14 de agosto 2011 - 11:57

Alfonsín maniobró una inyección de ánimo para disimular el golpe

En el momento en que cerró el escrutinio, comenzaron los problemas para los radicales. Cuando caía la tarde, con algunos números en la mano, la diferencia con la presidente Cristina de Kirchner era, no solo irreversible, sino casi fulminante; abrió una profunda evaluación puertas adentro que culminó con el discurso "esperanzador" del candidato del partido de Ricardo Alfonsín para disimular el golpe electoral y aplacar el desánimo que se esparció.

La elevada cantidad de votos que recolectó la Presidente y la ínfima diferencia con Eduardo Duhalde por el segundo lugar, acentuaron el temblor interno de la UCR. Contrarreloj, los dirigentes bonaerenses corrieron detrás de las urnas y el recuento en ese distrito para evitar una fuga mayor de la que propinó el corte de boleta a favor del candidato de Unión Popular.

Fuentes del radicalismo bonaerense aseguraron a ámbito.com la tesis de la tijera y, además, deslizaron que con este magro resultado el partido "puede sufrir una crisis peor que la del 2007". En aquella elección, la alianza fue con el exministro de Economía, Roberto Lavagna, y desembocó en un débil tercer puesto detrás de Elisa Carrió. Aunque también se aseguraron de rechazar de plano la teoría "del mejor segundo" que impulsó Duhalde.

A medida que se aceraban datos al búnker instalado en el hotel NH City, crecía la incertidumbre. Era notoria la ausencia de dirigentes de la primera línea del partido y el desánimo que reinaba en la cara de algunos cuadros técnicos que se acercaron como Raúl Gámez, expresidente de Vélez.

La mesa chica del alfonsinimo salió a calmar las aguas y allanar el terreno para la declaración del candidato. Primero apareció el titular bonaerense del partido y amigo personal de Ricardo, Miguel Bazze. Admitió la victoria de Cristina de Kirchner pero relativizó el tropezón radical. Era muy temprano, aseguró, y necesitaban números.

Una hora después, habló el vicepresidente de la UCR, el chaqueño Miguel Ángel Rozas. Más duro, continuó la línea. Le bajo el tono a los números trascendidos y recalcó que se trataba "de una elección interna" y que la Presidente "fue la más votada dentro de su partido". Ni una palabra de la actuación radical.

Lo propio hizo después el diputado Ricardo Gil Lavedra. En declaraciones a ámbito.com, y al igual que sus correligionarios, lamentó la buena elección que realizó el exsocio Hermes Binner, no solo en el plano nacional, sino también, en la Ciudad de Buenos Aires. Los votos del candidato del Frente Amplio Progresista, eran del radicalismo y se transformaron, al mismo tiempo, en un castigo para el centenario partido por romper su alianza con aquél sector.

Minutos antes que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, entregue los primeros cómputos, comenzó el operativo "ánimo" en el búnker radical. Convocaron a los poco más de cien militantes a que se agrupen en el centro de la escena y, así, darle un poco de color al decaído escenario radical.

Con el camino allanado, Alfonsín aguardó que Cristina de Kirchner finalice su discurso, y saltó al escenario con una amplia sonrisa y gesto exultante. Felicitó a los militantes, a la Presidente por la elección, a su flamante socio, el diputado-empresario Francisco De Narváez y a los militantes del partido que entonaban distintos cánticos de campaña.

El candidato apeló a la metáfora del automovilismo y calificó a las primarias como una clasificación para "definir la grilla de largada para el 23 de octubre". Al igual que sus pares, esquivó la definición de derrota aunque llamó a "realizar ajustes y correcciones".

Para el final, aseguró que "la carrera comienza mañana (por hoy)", llamó a recolectar los votos de otros candidatos y vendió la ilusión de ingresar a una utópica segunda vuelta
. Pero no habló de derrota.

"Ahora arranca la campaña en serio. Estamos en la grilla de partida, la bandera se baja el 23 de octubre y nos va a encontrar en la segunda vuelta y ganando", sostuvo Alfonsín, quien desató la breve euforia de los pocos militantes que se acercaron.

Para el cierre, quedó la foto final con De Narváez que en pleno búnker de su aliado, tomó distancia y se encargó de hablar solo de la provincia de Buenos Aires.

Dejá tu comentario

Te puede interesar