El Gobierno porteño dispondrá de $ 1.900.000 para que la jueza María Servini de Cubría pueda realizar los nuevos padrones porteños donde 15 comunas reemplazarán a las actuales circunscripciones electorales.
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En unos 20 días, la dirección electoral de la Ciudad, que está a cargo de Darío Ruiz, tendría redactado un convenio de colaboración en ese sentido, tal como lo pidió recientemente la magistrada.
Parece ser ésa una señal importante de Telerman, que quiere que el año que viene se elijan por primera vez las 15 juntas comunales de 7 miembros, una tentación para caciques barriales y partidos en general.
Sin embargo, la tarea no es sencilla. Servini no sólo debe confeccionar el listado de los vecinos de cada comuna, sino que debe actualizar nombres de calles y hasta podría tener que dirimir sobre errores cometidos por los legisladores porteños, quienes diseñaron un mapa de comunas desprolijo y en ocasiones desequilibrado. Por ejemplo, omitieron incluir -como si no fuera parte del distrito- la zona portuaria y parte de la Costanera Sur, pero además hay 130 mil personas, aproximadamente, que viven en villas, las cuales no siempre tienen número de casas y ni siquiera calles.
División
Pero a eso se agrega que en el diseño habrían partido la villa 31 de Retiro en lo que sería la prolongación de la calle Montevideo, dejando a esa población en dos comunas. Otras situaciones sobrevienen de vecinos que si bien viven en la misma calle, al haber sido empadronados en épocas diferentes, varía el nombre de su domicilio. El caso más común es con la ex Cangallo, que figuraasí en documentos de algunos porteños y en otros como Juan Domingo Perón o sólo Perón. Se agrega que los legisladores han cambiado nombres de calles en los últimos años, datos que pidió Servini le aceleren la entrega, cuando envió una nota al jefe de Gobierno planteando su situación. Además, la jueza indicó que a partir de abril se dedicará exclusivamente a preparar la elección nacional y remarcó que por eso, «antes» de ese mes quiere hacer los deberes para los porteños.
Así, si Servini resuelve esa complejidad, para lo cual exigió como poco seis meses de trabajo y colaboración económica y humana, ese nuevo padrón electoral queda para la aprobación del Ministerio del Interior, es decir, de Aníbal Fernández.
Lo cierto es que el nuevo padrón deberá usarse para la elección a Presidente también, en la Capital Federal y para siempre una vez que se confeccione, lo que no quiere decir, necesariamente, que porque esté resuelto el listado efectivamente se realice la elección de comuneros en la Ciudad.
Irrupción
En ese sentido, en la anticipada pretemporada electoral porteña, salió ayer a pelear por fecha de urnas el secretario general del Gobierno de la Ciudad, Raúl Fernández.
Casi como eco de lo que piensan hoy en el entorno del jefe de Gobierno, el funcionario defendió que la votación nacional a presidente, senadores y diputados nacionales se realice en forma separada de la elección local a jefe de Gobierno y legisladores porteños (es decir, que se mantenga la ley como está y no se cambie como quiere el kirchnerismo).
Fernández -ex ladero de Aníbal Ibarra- es ahora titular de una agrupación, resabio del ibarrismo, Encuentro Progresista e incursiona en las comunas. Dijo en realidad lo que busca la mayoría de los legisladores y partidos de la Ciudad: que se elijan las juntas que comandarán esas alcaldías cuanto antes. En ese punto quizá no concuerden todos en el gobierno local.
Telerman ha avanzado en ese sentido: cambiará -tal como anticipó este diario- la distribución de los Centros de Gestión y Participación -que son 16- para adecuar el domicilio de sus sedes al nuevo mapa que divide a la Ciudad en 15 comunas. A la vez, por estas horas, se cierra la puja por ocupar las titularidades de los nuevos centros. Pero algunos creen que en una eventual compulsa que pueda repetir lo que sucedió en 2003, no es conveniente la elección de comuneros. Ese año, Mauricio Macri ganó en primera vuelta y en el ballottage se impuso Ibarra. Si se repitiera esa situación en un cuarto oscuro donde prime el «arrastre», Macri -en ese caso imaginario- retendría la mayoría de las juntas comunales, que luego convivirían con un jefe porteño de otro color.
Algo así imaginó Ibarra, quien nunca impulsó seriamente la descentralización, en parte jaqueado por aquel «que se vayan todos» que hacía poco presentable la creación de más de un centenar de cargos políticos electivos nuevos.
Ahora será finalmente Aníbal Fernández quien tenga la última palabra.
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