El diálogo entre el gobernador y la prensa se produjo ayer, a media mañana, en Astilleros Río Santiago, partido de Ensenada, adonde Solá asistió junto al ministro de Defensa, Pero lo que se imaginaba como una jornada de gratificaciones, se convirtió en un mal momento. Un grupo de empleados bombardearon con rechiflas al gobernador que, molesto por las críticas, manoteó el micrófono para refutar las quejas y reivindicar su gestión en Buenos Aires.
Fue una reacción intempestiva, sanguínea, que más tarde las fuentes oficiales se preocuparon por desactivar y amortiguar. Especialmente, la frase más dura:
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