Abrazo de Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, que observan Cristina Fernández y Rafael Bielsa. Fue ayer, cuando la delegación argentina ingresaba al Palacio Legislativo uruguayo para presenciar la asunción de Tabaré Vázquez.
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Si la primera dama no incursiona en su distrito natal, tampoco es seguro que el PJ quede representado por su antecesora en Olivos, Hilda González de Duhalde, Chiche. Si bien el marido de la diputada cree estar en condiciones de lanzarla nuevamente como nave insignia de su fuerza, Kirchner ha reiterado delante de mucha gente que «si quiere poner su apellido en la victoria que Duhalde pelee por la senaduría». La participación de Chiche, está claro, tiene que ver con esa «suscripción» del resultado. Por eso el propio ex mandatario ha dicho: «Bien pueden ir las dos, Cristina y Chiche, a las elecciones de este año». Misterioso, no quiso traducir. Lo que estaba planteando es que bien puede suceder que, si Aníbal Ibarra consigue realizar el plebiscito porteño y obtiene en él una victoria contundente, la Casa Rosada podría apostar a una gran campaña metropolitana con Cristina como emblema. No es lo que piensa Kirchner. Al menos por ahora.
Duhalde espera con cierta ansiedad el momento de encontrarse a solas con Kirchner. No pensaba que fuera ayer, aunque ambos se encontraron en Montevideo para saludar el ascenso de Tabaré Vázquez al poder (a propósito: ¿seguirá siendo Hernán Patiño Mayer el embajador, ahora que se fue Jorge Batlle?). Además, el Presidente cruzó el Plata en helicóptero, un vehículo ideal para no hablar con nadie (es la «moda Schiaffino» más cierta aprehensión política por los aviones, comprensible en estos días). Por lo tanto, mientras sigue el empate, esa candidatura vacante va probándose otros nombres.
La estadística no le juega del todo a favor a Aníbal. Otros miembros del gabinete también serán enviados a competir en el gran torneo de este año.
Horacio Rosatti irá a Santa Fe; Rafael Bielsa, a la Capital; Héctor Icazuriaga, a Santa Cruz (lo que desata una interna feroz por la jefatura de la SIDE, que tiene en vilo al propio Francisco Larcher, su segundo y mandamás), ¿por qué no Aníbal a Buenos Aires? preguntan los interesados en probarse esa cartera.
La opción de que la candidatura al Senado sea encarnada por un varón, como Fernández, abre otra incógnita relevante: ¿qué mujer lo acompañaría? En la penumbra sólo se insinúa una figura: Estela de Carlotto, por quien sí Kirchner pidió a Duhalde. Es cierto: estaban pensando en la lista de diputados.
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