14 de marzo 2007 - 00:00

Cámara lenta de Kirchner a la normalización del PJ

Ramón Puerta, Juan Carlos Romero, Néstor Kirchner, Alberto R. Saá y Carlos Menem
Ramón Puerta, Juan Carlos Romero, Néstor Kirchner, Alberto R. Saá y Carlos Menem
El interventor judicial en el Partido Justicialista, Ramón Ruiz, ratificará en las próximas horas la misma Junta Electoral que designó en 2003 el polémico congreso partidario que consagró la no participación del PJ en las presidenciales de ese año. Dominado por Eduardo Duhalde, el Congreso de Lanús aprobó los llamados «neolemas» que permitieron que los precandidatos del oficialismo de entonces concurrieran a las elecciones generales sin ir antes a una selección mediante internas.

Esa Junta Electoral será la encargada de fiscalizar la elección de nuevas autoridades del partido que se ha anunciado para el próximo 17 de junio. La preside un ex diputado del PJ por el Chaco -Rafael González- que hoy tiene un puesto como director del Banco Nación. Desde esa trinchera será el encargado de llevar adelante el plan del gobierno, que es darle largas a la normalización de esta elección para llevarla al año que viene. Según la intervención Ruiz, las nuevas autoridades que surjan de esa elección anunciada designarían la fórmula presidencial del PJ o decidirían si apoyan una alianza con otro partido que la proponga. Si esto avanza, pese a la resistencia del gobierno, se abren tres caminos posibles:

1) Que no haya elección y que se negocie, como ocurrió siempre, una lista de unidad acordada con el peronismo que gobierna y con el que no gobierna. En este caso, hay dos nombres que podrían contener el natural alboroto peronista: Juan Carlos Romero -más amigo de Kirchner y el único que ha expresado sus intenciones de presidir el PJ- o José Manuel de la Sota -con quien teme el Presidente que se enfrentará después de diciembre de 2007 por la sucesión del poder en 2011-. Le sobran razones a Kirchner para querer que esto no ocurra, y menos antes de las elecciones de renovación del 28 de octubre.

2) Que haya elección y la gane el peronismo kirchnerista si decide competir por ese sello, hoy un ejército grande, pero desmovilizado, sin poder ni medios, que tampoco tiene el monopolio de los símbolos partidarios, ni demasiado prestigio ante los sectores del voto moderado que decide las elecciones. Es lo que explica por qué Kirchner quiere estar lejos del PJ, salvo cuando necesita a su aparato para alguna faena puntual; por ejemplo, hacer elegir a su señora como senadora por Buenos Aires. No se siente con fuerzas para dominar la cooperativa de gobernadores de su partido y suele decir que para un presidente es más difícil vérselas con el peronismo que con el gobierno del país. Kirchner no quiere presidir el peronismo, ni parece que vaya a designar a alguien que lo represente en las oficinas de la calle Matheu. Con la misma intención frenó después de las elecciones Cristina vs. Chiche Duhalde de diciembre de 2005 al malón que encabezaban Felipe Solá y Carlos Kunkel en un intento de copamiento del PJ bonaerense. Prefirió manejarse con mucha comodidad con José María Díaz Bancalari en la jefatura de ese partido provincial, como le ha sido igualmente ventajoso tenerlo al «Pelado» Ruiz sentado en la intervención del PJ nacional.

}3) Que la gane una conducción peronista opositora a Kirchner y que surja de algunos de los cacicazgos que compiten por esa silla -Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá, Ramón Puerta-. Otro ruido inconveniente en la campaña presidencial de Kirchner que justificaría la reticencia de la Junta Electoral a cumplir los plazos anunciados por Ruiz.

El cronograma para elegir nuevas autoridades ya dejó sin tiempo al partido para decidir candidatos. La carta orgánica habilita que en situaciones de excepción, el congresodel partido designe esas autoridades. Los críticos de la intervención kirchnerista al PJ insisten -especialmente por boca del diputado Hugo Franco, que ha hecho una denuncia judicial pidiendo la intervención también de ese órgano- en que los mandatos de los congresales han caducado y que también habría que elegir a sus reemplazantes. Franco lo explica con números que dice haber extraído de informes de los PJ de cada distrito.

