Eduardo Duhalde, una pasión al servicio del Mercosur, se entrevistó ayer en la localidad boliviana de Santa Cruz de la Sierra con el presidente de ese país, Carlos Mesa.
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El objetivo del encuentro entre Duhalde y quien fue su recaudador de campaña en 1999 es volver a su cauce el vínculo entre Kirchner y el peronismo de la provincia de Buenos Aires. «Si hay que ir a una interna el año que viene, que se haga. Pero debe ser el año que viene; ¿cómo vamos a estar un año antes culpándonos de asesinatos como manera de resolver si Cristina es mejor que Chiche?», reflexionóanoche uno de los dirigentesdel peronismo bonaerense que sirvió de nexo al ex presidente con Fernández para preparar la entrevista de hoy.
La precipitación de ese encuentro no es la que aconseja la estética: hace diez días, se prefería postergar en el tiempo el reencuentro de Kirchner y su antecesor, de tal manera que esa cumbre no fuera vista como un síntoma de una crisis alarmante. Ahora, esa crisis alarmante se volvió inocultable. Luis D'Elía, el jefe piquetero a quien consagraron como dirigente oficialista tres ministros del Poder Ejecutivo, culpó a Duhalde de un asesinato y, además, tomó una comisaría de la que, según se informaba en la Justicia, desaparecieron las armas. Uno de los interlocutores más frecuentes de Fernández en estos días, llegó a esta conclusión inteligente: «En esos dos hechos está resumida una hoja de ruta que debemos advertir a tiempo; los piqueteros irán primero por Duhalde, pero después se lo comerán a Kirchner». Sólo cuando Juan Carlos Blumberg encabezó una manifestación de cientos de miles de personas el 1 de abril pasado el gobierno estuvo en un estado de estupefacción como el que lo dominó este fin de semana. La mejor manifestación de ese estado es el cono de silencio en el que ingresaron los ministros que habitualmente animan las radios amigas durante las mañanas.
La solución para salir de un atolladero en el que el gobierno quedó arrinconado por la estrategia autónoma de los piqueteros comenzó a imaginarse ayer en el despacho del jefe de Gabinete. Ahora se espera que el regreso de Duhalde permita un armisticio. Sobre todo, que sofoque las fiebres algo paranoicas que se manifiestan a uno y otro lado del Riachuelo. Así como D'Elía y el sector más inexperto del gobierno suponen que «algo raro hubo» en la muerte de «el Oso» Cisneros (en especial, porque el asesinato se produjo en el aniversario de las muertes de Kosteki y de Santillán), en el duhaldismo hay quienes creen que desde la Casa de Gobierno se utiliza a los «piqueteros» amigos para presionar a intendentes del conurbano y obligarlos a reprimir. En una tertulia de varios de esos alcaldes, ayer por la tarde, se comentó la acción de militantes ligados a D'Elía el viernes pasado en Avellaneda: «Trataban de enloquecer a ' Cacho' Alvarez (el intendente) para que terminara mandando a la Policía y repitiera lo que sucedió hace dos años, cuando obligaron a 'Negro' a dejar el poder antes de tiempo».
Duhalde regresó ayer de Bolivia y también hizo votos de silencio. Ordenó lo mismo a su entorno para preparar pacíficamente la entrevista de hoy.
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