Cambio en la empresa precipitó la salida
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Esa decisión de Batlle no agradó a ENCE desde el inicio. Los españoles ya tenían inversiones en Uruguay desde 1998: un aserradero -Maserlit-, dos plantas productoras de chips de madera -materia prima en este caso de los Eucaliptus globulus, de la que luego se extrae la celulosa- y una zona franca propia donde está ubicado el puerto de carga donde la empresa despacha esos chips hacia sus plantas de celulosa en España. Pero lo más importante de esas inversiones son los bosques y las plantaciones de eucaliptus que la empresa desarrolló en Uruguay: más de 150 mil hectáreas y otro emprendimiento en proceso, todo propiedad de Eufores, controlada por ENCE. En total, las inversiones de los españoles superaban los 300 millones de dólares.
La planta proyectada por ENCE en Fray Bentos tenía una capacidad de producción estimada de 500 mil toneladas anuales y si bien en Entre Ríos su construcción había ya despertado protestas, su ubicación de mayor lejanía respecto de Gualeguaychú y el hecho de no producir contaminación visual a la ciudad ayudaban a manejar esos conflictos.
Pero dos años después llegó Botnia con un emprendimiento tres veces mayor, no sólo por la cantidad de toneladas de celulosa que podrá procesar su planta -1,5 millón de toneladas anuales-, sino por la extensión de aquélla y por ubicarse mucho más cerca de Gualeguaychú sobre la costa del río Uruguay: su gran chimenea, para colmo, ayudó a que fuera imposible no divisarla desde la Argentina.
La finlandesa Botnia controla en Uruguay la Compañía Forestal Oriental SA -más conocida como FOSA-, propietaria de 100.000 hectáreas de eucaliptus, el mayor atractivo que le ofrece el país.
Allí está precisamente el nudo de la decisión de inversiones en Uruguay tanto de Botnia como de ENCE y lo que hace inverosímiles las versiones que se escucharon días atrás sobre una posible retirada de la española de ese país.
Hoy, unas 1.000 hectáreas de campo en Uruguay aptas para siembra forestal valen lo mismo que dos departamentos de 150 metros cuadrados en Madrid. Imposible pensar en un equivalente en hectáreas en la Península Ibérica u otro lugar de Europa. Tanto ENCE como Botnia tienen allí cultivos -de eucaliptus y de pinos para extracción de celulosa, con distintos rendimientos-, pero no pueden extenderse más. Esto se debe a costos y también a regulaciones ambientales.
Tanto ENCE como Botnia necesitan imperiosamente los eucaliptus uruguayos para sus plantas en Europa, acechadas al mismo tiempo por las restrictivas regulaciones ambientales de la Unión Europea. Pero, además, los bajos costos no sólo se refieren a una cuestión inmobiliaria: mientras un eucaliptus o un pino tardan entre 40 y 80 años en crecer y en poder ser talados en Finlandia o en España, en Uruguay o en la Argentina ese plazo se reduce, a lo sumo, a 10 años. La renta diferencial de la tierra, entonces, entre ambos continentes es enorme. Más aún si se tiene en cuenta que la producción de esos 2,5 millones de toneladas -ENCE anunció ayer que cuando relocalice su planta incrementará la producción a 1 millón de toneladas de celulosa- necesitarán unas 210 mil hectáreas de eucaliptus para proveer la materia prima.
El resto de la historia es más conocida. Desde que comenzaron los conflictos y cortes de puentes en Gualeguaychú, ENCE demostró más vocación de colaborar con el diálogo que Botnia. De hecho, cuando se abrieron las primeras instancias de negociación previas a someter el litigio a la Corte de La Haya, los españoles decidieron suspender la construcción de su planta, mientras que la finesa continuó, inclusive dejando mal parado al presidente Tabaré Vázquez.
Es cierto que la situación no es la misma. El grado de avance de la planta de ENCE era mínimo comparado con el de la de Botnia, pero no puede obviarse que sólo los trabajos de movimiento de tierras para preparar los terrenos -incluido el puerto propio- fueron los mayores en Uruguay desde la construcción de la represa de Salto Grande.
En medio de esa situación, la empresa cambió de control accionario en España. Juan Luis Arregui tomó la presidencia y comenzó un rápido proceso para desplazar a los anteriores funcionarios. Si bien en la primera asamblea de accionistas en Madrid, Arregui confirmó el rumbo de ENCE en cuanto al desarrollo de las operaciones en Uruguay.




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