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De fervorosa simpatizante del ex militar golpista, Hugo Chávez, presidente de Venezuela, pasó a la transición de negar cualquier sintonía política con el régimen chavista. Al menos eso es lo que deja claro ante quienes la visitan en el edificio Libertador. Explican que la Garré fue sólo una representante diplomática del gobierno ante Venezuela y que eso no significa más que sostener los intereses del país como lo haría cualquier mortal.
No es que se abomine de Chávez en las fuerzas -el general Bendini es el más proclive al pensamiento bolivariano-, sino que el pasado golpista del venezolano genera incómodas nostalgias que nadie quiere repetir.
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