Jorge Telerman es, desde la jura de ayer, el cuarto jefe de Gobierno de la Capital Federal desde que ese cargo es electivo. Ninguno de sus antecesores cumplió el mandato que debía; trata de escapar de ese sino de origen, pero igual miró hacia atrás a la hora del discurso. «Esta gestión nace de las cenizas de Cromañón», dijo. Lo rodearon muchos peronistas, pero no hubo simbología partidaria. Esperable que no hubiera ministros de Néstor Kirchner -salvo Alberto Fernández-, quien no quiere aparecer apadrinando otra administración porteña. Los auspicios de este debut no son necesariamente negativos: tiene a su disposición la cobertura de todo el directorio del Banco Ciudad, algo que no todos los antecesores tuvieron al asumir. Dispone de un año y medio para cambiar la suerte del oficialismo en el distrito y para eso negocia un gabinete que le permita navegar los escollos de la herencia Ibarra.
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El nuevo alcalde de la Ciudad llegó a la ceremonia a las 12.26, y apenas ingresó por la puerta de Diagonal Sur saludó con un beso al «Tula», histórico puntero del peronismo que ya abandonó el bombo. De allí fue al salón Eva Perón, tras el recinto, donde lo recibió el titular de la Legislatura y su amigo, Informate más
La Legislatura lucía colapsada por políticos, funcionarios, punteros, diplomáticos y familiares de los legisladores que abarrotaron cada uno de los palcos y espacios disponibles. Muchos de los invitados comentaban con sana envidia la pulcritud y la perfecta organización del acto de asunción de Esa presencia se explica: la dirigente pide que se preserve en el nuevo gabinete a los ibarristas Gustavo López ( Cultura), Roxana Perazza, ( Educación) y Gabriel Alegre ( Derechos Humanos). «Es gente -dijo- con la que tenemos firmados acuerdos.»
Sin himno, sin bombo y sin parafernalia peronista, la Legislatura lucía ayer casi como una cumbre de sectores justicialistas. La rama kirchnerista estuvo representada por el diputado
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