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Mientras se promociona una ingenua carrera entre fiscales, políticos, una diputada, el ministro de Justicia, y otros más, por conseguir pruebas de corrupción en mi contra en relación al caso Oderbrecht y el llamado "lava jato", aparecen y son minimizadas todos los días pruebas que involucran a personajes de este gobierno o empresarios, socios o incluso familiares del presidente.
Mientras la diputada se presenta ante la justicia y los medios requiriendo a todo aquel que pueda aportar datos sobre actos de corrupción, nada dice si empezó por pedirle a Macri que hable con su familia o socios, o su secretario de Inteligencia, que concretamente (y como dicen testigos importantes de esos procesos) podrían darle algún dato, que no sea necesario lograr en una negociación comercial con empresas que a pesar de las sospechas siguen trabajando.
Mientras declaman sobre el gran número de denuncias que existen en mi contra, los distintos ministros y secretarios de estado del actual gobierno que se desempeñan en las mismas áreas que tuve bajo mi responsabilidad, suman en poco tiempo en su contra el mismo gran número de denuncias penales que se encuentran informadas en el mismo observatorio judicial de la Corte Suprema que contabiliza las que existen en mi contra en 12 años de gestión.
Por mi parte, mientras transcurre esa realidad, los cuestionamientos o revisiones judiciales de mis actos como ministro las enfrento en doce causas que se encuentran en trámite ante el fuero federal, en las que me he presentado y en las que ejerzo mi defensa de acuerdo con los derechos que la ley me acuerda.
Tal circunstancia desmiente no solo la propaganda de la existencia de cientos de causas en mi contra, sino también, que lejos estoy de recibir algún tipo de protección en contra de una persecución judicial, ya que la misma se encuentra totalmente vigente y de la cual soy objeto nada más y nada menos que en una docena de juicios.
Que a pesar de considerar falsas, excesivas, injustas o provenientes de operaciones políticas las imputaciones en mi contra, he observado una rigurosa e incuestionable conducta procesal: he concurrido puntualmente a todas las citaciones que recibiera, he formulado todas las explicaciones pertinentes con relación a cada uno de los procesos a los que fuera convocado, he presentado documentación y peticionado pruebas dirigidas a demostrar mi falta de relación con las presuntas irregularidades que se me han atribuido o que se investigan, he señalado la ausencia de pruebas directas que me vinculen con delitos y he reclamado pruebas dirigidas a demostrar la corrección de mi comportamiento.
Nunca he opuesto reparo alguno a las investigaciones en curso, a las que he acudido proporcionando informaciones y documentación útil para el esclarecimiento de los hechos; en consecuencia, nunca se me atribuyó acto alguno de elusión de los procedimientos judiciales ni propósito alguno de obstaculizar la justicia.
En ninguno de los procesos en los que he sido convocado se me atribuye haber recibido sobornos o pagos; ni se han presentado testigos de Argentina o de Brasil, o de cualquier otro país, que digan que recibí coimas.
Las cuatro causas en las que me encuentro en situación de procesado (no culpable), versan sobre comportamientos funcionales propios del desempeño del cargo de Ministro y, en general, sobre el conocimiento que pude o no haber tenido sobre la sospecha de comportamientos disfuncionales de otros funcionarios o en cuestiones relacionadas con decisiones políticas sobre temas complejos, que están lejos de haber sido completamente investigadas o aclaradas.
En todas esas casusas sólo recibo la única asistencia de mis abogados defensores, y en mi opinión (y así lo he reclamado siempre) en la mayoría de las causas han coincidido de modo sistemático en negarme la posibilidad de producir las pruebas que he pedido, o me las han denegado de modo inmotivado, o no han dado respuesta alguna a mis argumentos.
Ello demuestra que la protección que algunos afirman poseo es inexistente, es una falsa afirmación, una mentira. Por el contrario, existe desprotección por la violación constante, reiterada y sistemática de mis derechos de defensa, por lo que he denunciado cada vez que correspondía la violación reiterada de mi defensa en juicio.
Por lo demás, exijo el respeto que merece cualquier ciudadano que ha cumplido y cumple funciones en el gobierno del país, que respetuosamente enfrenta revisiones judiciales de sus actos a las que acude como corresponde y por eso exijo el respeto a mi derecho a defenderme, y mi derecho a ser juzgado por jueces que no se sientan amenazados ni presionados por el poder político ni que mis juicios sean utilizados en campaña electoral.
Soy peronista, la persecución y el hostigamiento son cuestiones que en mi partido se han debido soportar históricamente, muchos ejemplos más importantes que el mío lo demuestran. Espero estar a la altura de las circunstancias y soportar con el sustento de mis ideas los ataques que me dirijan. Yo no les temo, no piensen que vaya a claudicar. Sólo acentuarán en mí lo profundo de mis convicciones, mi voluntad militante y mi lealtad por la causa del pueblo argentino, que iniciaron Perón y Evita y continuaron Néstor y Cristina Kirchner.




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