5 de marzo 2008 - 00:00

Arguye Cristóbal López que no tiene para pagar u$s 40 millones por obra inconclusa

Preferido de Néstor Kirchner -admite que es el más trabajador de todos los empresarios que conoce-, Cristóbal López (el multiemprendedor sureño que monopoliza salas de juego como la de Palermo o parte de los dos barcos de Puerto Madero) está en aprietos financieros. Aunque no se crea: le debe 40 millones de dólares a Santa Fe por no concluir en término un hotel-casino a la entrada de la ciudad de Rosario. Catorce meses de atraso lleva su obra, se comprometió a pagar una multa diaria y, por los trascendidos, ya le demandó a Hermes Binner un pedido de prórroga y condonación. No responde el gobernador socialista; ¿esperará un llamado desde Puerto Madero?

El grupo que encabeza López (Casino Club), dueño de tragamonedas en todo el país, se asoció en su momento con los españoles de CIRSA (con los que comparte la explotación del barco-casino en la costanera porteña) y contrataron a la francesa Accor como operadora del hotel cinco estrellas de 190 cuartos más un centro de convenciones para 5.000 personas: el esqueleto se levanta en el cruce de la avenida Circunvalación y la autopista Buenos Aires-Rosario. El acuerdo Casino Club-CIRSA establece que, a cambio de la mitad de la concesión del casino de Puerto Madero, López cedía la mitad del de Rosario: curioso pacto que surgió, dicen, luego que los españoles fueron sorprendidos en una avioneta particular, cual Antonini Wilson, con jamones de obsequio y, dentro de ellos, fajos de euros. Los jamones, decían, eran para alegrar las fiestas de fin de año de algunos amigos; lo otro -bromeando por la fecha-sería para el aguinaldo. En su momento, pareció que el peso de la Justicia complicaría a los generosos visitantes detenidos, hasta entonces dueños absolutos del casino. Pero zafaron de ese cerco -seguramente disponen de grandes abogadosy, casi en simultáneo, entregaron 50% de sus acciones a López.

Desde entonces, comenzaron y se atascaron las obras del rosarino hotel y casino (que albergará unas 2.000 máquinas tragamonedas, ochenta mesas de ruleta y cincuenta de bingo); debía estar listo a mediados de este año, pero López ya le solicitó a Binner un perdón de no cumplimiento. Ni que fuera Dios para disponerlo: de ahí que, hasta ahora, guarde silencio.

Gracioso el empresario atrasado, invocó «trabas burocráticas e inclemencias del tiempo». Con eso, en apariencia, no se salva de la pena creciente estipulada por contrato. Esta emergencia de López, según mentas, proviene de otra emergencia: tendría problemas de liquidez porque derivó inversiones hacia otros sectores, como el petrolero, que tanto lo tienta (no olvidar que, en sus orígenes, participó de esa actividad). Nadie sabe aún la respuesta de Binner; se supone que su administración no es tan sensible con López como la del peronista Jorge Obeid (cuando se produjo la concesión). Pero como la cifra de multa alcanza una magnitud importante, pagarla tal vez supondría el fin del proyecto (aunque el juego, como se sabe, no tiene límites en materia de rentabilidad).

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