10 de abril 2007 - 00:00

¿Argentinización o el señor Eronat?

Julio De Vido
Julio De Vido
Los informes ya circulan por varios despachos oficiales, inclusive en el del propio ministro Julio De Vido: nadie podrá alegar ignorancia. Además, los datos son de mediana divulgación pública (se puede consultar Internet). Tratan sobre Friedhelm Eronat, un ciudadano repentinamente británico, millonario que vive en una mansión de Chelsea, poco escrupuloso en sus negocios de petróleo radicados en lugares de cuestionable prestigio como Sudán y Kazakhstan, ahora interesado en extenderse en Ecuador, Colombia y, especialmente, la Argentina. Una gema para la corona.

Desde que el gobierno impulsóuna nueva etapa de « argentinización» de empresas extranjeras -lo que se dio en llamar el advenimiento de la «burguesía nacional»-, aparecieron nombres empresarios de la guía local poco conocidos o de relativa substancia económica. A la plausible iniciativa oficial, en algunos casos le imputaron favoritismos -seguramente desde los núcleos desplazados-y otros rasgos de arbitrariedad: así igualmente se consumaron negocios en sectores diversos como electricidad, agua, comunicaciones, transporte, construcciones, gas, peajes, etcétera. Hasta allí lo conocido, aunque justo es admitir que los nuevos jugadores guardan bajo perfil, como suele ocurrir con casi toda la gente del interior que avanza sobre la Capital.

Algunas de estas operaciones crecieron en volumen, hubo fideicomisos y se forjaron joint ventures entre socios argentinos y compañías extranjeras, en general conocidas. Y así como unos parten, otros ingresan. Algo semejante parecía ocurrir en petróleo, con flamantes y neófitos emprendedores del medio autóctono, cubiertos por capitales de otras partes. Nada que ver con la «argentinización», obvio. Se concedieron entonces, hasta casi con suspicacia, áreas en provincias a verdaderas pymes con miles de dólares de capital, pero que anuncian compromisos en millones de dólares, sin saber quién se los aportará, cuáles serán los socios, en algunos casos con planes de inversiones que a simple vista resultan obscenos. Sorprendió, en algunos casos, que las adjudicaciones no contemplaran ese futuro destino, tal vez por la exagerada prisa en concretarlas. Tampoco el gobierno pareció advertir que ese desarrollo incipiente, de nacionalizador no tiene nada.

Sucede que por la magnitud global del negocio petrolero, los capitales imprescindibles y las características presuntas de la «argentinización», la mayoría de los grupos locales no está en condiciones de asumir compromisos serios. De ahí que aterrizara Eronat en el país, comprensible visita pues la pista está abierta. Viene con currículum, este «big oil» de la intermediación petrolera, en Africa y Asia central, y a caballo de influyentes locales que -se supone-le consiguen licitaciones, adjudicaciones y apretones de manos con ingenuos altos funcionarios. Pues, se estima, muchos miran la cuenta bancaria (estimada en el caso de Eronat en 200 millones de libras) más que la trayectoria: finalmente, es un petrolero, gente astuta, implacable, desprejuiciada. De ahí que poco importe que el personaje haya sido acusado en los Estados Unidos (la SEC de Nueva York) por haber actuado como pantalla para entrar en un enorme yacimiento en Kazakhstan, investigación que culminó con varios ejecutivos presos mientras él habría zafado tras un acuerdo con la Justicia. Allí mudó su ciudadanía norteamericana por la británica. Un poco más, un poco menos, historia semejante a la de otros petroleros de cualquier origen.

El cambio de nacionalidad, sin embargo, dispone de otra explicación: se asegura que el magnate requirió el pasaporte británico -obtenido en tiempo récord, casi como Al Kassar en épocas de Carlos Menem-para poder comprar concesiones en la exploración de petróleo en Sudán, más exactamente en Darfur. No podía hacerlo como ciudadano norteamericano: allí la ley impide hacer tratos con gobiernos que violan los derechos humanos. Algo así como lo que James Carter le quiso aplicar al gobierno de la Junta Militar en los años 70.

  • Matanzas

    Y, como las autoridades de la vieja Albion son más permisivos, Eronat se instaló en Chelsea para recibir a sus nuevos amigos argentinos y a su viejo amigo libanés, Eli Calil, acusado de involucrarse en un golpe de Estado en Guinea Ecuatoriana junto al hijo de Margaret Thatcher. Y poco les importa, en apariencia, las matanzas en Darfur donde compañías asociadas obtuvieron un contrato de 25 años para la explotación petrolera luego de un golpe de Estado que devino en una matanza indiscriminada y convirtió a Sudán en uno de los imperios del terror. Este punto, se supone, no debe ser menor para la Administración Kirchner, reconocida internacionalmente como sensible a la defensa de la vida y a subirsea la denuncia contra todosaquellos que profanan los derechos humanos. Curioso, sin embargo, que en este gobierno nadie, todavía, se haya percatado de las andanzas de Eronat, hoy investigado por más de una ONG europea, a raíz de las masacres en Darfur.

    Hasta ahora, además de fichar en algunas provincias con sus socios locales, hizo un ofrecimiento por la compañía de Carlos Bulgheroni (ésta no sería, precisamente, una argentinización) y ahora le atribuyen interés en la compra de parte de Repsol YPF a través de socios locales, más preocupados por alzarse con un fee más que en participar en la empresa (comprensible: junto a Eronat aparecen los chinos de CNPC y, como se comenta en los mercados, el tema del « ritornello» es fundamental en esas operaciones). En el país, por ahora sólo dispuso de un abogado que habla inglés, ningún experto en petróleo y, cualquier problema, se lo derivan a John Reynolds en Londres, del estudio McDermott, Will y Emery.

    Seguramente, no debe ser esta «argentinización» la que soñó Kirchner, menos asociado a quien no logra hacer lagrimear la multitud de asesinados en Sudán.
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