Agenda presidencial variada que sólo miró hacia el Sur
-
Las reacciones de Adorni al fallo de la Justicia por el viaje de su esposa en el avión presidencial
-
El Gobierno aceleró las designaciones judiciales y envió 30 nuevos pliegos al Senado
Néstor Kirchner
Ayer, desde temprano, sin tregua por el eterno conflicto en Río Gallegos, en una escalada que parece no calmarse nunca, el Presidente hace un permanente seguimiento. Además, como cada miércoles, se repetía la marcha de los municipales, de la que participó el intendente local, Héctor Roquel.
Aníbal Fernández estuvo todo el día on line con Río Gallegos, desde donde el comandante de Gendarmería, Héctor Schenone, le informó minuto a minuto lo que ocurría. También el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, estuvo abocado al conflicto en la provincia presidencial.
Los incidentes en esa movilización -los segundos en 48 horas, computando la protesta frente al domicilio particular del Presidente, que terminó con heridos que, según Aníbal Fernández, se «autohirieron»- dispararon la tensión en toda la primera plana del gobierno.
El momento más sensible del día fue cuando trascendió en distintos medios que un manifestante había resultado herido por un disparo de arma de fuego. Más tarde, tanto el gobierno de Santa Cruz como el Ministerio del Interior desmintieron esa versión.
Con ese trasfondo, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, le pidió al gremio docente que acate la conciliación obligatoria que dictó el lunes y que, en teoría, debería haber entrado en vigencia desde el martes, pero fue rechazada por los sindicalistas.
El conflicto, en tanto, se mudó también al Congreso, donde la oposición intentó aprobar una resolución para repudiar la «agresión» a los docentes que el lunes a la noche protestaron frente al domicilio de Kirchner. El oficialismo impidió que eso ocurra.
En el tumulto, la Casa Rosada retrucó por intermedio de Luis Farinello, quien cuestionó a Romanín. «Llama la atención la comprometida intervención de la Iglesia en este caso, cuando en épocas dramáticas, de dictadura o de políticas neoliberales empobrecedoras, se llamaba a un profundo silencio», dijo. Sin embargo, también cuestionó la denuncia de Varizat, quien acusó al párroco de Las Heras, Luis Bicego, de esconder «armas» en su iglesia.




Dejá tu comentario