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28 de enero 2003 - 00:00

Aumenta la presión oficial para imponer a Béliz como senador

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No importaría si sólo fuera una opinión. Pero existe, como se sabe, un pacto en el tiempo -inclusive en la época que Béliz estaba íntimamente relacionado con el todavía preso banquero Francisco Truzzo-entre el decaído dirigente porteño y el caudillo bonaerense, hoy más acentuado por la necesidad presidencial de disponer fichas en el ámbito capitalino y, eventualmente, en el Senado. Menos mal que abandona la política, como lo prometió.



En términos judiciales, la reyerta Béliz-Bravo está en la Corte, con sus miembros impugnados, nuevas presentaciones y la designación de conjueces. Aun así, a pesar del suspenso y del desconocimiento futuro sobre este proceso, en las filas del gobierno (también en las de Béliz, obvio) brindan como si la senaduría ya les perteneciera, como si dispusieran de una bola iluminada y cabezona que les anticipó el resultado. Ellos sabrán, especialmente Miguel Angel Toma, uno de los hacedores del arreglo partidario en la Capital, a quien no le responden demasiados adherentes pero sí muchos empleados públicos (área Migraciones, por ejemplo) y otros que no están inscriptos mensualmente pero que actúan como si lo fueran.



Lo que no está claro aún es cómo se postergará a Bravo, ya que realmente sacó más votos que Béliz. Discusión que el duhaldismo convertirá en bizantina hasta convencer a los hombres que deben determinar desde la Justicia a favor de Béliz y producir, con Bravo, un episodio matemático que hará historia: para que el socialista no sea senador, los conjueces de la Corte le tendrán que restar parte de los votos que ganó legítimamente. Así se suma en el distrito bonaerense, ahora trasladado a la Capital.

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