Mauricio Macri se siente con fuerzas para quebrar una profecía que parece instalada en la dirigencia: que gana en primera vuelta, pero que en la segunda lo tumbará una alianza objetiva de telermanistas y kirchneristas. Está obligado a negar ese escenario y cuenta con el diagnóstico preliminar que le hizo su asesor master en materia electoral, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, quien se instalará la semana que viene en Buenos Aires al frente del comando de campaña.
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Según este pollster, Macri tiene hoy 40% de intención de voto (contra 37% de la primera vuelta que obtuvo en la última elección contra Aníbal Ibarra) y ha bajado su principal adversario, la opinión negativa en el público porteño (50% en 2003). Con esos números, un ballottage contra Jorge Telerman (hoy en 25% de intención según Durán) lo obligaría a convencer de votarlo a él a 2 de cada 10 votantes. El actual jefe de Gobierno debería convencer a 8 de cada 10 sufragantes de segunda vuelta.
¿Ganó ya Macri en la mesa de arena? Ni se les ocurra admitirlo, aconseja el ecuatoriano y agita un nombre: Mario Vargas Llosa. En la elección peruana de 1990, el escritor tenía antes de la elección 44% de intención de votos y Alberto Fujimori integraba un pelotón de «varios» con 4%. Ganó Vargas la primera vuelta con 32% frente a 25% del «Chinito», que lo tumbó en el ballottage. Nunca presentarse como ganador, porque hay un sector del público que castiga a los engreídos y otro que abandona a quien cree ganará porque ya ganó y deposita su voto en algún candidato testimonial.
Durán integró el equipo que lo secundará en la campaña con nombres conocidos:su socio, también ecuatoriano, Santiago Nieto, el publicista Ernesto Savaglio, el encuestador Julio Aurelio, el experto en foros de opinión (en las unidades básicas les llaman «focus groups») Ricardo Zapata y el apoderado José Torello.
Hasta ahora no tienen oficinas y despachan en bares, confiterías y restoranes; se lo vio el viernes a Durán dándole clase a la lista de candidatos a legisladores que encabeza Horacio Rodríguez Larreta en el bar Tabac, sobre avenida Del Libertador, en mesa cercana a la que ocupaban Enrique Olivera y Patricia Bullrich (los contemplaban éstos con el gesto del pobre que ve contar dinero ante sus ojos).
En la cartilla que dejó anoche Durán antes de viajar a su país figuran otras consignas:
No nacionalizar las elecciones de la Capital Federal. Daniel Filmus buscará identificarse con la administración Kirchner y para eso va a tratar de arrastrarlo a Macri a discutir de temas nacionales para beneficiarse con el apoyo que el Presidente cuenta en un sector del público porteño. Macri tiene que cerrar los oídos y repetir que él ofrece el cambio -tras las administraciones que se sucedieron con la misma gente desde el triunfo de Fernando de la Rúa en 1996- y la gestión. Con esos dos lemas le basta para cerrar la lista de temas a discutir.
No responder a los ataques de sus adversarios, que tratarán de explotar las negatividades del perfil de Macri (el apellido, los negocios familiares, el peso de ser presidente de Boca Juniors, hasta cierta forma de hablar que rechaza una parte del público, la identificación con el centroderecha). Hay que reservar la fuerza para enfrentar campañas negativas, pero tampoco debe responderlas Macri, sino dejar ese trabajo para las segundas líneas.
En el comando macrista se paladean las pujas entre Jorge Telerman y Daniel Filmus a la espera de que redunden en una quiebra definitiva de relaciones. Ninguno de ellos termina de convencer, por lo menos a los dirigentes, de que exista algún acuerdo para unirse en algún punto de la campaña contra Macri. Pocos creen que la pelea Alberto Fernández-Telerman haya subido al despacho presidencial. El propio Kirchner desalienta a quienes le llevan carpetas sobre Telerman y deja en suspenso la pregunta sobre si la guerra es total. Esto lo especula también Elisa Carrió, que ha frenado un acuerdo con Telerman a la espera de alguna prueba de amor que la convenza de que no existe algún acuerdo Telerman-Filmus.
Acuerdo quiere decir trabajar para la primera vuelta, porque en la segunda las alianzas se hacen en la urna y fuera del dominio de los dirigentes. La ilusión del macrismo es que la violencia de la fractura Telerman-Filmus crezca más allá del punto de no retorno de manera de que en una segunda vuelta Telerman vs. Macri quienes votaron en la primera a Filmus directamente se abstengan de concurrir a votar. Es decir, promover un odio anti-Telerman en el padrón kirchnerista de tal dimensión que prefieran no votar a hacerlo tapándose la nariz por la reelección del actual jefe de Gobierno.
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