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23 de octubre 2003 - 00:00

Bielsa igual rendirá examen ante Washington por militares

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Todos estos temas tuvieron un tratamiento informal la semana pasada en Buenos Aires, a propósito de la llegada simultánea del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, y del embajador de los Estados Unidos ante la OEA, John Maisto. En México, Bielsa y Pampuro se verán con el secretario de Estado, Colin Powell, y con el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Del cuarteto, los únicos que se conocen personalmente son Powell y Bielsa. Por eso será el canciller quien deba dar las explicaciones por todos los entredichos ocurridos en los últimos tiempos. Sobre todo por la suspensión del Aguila III.

Sucede que fue Bielsa quien se comprometió delante del canciller de Bush a extender a las tropas norteamericanas una visa que las sustraiga de cualquier proceso judicial en la Argentina, es decir, un régimen de inmunidades plenas, como las que la Convención de Viena prevé para los diplomáticos. Como Kirchner se negó a cumplir con ese compromiso, los ejercicios debieron suspenderse. En rigor, las explicaciones de Bielsa deberán distribuirse entre los Estados Unidos y otros países como Chile, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia, cuyas fuerzas aéreas participarían también de las maniobras, y el comienzo estaba previsto para el próximo domingo. «Hay estupor frente a la actitud argentina»: no lo dijo Powell, lo dijo Bielsa, hablando por TV en un programa de cable.



En el caso de Chile, por ejemplo, la caída de Sánchez de Lozada es percibida como una amenaza a la seguridad en la frontera. El gobierno de Carlos Mesa y, sobre todo, el movimiento indigenista y «cocalero» que derribó al presidente anterior levantan entre sus banderas una en contra de Chile. Tanto, que la ministra de Defensa de Chile, Michelle Bachelet, debió aclarar que los movimientos de tropas que se registraron en el límite con Bolivia durante la semana pasada fueron de rutina. Pero al mismo tiempo esta funcionaria (candidata a presidente en su país) se comunicó discretamente con sus colegas de la región para reclamarles prevención. ¿Será por eso que hubo tanto movimiento de efectivos de Ejército y Gendarmería durante los últimos días en la zona lindera con Tarija, en Jujuy?

La experiencia boliviana servirá, sin embargo, para que Brasil y la Argentina fortalezcan sus criterios, enfrentados con los Estados Unidos, en cuestiones como el TIAR y Colombia. Con la participación del brasileño Marco Aurelio García y el argentino Eduardo Sgüiglia, enviados por sus cancillerías a La Paz el día de la caída del gobierno de «Goni» Sánchez de Lozada, Bielsa y Celso Amorim podrán ufanarse de una visión más aguda que la del Departamento de Estado respecto de Bolivia. En efecto, el gobierno de Bush se comprometió desde la primera hora con la permanencia del anterior presidente, casi tanto como se había involucrado en su carrera hacia el poder, cuando el embajador de Washington en el país era Manuel Rocha, conocido en la Argentina como encargado de Negocios de los Estados Unidos después de la gestión de James Cheek. Envueltos en la bandera del equilibrio y del conocimiento del terreno, Bielsa, Amorim y los representantes de Chile y Ecuador podrán avanzar como un bloque en otros temas.

Por ejemplo, en la necesidad de mantener el TIAR como una alianza defensiva sólo para agresiones militares. El TIAR fue suscrito por los países de la OEA en 1947 y fue puesto a prueba con resultado nulo cuando la Argentina fue víctima de un ataque inglés durante la Guerra de Malvinas. Con el ataque a las Torres Gemelas, este instituto fue de nuevo cuestionado. ¿Debe o no activarse un mecanismo de defensa internacional ante un ataque terrorista? ¿Cuál es la definición de «ataque terrorista»? ¿Incluye las acciones de una guerrilla local, como la colombiana? Frente a estos interrogantes, es posible que en México triunfe la postura del Cono Sur: restringir a ataques clásicos los mecanismos defensivos del TIAR, pero consignar que el terrorismo puede ser considerado como una fuerza beligerante, lo que permitiría, por vía de interpretación, alguna acción militar conjunta sobre Colombia en caso de que el poder institucional quede desbordado.

En el contexto que ofrece el caso colombiano, se discutirán en Chile algunos conceptos acuñados en otro conflicto, el que llevan adelante Estados Unidos y sus aliados en contra del régimen de Saddam Hussein: se hablará de «guerra preventiva» y de «diplomacia preventiva». Esta discusión semántica esconde otras derivaciones: si la alianza defensiva continental se extiende a desafíos extra militares, es posible que se pretenda al poco tiempo que las fuerzas armadas latinoamericanas queden transformadas en guardias nacionales con objetivos no bélicos, como el narcotráfico. En otras palabras, ¿hasta qué punto los objetivos de esas fuerzas, orientados hasta ahora a los problemas de defensa, no deben extenderse a cuestiones de seguridad?

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