Advirtió Bush a Kirchner por el peligro de Chávez
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George W. Bush complació ayer los desvelos de Néstor Kirchner de tener un contacto por teléfono para remontar la alicaía agenda internacional del gobierno de Buenos Aires. Diez minutos bastaron para recuperar por lo menos el ánimo.
Kirchner tenía razones para agrandar el festejo: logró poner su nombre en una agenda internacional que no lo tenía ayer de protagonista. Todas las miradas estaban centradas en Puerto Ordaz -sede de la cumbre Chávez-Lula-Uribe-Zapatero-, sonó el teléfono y le habló Bush. Había fructificado un largo coqueteo entre Buenos Aires y Washington para ese contacto que tuvo un tema dominante: la situación política en Bolivia y la amenaza que para el continente representa esa mezcla de extravagancia y billetera que se llama Hugo Chávez.
• Logro
• Después vino el agradecimientopor el envío de tropasa Haití. Washington ha reconocido en ese gesto de Buenos Aires una prueba de buena fe hacia la administración Bush. Este repitió las mismas palabras de Donald Rumsfeld hace una semana a José Pampuro: sabemos que el gobierno Kirchner hizo votar en el Congreso el envío de tropas a ese país pese a que la opinión pública estaba en contra.
• Lo demás fueros fuegos artificiales, como el arranque de la charla, cuando Bush dijo algo que el gobierno contaba con fruición como para que lo escuchase Eduardo Duhalde: «He visto que su esposa tiene mucha popularidad en las encuestas», le dice Bush. Kirchner le agradece el comentario y escucha algo que no lo convenció mucho: «Tengo el mismo problema. Mi mujer tiene mejor imagen que yo, lo felicito».
• Sobre la cumbre de presidentes, Bush prometió no faltar a la cita de noviembre en Mar del Plata: «Me han hablado muy bien de su país», le dijo. Para esa cumbre el gobierno de Washington ya ha contratado todo un hotel (el Sheraton), pero duda de alojarlo allí a Bush, o hacerlo dormir durante esa cumbre en un portaaviones. Igual, el hombre de la Casa Blanca ya aseguró que vendrá al país.
• Ironía
El final de la charla fueron los saludos del mandatario de los Estados Unidos sobre la marcha de la economía. La ironía sobre los banqueros la entendía anoche Kirchner como una muestra de apoyo en un momento delicado: un día antes Brasil había sido premiada por los elogios a la gestión Lula en economía, pocas horas más tarde se definía en el juzgado de Griesa el destino del canje; a mediados de abril el FMI prevé una reunión para tratar el caso argentino.
Cuando comentó la charla con sus ministros, Kirchner unió ese contexto a las palabras de John Snow a Roberto Lavagna hace diez díaz en Washington sobre un eventual apoyo a los esfuerzos de la Argentina en el organismo y a la venida de inversiones de los E E . U U
. Bush, contaba Kirchner a sus íntimos, le dijo que si el país mantenía el ritmo actual de crecimiento, los capitales privados vendrían al país.
Esa pasión que tienen los peronistas por el posicionamiento y la lectura de las entrelíneas alimentaba en el corazón de los funcionarios del gobierno la importancia de este llamado de unos módicos 10 minutos.
Tanto que dedicaron el restode la jornada a analizar las razones de por qué justo ayer Bush había respondido a los afanes de Kirchner por tener el contacto. Nada desvela más a su administración que la buena relación con Washington y a muchos se les hacía poco creíble la justificación del llamado con que Bush comenzó la charla: «Hola, como estás, hace mucho que no hablamos».