  • Opositores

    Se le oponen la jueza María Servini de Cubría -que ordenó la intervención-, el interventor Ruiz y el apoderado Jorge Landau (hoy diputado), quienes afirman que esos mandatos han sido renovados en la mayoría de los distritos, especialmente en la provincia de Buenos Aires. Este distrito tiene la mayoría de congresales y asumieron, según Landau, en noviembre de 2004 y tienen mandato hasta 2008.

    Según esta posición, el congreso estaría vigente con la presidencia del duhaldo-lavagnista Eduardo Camaño, y podría convocarse en cualquier momento, antes o después del 17 de junio (o sea con el PJ ya normalizado) y elegir una fórmula presidencial.

    Como tantos argumentos de la rara democracia interna peronista, esto encierra más dilemas de solución previsible: nunca el kirchnerismo ni sus socios del posduhaldismo bonaerense habilitarían una reunión de un congreso conducido por Camaño, hoy escudero del candidato opositor Roberto Lavagna. Sí lo harían con el solo propósito de destituirlo a Camaño, nombrar a otro presidente o aprobar candidatos o alianzas que pudieran halagar a la Casa de Gobierno.

    Con este cuadro, lo más probable es que el PJ no compita en la elección, pero, por obra de su interventor y de la Junta Electoral, siga en pulmotor hasta el año nuevo. No para que lo use el peronismo gobernante; sólo para que no salga en los diarios la noticia de que la Justicia abolió al partido por cambio de rubro; dejó de hacer política y sólo da cursos de cultura política (Ruiz exaltó como logro la intensa actividad educativa del PJ intervenido).

    Sorprende la pasión que les ponen los peronistas a estas querellas jurídicas sobre su partido, cuando el PJ, salvo en 1988, nunca hizo elecciones internas nacionales ni para autoridades ni para candidatos. Pesa sobre los herederos de Perón un axioma que puede expresarse así: el interés institucional del dirigente peronista está en relación inversa con el poder político que tiene. Se ha visto más de una vez cómo legisladores designados a dedo en las listas se retuercen en las banderas republicanas y reclaman internas que ellos no les dieron a sus adversarios cuando llega la hora de renovar los mandatos.

    Ninguno de los convocados a las audiencias judiciales de María Servini para la normalización cree que de ellas surja algún cambio en la conducta del gobierno hacia el partido y sus dirigentes. Se cuelgan de un argumento eficaz: que el justicialismo está formalmente proscripto porque sus afiliados no pueden ser elegidos dentro del partido. Ninguno de ellos dijo nada cuando en 2003, el PJ directamente no participó de las elecciones. En esa oportunidad, Kirchner, Menem y Rodríguez Saá participaron en esa disputa -que, perdiendo, le dio la presidencia al santacruceño-, representando a ligas de partidos provinciales. Los fondos de campaña del partido se los repartieron por intermedio de fundaciones los candidatos, dando origen a un escándalo en la rendición de los gastos que la Justicia todavía no ha cerrado. Eso motiva que tampoco en 2007 el PJ vaya a recibir fondos para sus candidatos porque los que se entregan son en premio a la participación en la elección anterior.

    ¿Por qué tanto interés si tampoco se juega plata? Los jefes territoriales del peronismo en las provincias actúan, como Kirchner en Santa Cruz, dentro de los PJ locales, con alianzas más o menos estables con el Frente para la Victoria, cuando existe este sello nacido -como el peronismo- en la Casa de Gobierno. La bandera de la proscripción es muy rentable hacia adentro de la militancia porque recuerda épocas de militancia con más adrenalina. Los entusiasma mucho cómo la jueza Servini y Ruiz admiten que la situación del PJ está en el borde de la desaparición y cómo buscan evitar que comiencen los reproches a la Justicia electoral, por ejemplo, en foros internacionales.

    Esos dirigentes son, después de todo, peronistas y se sienten morir lejos del poder; y una reapertura del partido, una elección de autoridades, le negociación de listas, armar listas de congresales, son maneras de manifestar existencia. Y en una de ésas, puede venir el premio, o sea que los llamen del gobierno a negociar algo. Ya son cuatro años en el desierto y la arena tapa los ojos. No sea que vengan otros cuatro años más.
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