Hay otro punto en medio de esas disquisiciones sobre el futuro de la campaña de Cambiemos que se llevó buena parte de los oídos del fin de semana. “Los radicales pueden tomar grapa, pero todos saben que Macri no va a abrir la fórmula”, resumía ayer un radical de cuño. Ese tema lidera hoy la mesa de apuestas de la política. Que Macri la sigue queriendo a Gabriela Michetti, que Carolina Stanley tenía las fichas, pero ahora queda golpeada por el renovado conflicto con piqueteros, que es difícil pensar en quién acompañará a Macri en la fórmula cuando aún no se sabe contra quién va a competir. Todo sirve para alimentar las chances de cada interesado, pero el único que decidirá es Macri, de quien se sabe no está acostumbrado a que le discutan sus decisiones. De eso se habló también en la reunión que convocó Jorge Triaca en su haras y de la que se da buena cuenta en esta edición. Uno de los razonamientos que corrieron para calmar a la tropa fue que a esta altura del año en 2015 Macri tenía una intención de voto peor que la que muestra ahora. Alguien respondió: “Pero en ese momento la culpa de todo la tenía Cristina”. Un diagnóstico extra sobre lo que sucede que también se escuchó en esos reductos: vuelve la idea de que no haber tenido un solo ministro en Economía no ayudó a frenar la crisis. Nicolás Dujovne aparece hoy como un quijote poniendo la cara para ajustar y llegar al déficit cero, mientras otros ministros no sólo no cumplen con el rol de atender a los inevitables “heridos”, sino que además lo cuestionan. Esa baja del déficit es hoy casi la única cara de virtud que tiene la economía de Macri. Dujovne mostró la semana pasada un número contundente: en 2015 el gasto primario de la administración central no financiero era de 24,9%, mientras que este año llega a 17,6%, es decir, una baja superior a 7% del PBI. No es un número que emocione a quienes piensan en distribuir en campaña, pero es la base de toda la política que Macri sigue adelante, en medio de los vientos cruzados donde el FMI le pide (podríamos decir irracionalmente) que acelere el ajuste a cero, mientras el Banco Mundial baja una biblioteca bastante distinta sobre los efectos que puede tener en el paciente una dosis de medicamentos excesiva. Un par de preguntas finales que se escucharon por los mismos ámbitos: ¿para quién juega Emilio Monzó? ¿Por qué razón le dio 15 minutos a la oposición para que lograra el quorum en la sesión especial de la semana pasada y para que Graciela Camaño hiciera su show en el recinto? ¿Si finalmente va a España, de qué Gobierno será embajador Monzó?

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