Desde que se anunció, había escepticismo sobre los términos de un acuerdo Kirchner-Tabaré para superar la crisis por la construcción de dos papeleras sobre la margen oriental del río Uruguay. Cuando chocan principios con intereses, cuando los protagonistas son muchos y muy diversos, cualquier entendimiento se complica. Lo demostró la expresión del mandatario uruguayo en Bolivia, cuando minimizó la fuerza de la conversación que mantuvo con Kirchner en Santiago de Chile el sábado. No es un acuerdo, dice ahora, sino un pedido a las empresas de que posterguen por un tiempo la construcción hasta encontrar un árbitro ecológico. Es esperable que el compromiso lo minimice Tabaré si ha pagado un altísimo costo político interno ante la oposición a su gobierno y con los propios adherentes por aparecer acordando. Más cuando pasadas 72 horas del anuncio los ambientalistas de Entre Ríos no han levantado el corte de los puentes que unen a los dos países y dicen que lo harán sólo si les aseguran que no habrá papeleras, es decir, si les dan la razón total en esta puja a la que los gobiernos no le encuentran una salida.
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