Los incidentes del viernes a la noche y el sábado a la madrugada, en la Plaza de Mayo y frente al Congreso, volvieron a conmover a los argentinos. La manifestación que comenzó pacíficamente, compuesta por mujeres, jóvenes, familias -público no tradicional para las protestasgolpeando cacerolas, se transformó después en un hecho violento. Las imágenes de gente tapándose la cara con pañuelos ingresando al Congreso no tienen precedentes. La situación es muy sensible. Tanto es así que existe un informe de la Policía Federal que identifica a grupos como Teresa Rodríguez y Quebracho en la revuelta. Pero lo más grave es que existe preocupación en ámbitos oficiales y de seguridad por nuevos disturbios para esta noche por una convocatoria de algunos grupos para despedir el año en Plaza de Mayo. Hasta anoche, la orden del gobierno seguía siendo de no reprimir.
«Se detectó las presencia de activistas del grupo Teresa Rodríguez, Quebracho y grupos radicalizados de izquierda», reza el parte de inteligencia de la Policía Federal al secretario de Seguridad, Juan José Alvarez, a propósito de los desmanes reiterados en la Plaza de Mayo y en el Congreso el viernes por la noche. Y en el gobierno existe preocupación por una convocatoria de Quebracho a despedir el año en Plaza de Mayo hoy a la noche, donde seguramente estarán a quienes se los vieron por televisión robar el arma de un federal caído, pateado y apedreado. Por lo pronto la Policía Federal seguía anoche acuartelada, lo mismo que la Gendarmería.
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La orden del gobierno, como el viernes, sigue siendo la misma: «No reprimir». No se quiere repetir la experiencia que no sólo se llevó puesto al jefe policial Rubén Santos, sino al propio gobierno de Fernando de la Rúa hace apenas poco más de una semana -con estado de sitio incluido-, con la jueza María Servini de Cubría ordenando la libertad de quienes habían sido detenidos.
El flamante jefe de la Policía Federal en persona, comisario general Roberto Giacomino, dirigió las acciones de sus hombres desde la Casa de Gobierno, cuando en la madrugada del sábado las despreciables hordas de violentos amenazaban traspasar las rejas de Balcarce 50. « Usar metodología para dispersar», era la orden repetida por los «handy» una y otra vez por los jefes policiales, conteniendo a sus hombres, algunos enardecidos al ver cómo eran pateados, apedreados e incluso desarmados algunos de sus compañeros.
• Desaceleración
Sin embargo, los mayores interrogantes, aun sin explicación, fue el asalto al Congreso, traspasando una puerta de bronce de dos hojas, de seis metros de alto y veinte centímetros de ancho. ¿Quién la dejó destrabada, permitiendo el ingreso alevoso de quienes rompieron y quemaron todo lo que encontraron? Este episodio aun no terminó, Eduardo Camaño, y el jefe del bloque de Diputados del PJ, Humberto Roggero, desaceleraron a quienes pidieron la cabeza del ministro del Interior, Rodolfo Gabrielli, y la de Giacomino, además de buscar saldar algún conflicto interno con el pedido de renuncia de «Juanjo» Alvarez.
La otra pregunta es ¿por qué la Policía tardó tanto en intervenir en el Congreso, permitiendo por largos minutos los desmanes? Más aún cuando hay una comisaría en el Palacio Legislativo. Y el Departamento Central de la Federal, incluidos los bomberos y la Brigada de Explosivos, está a escasos trescientos metros.
Aun cuando no han vuelto a repetirse los saqueos indiscriminados hay muchos vecinos que han comenzado a advertir que son usados para ser infiltrados por violentos deliberados. Una cosa es no reprimir, y otra muy distinta es que el gobierno no actúe frente a quienes actúan vandálicamente desbordados.
• Rumores
Esto provoca actitudes psicóticas en quienes tienen, por misión, dar seguridad. ¿Cómo si no puede entenderse lo ocurrido con tres menores en Floresta, asesinados por un policía retirado? Cuando los efectivos de la Policía actúan profesionalmente en grupo, a órdenes superiores, no hay desbordes, y si los hay es porque han sido consentidos desde arriba. Lo contrario es lo que pudo verse el viernes a la noche en las veredas de la Plaza de Mayo, con efectivos policiales de uniforme contenidos a pesar de las provocaciones. El sereno de la estación de servicio que mató estaba solo.
A propósito de psicosis por los desmanes, puede computarse en favor de ella los rumores de bandas que venían a atacar los domicilios de la gente, lo que provocó que barrios enteros en el Gran Buenos Aires se armaran hasta con bazukas. Hay muchos diputados que temen ser baleados al ser identificados ingresando al Congreso. Es imprudente en estos días caminar en las cercanías del Congreso vestido de traje y corbata, porque lo pueden confundir con un diputado o senador. El jueves 20, mientras la Federal trataba, con gases lacrimógenos, de dispersar en el Congreso a los revoltosos reunidos en la cuadra que va, por Rivadavia, entre Riobamba y Ayacucho, hubo legisladores que debieron huir despavoridos cuando estas bandas comenzaron a correr tras ellos al grito de «hijos de puta, larguen la guita».
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