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La conversación reabrió la posibilidad de que se establezcan vuelos a las islas con escala o salida desde la Argentina continental. Una hipótesis que se negoció largamente entre la cancillería argentina y el Foreign Office, pero que se frustró al salir a la luz hace seis meses, cuando este diario dio a conocer la novedad. Ahora que volvió a discutirse el tema, el gobierno argentino expuso que para el país se trata hasta de una cuestión de dignidad que si se van a multiplicar los vuelos hacia las islas haya por lo menos uno que parta desde territorio nacional continental. En noviembre, casi seguro, habrá otra reunión para aproximarse a esta posibilidad. Tal vez en el próximo verano se realice el primer vuelo. Nadie lo dice oficialmente, claro.
En la conversación entre Bielsa y Straw se repasó la agenda de las reuniones que quedan pendientes hasta fin de año. Una por pesca, otra de rutinaria «consulta política» y la más importante: un encuentro en el que intervendrá el secretario Jorge Taiana para definir la participación argentina en el Consejo de Seguridad de la ONU a partir de enero. Para la Cancillería, se trata de una cuestión mayor: aislado internacionalmente por la discusión de la deuda y de las inversiones en servicios públicos, Néstor Kirchner ve una posibilidad de corregir esa situación si el país ejerce a partir de enero la presidencia del Consejo, ya que ocupará la banca que le corresponde de manera rotativa.
La posición británica en el Fondo Monetario Internacional o la eventualidad de que el gobierno impulse exploraciones petroleras frente a la «zona de exclusión» vecina a las islas Malvinas no pasaron por la mesa de Bielsa y Straw. En cambio sí se habló de soberanía, como suele suceder: apelando a la repetición de la fórmula ortodoxa por la que cada gobierno insiste en los derechos argentinos y promete batallar por ellos en todos los foros. Del otro lado, la misma formalidad: una negativa elegante.
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