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Las críticas a Kirchner -donde no es menor la fobia con su esposa, de larga y controvertida relación en el PJ-pasan por el egoísmo del postulante, sus posiciones personalistas y, fundamentalmente, un posicionamiento político más relacionado con la ex Alianza y el propio Frepaso, y no con la tradición bonaerense del duhaldismo, casi conservador (desde ese sector, obviamente, nadie protesta por el autoritarismo sureño, tan parecido al bonaerense).
Este casamiento forzoso, antinatural casi, inventado por el Presidente, se ha agudizado en las últimas horas y amenaza extenderse. Más cuando se observa el fenómeno de licuación de poder que siempre acompaña a las administraciones en la etapa previa a la partida. Veamos los chispazos:
• Kirchner, apenas despuntó al sueño presidencial, se enfrentó por razones de cartel y otras figuraciones a Felipe Solá, hombre políticamente afín al santacruceño. Curiosa colisión, ya que el gobernador bonaerense fue uno de los primeros en adherir a la candidatura de Kirchner -una forma de conquistar avales de la presidencia para sí mismo-; para el duhalismo, si bien Solá no es un santo de propia devoción, la actitud del sureño sirvió como una advertencia. «Si así castiga a un amigo, no imaginemos lo que les hará a los que no quiere», razonan los bonaerenses más prevenidos.
• Parecía un romance la relación de Kirchner con Aníbal Fernández, a cargo del Ministerio de Producción. Inclusive, hasta se habló de la eventual posibilidad de que el funcionario acompañara como dos, por la provincia de Buenos Aires, al santacruceño. Aparte del dislate de «renacionalizar» los ferrocarriles, Kirchner planteó horrores sobre el monto de los subsidios aportados por el gobierno a las empresas -tema en el que luego insistió a pesar de la aclaración oficial-y deslizó suspicacias sobre la administración privada, en más de un caso cercana al corazón del duhaldismo. Fernández se sintió molesto y se alejó del candidato. Eso generó también un barullo en la Rosada con el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof; debió intervenir Duhalde, y todos dan por seguro que en pocos días renuncia el secretario del área, Guillermo Del Punta.
• Otro afectado ha sido el propio Roberto Lavagna, a quien tanto Kirchner como Duhalde trataron de seducir para que integrara el binomio. Cuando podía morder la manzana, Lavagna empezó a desistir porque observó falta de solidaridad bonaerense a Kirchner.
Simultáneamente, al ministro le pareció escandaloso que el santacruceño insistiera en el error del monto del subsidio a los trenes, quizás hasta sospechó intencionalidad al margen de su molestia por la ignorancia manifestada.
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