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5 de octubre 2005 - 00:00

Bielsa y Cristina, de noche, en discoteca

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Favio, el gran homenajeado de la noche, con los candidatos Claudio Morgado y Jorge Coscia, mientras el candidato principal, Rafael Bielsa, se entretenía con Torcuato Di Tella. Animada noche con artistas de postulantes oficialistas.

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«¿Dónde estás? ¿La Diosa? ¿Qué es eso? Esto se llama Divino, bueno, se llamaba, y la verdad no sé cómo decirte para llegar.» Por último, la gentil aspirante a legisladora Inés Urdapilleta le resolvió la llegada a Gloria López Lecube -tan despistada como otros invitados para el acceso a Puerto Madero- merced a las instrucciones de tránsito que le aportó el artesano gauchesco Pallarols, presente en la discoteca con la sola misión de obsequiarle una lapicera trabajada a la senadora santacruceña candidata a senadora bonaerense (donación ampliamente fotografiada en el escenario). Extrañaba en el ingreso la falta de custodios o policías, bien disimulados tal vez, pues en la puerta sólo un Schwarzenegger californiano se aplicaba al tamiz de algún atrevido sin invitación.

Y eso que además de la señora del Presidente, el canciller y la lista de diputados, también se anotaron en el sarao otros funcionarios subalternos, al menos frente al gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, y al jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Con obsesiones distintas: uno, subido a las tablas con el elenco oficial, el otro -como jefe porteño del PJ- controlando desde el fondo la animación (hubo una orquesta de tango y un video), los discursos y, sobre todo, la receptividad en los concurrentes. También se quedó para despedir en la puerta, como un embajador, utilizando el repetido estribillo que ya incorporó a su vida como el cepillo de dientes: «Te llamo, tenemos que comer». Más delgado, según él, por una intoxicación repentina que lo doblegó tres días, reseñaba su optimismo sobre la elección en Capital, confiaba en que Mauricio Macri ya se estancó, en que Elisa Carrió va a empezar a bajar mientras trepará Bielsa sostenido por la furia proselitista de Néstor Kirchner (el Presidente se comprometió para asistir por lo menos a dos actos del ministro, en su entorno aseguran que 27% de la población vota su apellido con los ojos cerrados y sin preguntarse quién va detrás de él).

Había gente de Cancillería que, a periodistas informados, les preguntaba si era cierto que Martín Redrado dejaría el Banco Central para volver como ministro a Relaciones Exteriores. Pregúntenle a Bielsa, fue la respuesta; dejen que le pregunto yo, se corrigió, interrogante que el postulante a diputado no pudo resolver: «Juro que nada sé». ¿Tampoco sabe si Luis Corsiglia va al lugar de Redrado? No era un tema para esa noche de «cultura» y sus «obreros» -¿quién de los allí presentes podía saber sobre Corsiglia?-, aunque otra descripción relativa al espectáculo y a ciertas artes encajaba mejor como definición. Más de la Asociación Argentina de Actores o del Sindicato de Músicos que de la SADE o Argentores.



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