Catamarca (enviado especial) - Pasadas las 9 de la noche, Luis Barrionuevo admitió anoche su derrota. No fue un mensaje más: no sólo reconoció el triunfo de Eduardo Brizuela del Moral, sino que, además, clausuró su incursión política por Catamarca. «Se terminó, ya está, fue», dijo, ayer, dolido, el sindicalista.
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«Buenas noches, mucho gusto», se despidió el gremialista que en 2003 estuvo a un tranco mínimo de ser electo. Las encuestas lo mostraban muy cerca, pero no pudo presentarse por problemas de residencia. Derivó la candidatura a su hermana, Liliana, quien cayó ante Brizuela por apenas cuatro puntos.
Pero aquel Barrionuevo y el que perdió ayer eran bien distintos: el que arrastró al peronismo a la peor derrota de su historia había llegado a las corridas a ser candidato, casi de emergencia, repudiado por la Casa Rosada y casi con la certeza de que un triunfo era imposible.
Al punto que el tramo final de la campaña apareció contaminado por la sospecha de que Barrionuevo cumplió un rol que conoce a la perfección: la del maldito perfecto, el personaje ideal en este caso para darle entidad al triunfo iniciático de la Concertación K.
Algo es claro: si por el PJ se hubiese presentado un desconocido,la victoria habría tenidomenos relevancia.
«No sé si no me entendieron o no quisieron entender. Se perdieron la posibilidad de tener a un buen gobernador», deslizó, ayer, su reproche Barrionuevo a los que no lo votaron. Fue la despedida. O, al menos, eso aseguró.
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