26 de diciembre 2002 - 00:00

Candidatura de Saá condiciona escenario

San Luis - Quien estuvo en el centro del escenario político-institucional durante los últimos cuatro lustros volverá a ser el protagonista del próximo proceso electoral provincial: Adolfo Rodríguez Saá, pero esta vez como candidato presidencial.

Por eso la carrera que se avecina encuentra al oficialismo con un entusiasmo extraordinario, compartido en alguna medida con el mismo electorado que no se mantiene ajeno a la suerte del ex gobernador y ex presidente durante la transición de 2001. Hay suficientes razones para creer que es así: «El Adolfo» gobernó San Luis durante 19 años y en la última elección obtuvo el aval de 69% de la ciudadanía. Sus cinco gestiones se caracterizaron esencialmente por la ordenada administración (con déficit cero hasta el '92 y de ahí en más con superávit fiscal), ponderada por los organismos multilaterales y unánimemente por las consultoras. En síntesis, como resultado, al 21 de diciembre de 2001, el día que renunció, la provincia acumulaba reservas por 247 millones de dólares en el Banco Nación. Evitar la pesificación del depósito es el principal, o único, desvelo de Alicia Lemme que ahora gestiona la provincia para garantizar la previsibilidad de un gobierno que ya cuenta con el presupuesto para 2003 aprobado por la Legislatura.

Desde 1983, pero como nunca a partir de su breve paso por el Ejecutivo nacional y de su condición de candidato presidencial, el pulso político sanluiseño lo marca el justicialismo de Rodríguez Saá.

Como tan claro es el horizonte que asoma para el oficialismo, oscuro lo es para la oposición atrapada en un laberinto del cual no podrá escapar, por lo menos antes de las próximas elecciones programadas para el mismo día en que se alumbre al futuro presidente, por ahora el domingo 27 de abril. Ese día el electorado sanluiseño votará para absolutamente todos los cargos ejecutivos y legislativos provinciales y municipales por imperio de la ya sancionada ley de caducidad de mandatos. Y lo haría para constituyentes porque la Legislatura también sancionó la ley que declaró la necesidad de la reforma integral de la Constitución y autorizó a la gobernadora a determinar la fecha de nominación de convencionales, la cual bien puede coincidir con la anterior.

Esto es lo que tiene por delante una oposición atomizada que no puede ensayar una reacción capaz de devolverle iniciativa. Si ya estaba huérfana, hoy hasta carece de un interlocutor: lo fue Walter Ceballos desde su postulación a gobernador en el '99 hasta que llegó a la Secretaría de Provincias en el gobierno de Fernando de la Rúa. Ahora es un exitoso empresario del rubro agropecuario. El intendente de la capital, Carlos Ponce, intentó cubrir ese vacío, pero fracasó en el intento.

La posibilidad de abstenerse en los comicios de convencionales para deslegitimar la reforma y frenar al oficialismo fue una variante que no tuvo ni un indicio de consenso en el arco opositor.

El radicalismo, antes de ocuparse de preservar su posición de principal fuerza de oposición que todavía retiene, debe resolver los frentes internos. Pudo precipitar la postergación de los comicios internos de autoridades partidarias. Como si no tuviera problemas, ahora soporta uno mayor: la diáspora de dirigentes ahora encolumnados formalmente en el proyecto presidencial de Rodríguez Saá quien
ya tiene alineada a media docena de diputados provinciales y quince de sus diecisiete intendentes que acaban de ser expulsados de su partido. Y lo que es peor, para el radicalismo, la fuga amenaza con no detenerse.

En el ARI ahora tiene refugio el puñado de dirigentes del desaparecido Frepaso.
Elisa Carrió en su última visita a San Luis comprobó que necesitará mucho más que su arsenal mediático aunque sea para interesar a los sanluiseños. Es Ponce un ex peronista resentido con Rodríguez Saá, el único opositor que trata de poner un contrapeso a la empresa presidencial del ex gobernador.

La gestión del embajador en la provincia de
José Manuel de la Sota es reprobada por 74% del electorado según una reciente encuesta. El cordobés en su reciente desembarco apenas reunió 300 personas.

Entonces, quien sea consagrado candidato por el oficialismo, será el siguiente gobernador de San Luis, porque quien resulte por la oposición, sólo dará testimonio.
Alberto Rodríguez Saá, el «candidato natural» del PJ, admite la posibilidad de convertirse en el postulante aunque la probabilidad se aleja en la medida en que aumentan las chances de su hermano Adolfo. En este caso, Alberto será el gran elector del sucesor de Alicia Lemme. Por eso el rival a vencer por el PJ es 69% que cosechó el último 14 de octubre. El grado de adhesión que exhibe Adolfo Rodríguez Saá en su tierra y acaba de ser reflejado en la reciente encuesta de Ambito Financiero y «América TV» (la más completa y real efectuada hasta la fecha) tratará de ser capitalizado por el oficialismo. La medición le asigna una intención de voto de 85,42%, mientras que la fórmula encabezada por Carlos Menem, cuyo comando de campaña provincial recién comienza a conformarse, y la líder del ARI Elisa Carrió registran 1,04%.

Cualquiera sea el desenlace de la próxima elección nacional, en San Luis es un hecho que el justicialismo seguirá en el pináculo del poder. Por eso es que la dirigencia del PJ local, independientemente de su gravitación, sólo se ocupa de hacer hasta lo imposible para que Rodríguez Saá acceda al Sillón de Rivadavia.

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