30 de marzo 2005 - 00:00

Advirtió Bush a Kirchner por el peligro de Chávez

George W. Bush complació ayer los desvelos de Néstor Kirchner de tener un contacto por teléfono para remontar la alicaía agenda internacional del gobierno de Buenos Aires. Diez minutos bastaron para recuperar por lo menos el ánimo.
George W. Bush complació ayer los desvelos de Néstor Kirchner de tener un contacto por teléfono para remontar la alicaía agenda internacional del gobierno de Buenos Aires. Diez minutos bastaron para recuperar por lo menos el ánimo.
"Usted sabe que los banqueros son gente muy difícil. Usted y yo no nos llevamos muy bien con los banqueros, pero nosotros los vamos a ayudar." Esta es la frase que repetía ayer Néstor Kirchner como la más valiosa del diálogo que mantuvo durante media hora con George W. Bush, un contacto que se quiso difundir desde la Casa de Gobierno como espontáneo, pero que fue cuidadosamente negociado durante varias semanas.

Kirchner
tenía razones para agrandar el festejo: logró poner su nombre en una agenda internacional que no lo tenía ayer de protagonista. Todas las miradas estaban centradas en Puerto Ordaz -sede de la cumbre Chávez-Lula-Uribe-Zapatero-, sonó el teléfono y le habló Bush. Había fructificado un largo coqueteo entre Buenos Aires y Washington para ese contacto que tuvo un tema dominante: la situación política en Bolivia y la amenaza que para el continente representa esa mezcla de extravagancia y billetera que se llama Hugo Chávez.

Lo demás fue accesorio, pero también sirvió para que todo fuera festejo: Bush confirmó que en noviembre estará en Mar del Plata para asistir a la cumbre de presidentes, agradeció la tarea de las tropas argentinas en Haití y hasta festejaron los índices de aceptación de sus respectivas esposas.

• Logro

La conversación se desarrolló durante media hora entre las 9.05 las y 9.35 de ayer, es decir, un lapso de apenas diez minutos si se descuenta el tiempo de la traducción y de los saludos. Kirchner sabía desde la noche del lunes que lo llamarían de Washington porque hubo una aproximación entre las secretarías privadas. La llamada, sin embargo, fue administrada desde la Embajada de los Estados Unidos por el principal gestor del contacto, el segundo de esa legación, Hugo Llorens, un cubano-americano que trabajó en la Casa Blanca y sabe cómo lograr esas cosas.

Esos diez minutos de conversación fueron anotados por Kirchner como el primer logro en política exterior de un año que no le ha ahorrado disgustos:

La principal preocupación de Bush fue la situación en Bolivia y para el gobierno argentino fue el verdadero motivo del llamado. Agradeció el esfuerzo de Buenos Aires en sostener al gobierno de Carlos Mesa luego de que el propio Kirchner tuviera un conflicto por mostrarse demasiado cerca de Evo Morales. Todo eso ya Bush lo olvidó y destacó en el llamado que lo que hacía el gobierno argentino en ese país era muy importante para sostenerlo a Mesa en el cargo.

La segunda cuestión fue la situación en Venezuela: Bush le dijo que su gobierno estaba cada día más preocupado por las actitudes de un gobierno que -dijo el presidente de los EE.UU.- cercena las libertades públicas, limita el derecho a la propiedad y ahora está armando tropas paramilitares. Kirchner le respondió: lo hablamos ya en Monterrey, soy un presidente de profundas convicciones democráticas y no voy a acompañar ningún cambio antidemocrático que haya en Venezuela o en cualquier otro país. No pareció satisfecho Bush con esa respuesta, y Kirchner se ofreció: creo que hay que seguir dialogando con el presidente Chávez. Yo lo voy a seguir haciendo y creo que puedo hacer un esfuerzo que va a rendir frutos.

• Después vino
el agradecimientopor el envío de tropasa Haití. Washington ha reconocido en ese gesto de Buenos Aires una prueba de buena fe hacia la administración Bush. Este repitió las mismas palabras de Donald Rumsfeld hace una semana a José Pampuro: sabemos que el gobierno Kirchner hizo votar en el Congreso el envío de tropas a ese país pese a que la opinión pública estaba en contra.

• Lo demás fueros fuegos artificiales, como el arranque de la charla, cuando Bush dijo algo que el gobierno contaba con fruición como para que lo escuchase
Eduardo Duhalde: «He visto que su esposa tiene mucha popularidad en las encuestas», le dice Bush. Kirchner le agradece el comentario y escucha algo que no lo convenció mucho: «Tengo el mismo problema. Mi mujer tiene mejor imagen que yo, lo felicito».

• Sobre la cumbre de presidentes, Bush prometió no faltar a la cita de noviembre en Mar del Plata: «Me han hablado muy bien de su país», le dijo. Para esa cumbre el gobierno de Washington ya ha contratado todo un hotel (el Sheraton), pero duda de alojarlo allí a Bush, o hacerlo dormir durante esa cumbre en un portaaviones. Igual, el hombre de la Casa Blanca ya aseguró que vendrá al país.

• Ironía

El final de la charla fueron los saludos del mandatario de los Estados Unidos sobre la marcha de la economía. La ironía sobre los banqueros la entendía anoche Kirchner como una muestra de apoyo en un momento delicado: un día antes Brasil había sido premiada por los elogios a la gestión Lula en economía, pocas horas más tarde se definía en el juzgado de Griesa el destino del canje; a mediados de abril el FMI prevé una reunión para tratar el caso argentino.

Cuando comentó la charla con sus ministros, Kirchner unió ese contexto a las palabras de
John Snow a Roberto Lavagna hace diez díaz en Washington sobre un eventual apoyo a los esfuerzos de la Argentina en el organismo y a la venida de inversiones de los E E . U U

. Bush, contaba Kirchner a sus íntimos, le dijo que si el país mantenía el ritmo actual de crecimiento, los capitales privados vendrían al país.

Esa pasión que tienen los peronistas por el posicionamiento y la lectura de las entrelíneas alimentaba en el corazón de los funcionarios del gobierno la importancia de este llamado de unos módicos 10 minutos.

Tanto que dedicaron el restode la jornada a analizar las razones de por qué justo ayer Bush había respondido a los afanes de Kirchner por tener el contacto. Nada desvela más a su administración que
la buena relación con Washington y a muchos se les hacía poco creíble la justificación del llamado con que Bush comenzó la charla: «Hola, como estás, hace mucho que no hablamos».

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