Cámara lenta de Kirchner a la normalización del PJ
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Carlos Menem
Se le oponen la jueza María Servini de Cubría -que ordenó la intervención-, el interventor Ruiz y el apoderado Jorge Landau (hoy diputado), quienes afirman que esos mandatos han sido renovados en la mayoría de los distritos, especialmente en la provincia de Buenos Aires. Este distrito tiene la mayoría de congresales y asumieron, según Landau, en noviembre de 2004 y tienen mandato hasta 2008.
Según esta posición, el congreso estaría vigente con la presidencia del duhaldo-lavagnista Eduardo Camaño, y podría convocarse en cualquier momento, antes o después del 17 de junio (o sea con el PJ ya normalizado) y elegir una fórmula presidencial.
Como tantos argumentos de la rara democracia interna peronista, esto encierra más dilemas de solución previsible: nunca el kirchnerismo ni sus socios del posduhaldismo bonaerense habilitarían una reunión de un congreso conducido por Camaño, hoy escudero del candidato opositor Roberto Lavagna. Sí lo harían con el solo propósito de destituirlo a Camaño, nombrar a otro presidente o aprobar candidatos o alianzas que pudieran halagar a la Casa de Gobierno.
Con este cuadro, lo más probable es que el PJ no compita en la elección, pero, por obra de su interventor y de la Junta Electoral, siga en pulmotor hasta el año nuevo. No para que lo use el peronismo gobernante; sólo para que no salga en los diarios la noticia de que la Justicia abolió al partido por cambio de rubro; dejó de hacer política y sólo da cursos de cultura política (Ruiz exaltó como logro la intensa actividad educativa del PJ intervenido).
Sorprende la pasión que les ponen los peronistas a estas querellas jurídicas sobre su partido, cuando el PJ, salvo en 1988, nunca hizo elecciones internas nacionales ni para autoridades ni para candidatos. Pesa sobre los herederos de Perón un axioma que puede expresarse así: el interés institucional del dirigente peronista está en relación inversa con el poder político que tiene. Se ha visto más de una vez cómo legisladores designados a dedo en las listas se retuercen en las banderas republicanas y reclaman internas que ellos no les dieron a sus adversarios cuando llega la hora de renovar los mandatos.
Ninguno de los convocados a las audiencias judiciales de María Servini para la normalización cree que de ellas surja algún cambio en la conducta del gobierno hacia el partido y sus dirigentes. Se cuelgan de un argumento eficaz: que el justicialismo está formalmente proscripto porque sus afiliados no pueden ser elegidos dentro del partido. Ninguno de ellos dijo nada cuando en 2003, el PJ directamente no participó de las elecciones. En esa oportunidad, Kirchner, Menem y Rodríguez Saá participaron en esa disputa -que, perdiendo, le dio la presidencia al santacruceño-, representando a ligas de partidos provinciales. Los fondos de campaña del partido se los repartieron por intermedio de fundaciones los candidatos, dando origen a un escándalo en la rendición de los gastos que la Justicia todavía no ha cerrado. Eso motiva que tampoco en 2007 el PJ vaya a recibir fondos para sus candidatos porque los que se entregan son en premio a la participación en la elección anterior.
¿Por qué tanto interés si tampoco se juega plata? Los jefes territoriales del peronismo en las provincias actúan, como Kirchner en Santa Cruz, dentro de los PJ locales, con alianzas más o menos estables con el Frente para la Victoria, cuando existe este sello nacido -como el peronismo- en la Casa de Gobierno. La bandera de la proscripción es muy rentable hacia adentro de la militancia porque recuerda épocas de militancia con más adrenalina. Los entusiasma mucho cómo la jueza Servini y Ruiz admiten que la situación del PJ está en el borde de la desaparición y cómo buscan evitar que comiencen los reproches a la Justicia electoral, por ejemplo, en foros internacionales.
Esos dirigentes son, después de todo, peronistas y se sienten morir lejos del poder; y una reapertura del partido, una elección de autoridades, le negociación de listas, armar listas de congresales, son maneras de manifestar existencia. Y en una de ésas, puede venir el premio, o sea que los llamen del gobierno a negociar algo. Ya son cuatro años en el desierto y la arena tapa los ojos. No sea que vengan otros cuatro años más.




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