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14 de noviembre 2008 - 00:00

Ahora Ocaña quiere frenar a Moyano

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Graciela Ocaña
El nuevo titular de la Superintendencia de Servicios de Salud, Juan Rinaldi, asumirá hoy su cargo, tras la publicación veloz, ayer, de su nombramiento en reemplazo del polémico Héctor Capaccioli, desplazado del gobierno el miércoles. La designación de ese abogado del gremio de Hugo Moyano venía definiéndose hace al menos una semana, cuando Graciela Ocaña comenzó a tener la certeza de que finalmente se le pediría la renuncia al funcionario saliente, con quien ni siquiera se hablaba desde hacía meses a pesar de conducir un organismo en la órbita del Ministerio de Salud.

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Rinaldi manejará ahora las relaciones con las obras sociales sindicales y deja vacía la silla de un organismo clave para los gremios como es la Administración de Programas Especiales, cuyo presupuesto atiende los tratamientos médicos de largo plazo y la cobertura de enfermedades graves y costosas.

Por ahora Ocaña no piensa en la unificación de las dos oficinas -superintendencia y APE-en el corto plazo, pero es el moyanismo el que no sólo piensa, sino que ya lo ha pedido, en conservar la titularidad de la administradora. Sabe la ministra que el gremialismo no resignaría ese lugar aunque Rinaldi se mude de oficina. Los dos institutos están en el organigrama del Ministerio de Salud pero funcionan en forma descentralizada y con autarquía financiera. La idea de una unificación de esos fondos con los que cuentan para subsidiar a las obras sociales sindicales, parece lógico, pero Ocaña se tomaría su tiempo. Fundamentalmente habría un escollo para esa movida. Hace un tiempo, un informe de la oficina de la función pública consideró que sería incompatible que el organismo de control de las obras sociales de los sindicalistas -la Superintendencia- sea a la vez el organismo de reintegro a las prestadoras gremiales. Suena también lógica esa imposibilidad. Pero ningún informe dice que funcionarios ligados a los gremios, como Rinaldi y su reemplazante, tengan incompatibilidad para manejar un presupuesto del cual se hacen los reintegros de $ 940 millones y otra porción también millonaria del organismo de control, siendo que se trataría de dos entes independientes.

A Rinaldi se le atribuye mantener una relación en sintonía con Ocaña, quien lo encontró ya trabajando en el gobierno cuando ascendió a ministra en el gobierno de Cristina de Kirchner e incluso compartir con la funcionaria la necesidad de encarar un reordenamiento en la Superintendencia y un mayor control contable. Para eso la ministra ya hizo desembarcar, en una primera embestida contra el saliente Capaccioli, a gerentes de su aceptación.

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