10 de mayo 2007 - 00:00

Agenda presidencial variada que sólo miró hacia el Sur

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
«Es un apriete político.» Podrían haber sospechado lo peor los dirigentes agropecuarios: que la frase les estaba dirigida y que hacía peligrar su frágil tregua con el gobierno. Pero no: Néstor Kirchner no se refería a las medidas del campo, sino a la crisis indomable de Santa Cruz.

No hay dudas: aunque la agenda se detenga en obras para el conurbano o en una solución para un asunto hipersensible como el precio de la carne -y los riesgos de desabastecimiento, Kirchner opera en una sola frecuencia, la que tiene encendida su propia provincia.

Lo demuestra el hecho de que, ayer, demoró más de una hora la audiencia con el intendente Raúl Othacehé y por la noche, cuando firmó el acuerdo con las entidades rurales, no pudo evitar unas palabras de reproche y enojo contra los dirigentes estatales santacruceños.

  • Efecto residual  

  • Hace tiempo, desde la movilización masiva que encabezó el obispo Juan Carlos Romanín, que Kirchner no pierde de vista cada temblor, por ínfimo que sea, que ocurre en su dominio. Desde entonces, la crisis se agudizó y, por tanto, el Presidente se entrometió más.

    Es un efecto residual, agravado, por la presión que volcó sobre Sergio Acevedo y derivó en la salida anticipada de su ex socio. Desde entonces, con Carlos Sancho como gobernador en funciones, pero con la gestión con control dual de Bontempo y Varizat, todo fue costo para Kirchner.

    Ayer, desde temprano, sin tregua por el eterno conflicto en Río Gallegos, en una escalada que parece no calmarse nunca, el Presidente hace un permanente seguimiento. Además, como cada miércoles, se repetía la marcha de los municipales, de la que participó el intendente local, Héctor Roquel.

    Aníbal Fernández estuvo todo el día on line con Río Gallegos, desde donde el comandante de Gendarmería, Héctor Schenone, le informó minuto a minuto lo que ocurría. También el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, estuvo abocado al conflicto en la provincia presidencial.

    Los incidentes en esa movilización -los segundos en 48 horas, computando la protesta frente al domicilio particular del Presidente, que terminó con heridos que, según Aníbal Fernández, se «autohirieron»- dispararon la tensión en toda la primera plana del gobierno.

    El momento más sensible del día fue cuando trascendió en distintos medios que un manifestante había resultado herido por un disparo de arma de fuego. Más tarde, tanto el gobierno de Santa Cruz como el Ministerio del Interior desmintieron esa versión.

  • Pedido

    Con ese trasfondo, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, le pidió al gremio docente que acate la conciliación obligatoria que dictó el lunes y que, en teoría, debería haber entrado en vigencia desde el martes, pero fue rechazada por los sindicalistas.

    El conflicto, en tanto, se mudó también al Congreso, donde la oposición intentó aprobar una resolución para repudiar la «agresión» a los docentes que el lunes a la noche protestaron frente al domicilio de Kirchner. El oficialismo impidió que eso ocurra.

    En el tumulto, la Casa Rosada retrucó por intermedio de Luis Farinello, quien cuestionó a Romanín. «Llama la atención la comprometida intervención de la Iglesia en este caso, cuando en épocas dramáticas, de dictadura o de políticas neoliberales empobrecedoras, se llamaba a un profundo silencio», dijo. Sin embargo, también cuestionó la denuncia de Varizat, quien acusó al párroco de Las Heras, Luis Bicego, de esconder «armas» en su iglesia.
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