Apesar de los esfuerzos epistolares de Eduardo Duhalde, Hilda Chiche Duhalde se llevó ayer un compendio de quejas de tono subido de los diputados bonaerenses con el gobierno de Néstor Kirchner. Los asistentes al plenario duhaldista -alrededor de una treintena de los 38 que compondrán el bloque PJ desde diciembrepracticaron tiro al blanco con el propio jefe de Estado y Gustavo Béliz. Los dardos más venenosos fueron lanzados por los que seguirán en funciones hasta 2005; por caso, el abogado Jorge Villaverde, uno de los más enojados en la reunión que se desarrolló, pasado el mediodía, en el local partidario de Avenida de Mayo al 800, sobre el porteño Café Tortoni. «Béliz afecta la seguridad jurídica del país porque en el mundo no distinguen si las denuncias las hace un peronista de la línea interna que sea o un radical; es nada menos que el responsable de la cartera de Justicia el que acusa a los intendentes de connivencia con la corrupción policial», puntualizó Villaverde en una de sus intervenciones más virulentas.
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Sin sordina, Daniel Basile llegó a resumir el pensamiento de este sector con crudeza: «El Presidente está más cerca de Carlos ChachoAlvarez que de Eduardo Duhalde». Por supuesto, no deben sentirse representados por ese razonamiento José María Díaz Bancalari y Eduardo Camaño, quienes fueron reelectos hasta 2007 y, quizá por eso, se identifican con el pensamiento conciliador de los nuevos (¿o será que influye en ambos que sean, respectivamente, jefe del bloque oficialista y titular de la Cámara baja?).
Cuando el tono subía más de lo aconsejable, Chiche intervenía con retos: «Muchachos, no digan barbaridades» o «hay que acompañar al gobierno». Mirta Rubini, la dama más enojada de todos los presentes, se resignó a que, «por ahora, hay que aprender a morder el freno porque estamos solos a la hora de levantar la mano». Otra voz planteó que «Kirchner tiene un nivel de aceptación en la opinión pública muy alto; nosotros, no». «Pero el enfrentamiento es inevitable», susurró otro diputado, que prefirió el anonimato.
De los que asumen en diciembre -sean por estreno de banca o porque regresan tras una temporada alejada del Congreso-, sobresalió la armonía que intentó transmitir Carlos Ruckauf (a quien los amigos llaman con cariño «el Peludo», por su tendencia yrigoyeniana a vivir escondido), que provocó sonrisas en José Pampuro y Aníbal Fernán dez. Estos concurrieron pese a que continuarán en los ministerios de Defensa e Interior, a diferencia de Juan José Alvarez, que pegó el faltazo. Lejos de sus pasadas objeciones al santacruceño, el ex canciller trazó un paralelismo entre el primer mandatario y Juan Domingo Perón. «Kirchner está haciendo con los piqueteros lo mismo que hizo el General en los '40 con los gremios», justificó la atención que le dispensan en la Casa Rosada a Luis D'Elía y sus cofrades cortadores de ruta (pero buenos). «El éxito del Presidente es el éxito de todos; estamos atados a su suerte», dijo, sin traslucir resignación. Hubo sorpresa entre los asistentes que desconocían esta pasión oculta de Ruckauf por Kirchner. Graciela Camaño, que leyó la carta de Duhalde a los asistentes al comienzo del encuentro, se caracterizó por la moderación y por hacer propuestas: «El bloque debe tener una estrategia para abrirse a la gente y recibir a los que vienen a protestar».
Inspirado por el giro de Ruckauf,Díaz Bancalari arengó con discurso del '45 a «trabajar con el Presidente y no hacerse eco de los gorilas que siguen diciendo que a los negros no les gusta laburar».
Además del primer mandatario, hubo otro destinatario de la catarsis del subloque bonaerense, Béliz. Villaverde recordó: «Presenté un pedido de informes porque todos en el bloque estábamos indignados. El ministro habló de compra de leyes y de narcodemocracia en los '90, y no dijo quién estaba en la joda; nos metió a todos en la mierda. Nos ofendió a todos», pataleó el hombre fuerte de Almirante Brown. Otros se soliviantaron por las sospechas que se lanzaron sobre intendentes del conurbano que, supuestamente, estaban en connivencia con la corrupción de la Bonaerense.
La reunión era para diputados entrantes, pero logró colarse el saliente Miguel Saredi para agradecer el agradecimiento de la carta de Duhalde. Carlos Brown se lamentó del «inconveniente impuesto al tabaco» que alienta el Ejecutivo. «En mi distrito, San Martín, se arman 70% u 80% de los cigarrillos, y esto perjudica a una importante fuente de trabajo», diagnosticó. Silvia Martínez, de Vicente López, prefirió retrucar con un argumento médico: «Fumar es perjudicial para la salud». Mortificada, Chiche, que había dado ya muchas pitadas en la tarde, apagó de inmediato una colilla. Camaño atinó a plantear: «No debemos convertirnos en simple levantamanos» de las iniciativas gubernamentales. «Sottovoce», algunos compañeros memoraron en tono de pregunta: «¿Te acordás cuando venías como ministra a pedirnos que sacáramos proyectos?».
La ex responsable de Trabajo y Juan Carlos Correa quedaron comisionados para coordinar la distribución de comisiones entre los bonaerenses que continúan y los que ingresarán al cuerpo a fin de año.
Por escrito, Duhalde (se disculpó porque sus tareas como secretario del Mercosur que lo ocuparon en una cumbre con Lula no le permitieron estar junto a sus seguidores) repitió proclamas de solidaridad con Kirchner. «Para que la esperanza que ha renacido en la sociedad no se transforme en una nueva frustración, es necesario que el justicialismo acompañe sin titubeos al Presidente, sabiendo que una revolución requiere de militantes dispuestos a los mayores sacrificios. No son éstos momentos para flojos y timoratos. Nosotros no lo somos y, además, sabemos que transitamos una verdadera encrucijada histórica: o luchamos junto a Kirchner y Solá o seremos los sepultureros de la Patria».
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