Raúl Castells corrió ayer con el rabo entre las piernas, repudiado por el público, del Ministerio de Trabajo que había ocupado ante la tolerancia inexplicable del gobierno. Lo dejaban los propios piqueteros por la llegada del fin de semana y el enojo de los vecinos del microcentro porteño levantaba simpatías. Igual, marchó hasta el Congreso con enmascarados y guardianes -casi milicianos- con palos.
Raúl Castells abandonó ayer el hall del Ministerio de Trabajo que mantuvo ocupado con otros activistas durante siete días, pero sigue amenazando con protestas por planes para desocupados.
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No sólo abandonaron el hall de Trabajo, sino que, además, los piqueteros duros, que permanecieron siete días dentro de la cartera laboral, también amortiguaron la embestida contra el gobierno. Sin embargo, todas las organizaciones que participaron ayer de la movida que marchó al Congreso -más de 5.000 personas- anunciarán hoy en conjunto más protestas que podrán ser cortes de rutas o marchas, que seguirán complicando el tránsito porteño como en la última semana. Ya una denuncia de los comerciantes de la avenida Alem dio curso para que la Justicia pudiera desalojarlos.
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