Chávez ofrece pagar u$s 2.000 M a Techint por siderúrgica

Política

San Miguel de Tucumán (enviado especial) - Muestra de cercanía o mero resultado del orden de llegada y la disponibilidad de tiempo, la primera reunión bilateral que mantuvo ayer a la tarde Cristina de Kirchner tras arribar a esta ciudad para presidir la XXXV Cumbre del Mercosur fue con Hugo Chávez. En la cita de 30 minutos, el bolivariano la interiorizó sobre el principio de acuerdo al que estaría por llegar su gobierno con la empresa argentina Techint, para cerrar la espinosa nacionalización por decreto de la que fuera filial de ésta en Venezuela, la siderúrgica Sidor.

Según transcendió por fuentes de ambos países, el entendimiento gira en torno a un pago a Techint del orden de los 2.000 millones de dólares a modo de resarcimiento por la toma de la empresa (ni los 4.000 millones reclamados al inicio ni los 800 millones que ofrecía Caracas), a la vez que se le permitiría retener 10% de las acciones (originalmente tenía 60% de la compañía).

Otros detalles del acuerdo, que supondría la caída de cualquier reclamo ante tribunales internacionales, quedan aún por definirse, como la pretensión de Techint de que Sidor siga proveyéndola de planchones y palanquillas de acero, insumo imprescindible para sus otras plantas en todo el mundo. Si todo marcha bien, antes de fin de año deberían firmarse los papeles.

Al llegar a esta ciudad, el venezolano dijo a los periodistas presentes en el aeropuerto local que Sidor «es el pasado» y criticó sin dar detalles la gerencia llevada adelante en el pasado por el grupo Techint, aunque confió en que «llegaremos a una solución amistosa».

En el encuentro presidencial se colaron también la pelea entre la administración Kirchner y el campo (que Chávez asimiló a la que sostuvo a principios de su gestión con el empresariado de su país), la posibilidad de que Venezuela vuelva a resolver la falta de financiamiento de la Argentina (aunque sea a un costo que rechazaría cualquier contador inexperto) y el tema del suministro de combustibles para que los argentinos podamos pasar el invierno. El encuentro podría repetirse mañana cuando el venezolano se traslade a Buenos Aires para participar de un encuentro con empresarios a los que, seguramente, no les dirá que en cualquier momento puede estatizar sus inversiones.

En tanto, Cristina también mantendrá hoy encuentros bilaterales con Lula da Silva, Evo Morales, Michelle Bachelet, haciendo una glacial excepción, al parecer, con el uruguayo Tabaré Vázquez.

Un rato antes de la reunión bilateral entre Cristina de Kirchner y Hugo Chávez, había comenzado la caravana aérea de los presidentes. Acaso por su apuro en dejar el poder ( intenta, por ahora sin éxito, que el Congreso acepte su renuncia para asumir como senador), el primer mandatario en llegar ayer a las 16.20 a esta ciudad fue el paraguayo Nicanor Duarte Frutos. Veinte minutos después fue el turno de Cristina de Kirchner, quien sorprendió al arribar sola: en la escala que hizo en Buenos Aires desde El Calafate dejó a Néstor, un gesto calculado para no perder más protagonismo a manos de un marido hiperactivo que la viene ensombreciendo cada vez que interviene en la puja con el campo. Oficialmente se habló del necesario viaje que hoy hará el ex presidente al Chaco para un encuentro del PJ local. Una explicación algo curiosa, ya que Resistencia está más cerca de Tucumán que de Capital Federal.

Más tarde, a las 17.20, fue el turno de llegada de Chávez. Luego, Michelle Bachelet, Evo Morales, Tabaré Vázquez y Luiz Inácio Lula da Silva. Con saco y pollera a cuadritos, blusa negra y pañuelo al cuello, Cristina llegó sonriente y, como el resto de los mandatarios, fue recibida en la pista de aterrizaje por el gobernador José Alperovich y su esposa Beatriz.

El que, como siempre, hizo un verdadero show en su arribo fue Chávez. Después de conversar animadamente y haciendo aspavientos con el gobernador y la exultante primera dama provincial, conversó unos 15 minutos con los periodistas, a quienes dejó tanto anécdotas bolivarianas de rigor como definiciones políticas de interés, entre las que se destacó un fuerte aval al gobierno argentino en su puja con el campo (ver nota aparte). Ensalzó al Che y, para incomodidad de Alperovich, hasta a la guerrilla que actuó en Tucumán, pero, rápido de reflejos, aclaró que «ya no es tiempo de fusiles sino de los pueblos».

Menos mal. Felicitó a Cristina por el último acto en Plaza de Mayo, dijo llevar en el corazón a Perón y a Evita y habló de un «eje geopolítico Caracas-Buenos Aires» (para congoja de la Cancillería argentina).

Por último, la emprendió contra las nuevas normas migratorias europeas, pidiendo reflexión a sus autoridades para, sin solución de continuidad, amenazar con «tomar medidas» en el marco sudamericano. Un consuelo: al menos no volvió a insistir con un boicot petrolero. Se ve que tenía ganas de hablar, ya que la siguió un rato después en el hotel Catalinas Park, encarando con la misma canción cada cámara que se le acercó.

Ya de noche llegó el turno de la «foto de familia» con todos los presidentes en la Casa de Tucumán y, luego, la cena de honor para 150 personas ofrecida por la Presidenta a sus invitados en la Casa de Gobierno. Los veinte minutos de recital de Mercedes Sosa, el menú de gigot de cordero con salsa de Malbec, acompañado de espárragos y zanahorias, y el brindis final con champán, ya sobre la medianoche, reconfortaron a los cansados huéspedes. Caricias reparadoras después de tanto trajín.

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