que el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, comenzó a juntar. Metódico, el neuquino anota en una libreta cuántos micros aportará cada grupo.
Película
Ayer al atardecer, Parrilli les contó la película del 1 de marzo a dirigentes del conurbano sur que, rápidos para la contraoferta, le prometieron que arriarán a la Plaza de los Dos Congresos una oleada de fanáticos. Necesitarán, claro, alguna asistencia, sobre todo financiera.
El miércoles, el «cabo» Parrillihabía recitadoel libreto frente a los intendentes de la Primera y la Tercera Sección, club que tiene como pivotes a Julio Pereyra y a Alberto Descalzo, y el padrinazgo -es, en definitiva, el maestro de muchos alcaldesde Hugo Curto.
La historia es así: Kirchner quiere repetir, con tono de despedida, la ceremonia del 25 de mayo de 2003, cuando tras recibir el mando de Eduardo Duhalde, se lanzó a caminar, esquivando custodios, entre los militantes y curiosos que siguieron desde afuera su jura.
Este intento es a todo o nada: en 2004, 2005 y 2006, el patagónico pidió que su mensaje al Congreso sea respaldado, desde la calle, por populosas columnas. Año a año, Alberto Fernández, Luis D'Elía y los barones del conurbano fracasaron en esa aventura.
Ahora, como hizo el 25 de mayo pasado, le encomendó a Parrilli que se encargue de convocar y pedir que, obediente, cada jefe territorial traiga su puñado de aplaudidores. Pero, además, les pidió a los enemigos de esos jefes que aporten, por su cuenta, tropa propia.
En rigor, primero recibió a los intendentes mientras ayer tomó café con los piqueteros y los «sin techo», dirigentes sin base territorial que desafían a los intendentes del peronismo. Un barrido dual que, en teoría, le permitirá colectar con las dos manos.
Proliferación
Pero marzo podría ser un mes prolífico en shows K. Además de la concentración del 1 en el Congreso, en el kirchnerismo analizan alguna actividad para el 11 -fecha del triunfo de «el Tío», Héctor Cámpora, en 1973- y hasta un megaacto para el 24, por el golpe de 1976.
Todavía en proceso de ablande, la idea es «copar» la Plaza cuando se cumplan 31 años del «putch» que derrumbó al gobierno de «Isabel» Perón. En marzo pasado,la Plaza se partió entre organismos K y otros anti, y hasta hubo trompadas entre grupos rivales.
Con los expedientes de la Triple A abiertos y la mira sobre «Isabel», el gobierno no quiere ceder el homenaje ni, mucho menos, el sitio histórico del recuerdo. Es una temporada electoral y todo se tiñe de oficialismo y oposición. Es obvio lo que quiere Kirchner.
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