El inédito, y evitable, conflicto entre el gobierno y el campo acumula pérdidas directas que se calculan ya en alrededor de u$s 10.000 millones, cifra que se incrementará en los próximos meses, y que en un porcentaje importante corresponde a los propios productores.
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Hubo también costos para los consumidores, vía mayores precios; para el país, que perdió inversiones, depósitos, exportaciones, producción y credibilidad.
Al gobierno no le fue mejor. Al contrario. El esfuerzo hasta ahora fue inmenso. Los costos económicos fueron mayores que lo que pensaba recaudar (u$s 2.000/ 2.500 millones extras), y las pérdidas políticas, aunque triunfara su postura, son en muchos casos irrecuperables.
Para el campo, sin embargo, el balance global ya es positivo.
El campo está vendiendo su producción de granos -exportables o no-, con impuestos a la exportación que oscilan entre 35% y cerca de 50%, según los días. Pero no es menos cierto que una parte importante de esta cosecha ya fue vendida. En el caso de la soja, por ejemplo, con las retenciones anteriores de 35%, y hasta con las de 27,5% que regían a fines del año pasado.
Los problemas del sector ya existían antes de esta crisis. Solo siguieron agudizándose. Pero mientras hasta marzo el campo estaba aislado, a partir de allí se fue consolidando frente a la sociedad urbana, donde hoy cuenta con un alto grado de adhesiónque, prácticamente, nunca se había registrado. La protesta agraria, su inédita firmeza y la tenacidad con que se ejerció desde el interior tampoco pudo ser quebrada por el gobierno, a pesar de los numerosos intentos. Por el contrario, el mantenimiento provocó la erosión política del oficialismo, que debió «gastar» recursos políticos para poder llegar hasta aquí. Casi no queda resto, pero lo más grave es que el interior se animó a desafiar al esquema hegemónico imperante y lo que iba a ser una derrota inmediata ya dura 4 meses. El interior se consolidó, mientras que el gobierno ya no aparece monolítico.
Se ganó en conocimiento, tanto de la producción agropecuaria, como del funcionamiento de la democracia y sus estamentos.
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