5 de diciembre 2005 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Roberto Lavagna y Evo Morales
Roberto Lavagna y Evo Morales
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Su mayor audacia en la columna dominical es llamar al renunciante Roberto Lavagna « antiliberal», cuando se lo considera «ortodoxo no puro». Le adjudica pertenecer a la «reacción antiliberal» que siguió a los años finales de la presidencia de Menem. En realidad, el ex ministro de Economía no fue un fanático del liberalismo, como lo prueba su actuación en los controles de precios de los años '70 junto a un peronista histórico como era Miguel Revestido. Pero no se le puede negar que está del lado de la ortodoxia y lo prueba su renuncia porque debió saber que iba al fracaso esta nueva propuesta del presidente Kirchner de combatir la inflación con «pactos» o subsidios, disimulados de «créditos» desde el Banco Nación que lanzó la sustituta Felisa Miceli para aumentar la producción y satisfacer la demanda. Lavagna sabía que un gobierno estatista de izquierda iba a terminar en esos intentos y prefirió alejarse.

Dice Grondona que «alguna vez» habrá que elaborar una visión equilibrada de los años '90. Es cierto, pero aporta un poco más a su larga columna y lo sabe. No estaba este domingo en su vuelo de alto nivel analítico cuando trató la «teoría del resentimiento» como el domingo anterior. Agrega el origen de palabras como «respeto» como que viene de «respicere» y el origen griego de la palabra «dignidad». Son artilugios que Grondona usa cuando la temática se le debilita.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

Recoge, junto a Van Der Kooy, el dato común de que desde España se designó para solucionar el conflicto de Aerolíneas al asesor del presidente de España Miguel Sebastián, aunque el de «Clarín» lo completa mejor agregándole el segundo apellido, Gazcón. Es importante su referencia a que el gobierno no ve mal ni causante del conflicto al actual presidente y a su vez parte accionaria de Aerolíneas Argentinas, Antonio Mata. Y asegura que, «seguirá» presidiendo la empresa. Se trata de una afirmación acorde con la forma como se gobierna hoy la Argentina, donde el primer mandatario puede hasta disponer quién preside empresas privadas. Luego Morales Solá despedaza al superministro Julio De Vido, que reemplazó al desplazado Roberto Lavagna, preferido del columnista de «La Nación» como es sabido. Llama a De Vido operador «todo terreno» del presidente Kirchner. Le dice que para el turbulento Hugo Moyano «sus remedios de sedación» son menos que «placebos», una afirmación fuerte del columnista. Además le dice a De Vido que «su influencia práctica» es real, pero la « influencia política es nula», porque cuando se trata de elucubrar pensamientos el Presidente recurre a otros. Da a entender que Kirchner salva su amabilidad frente a la nueva ministra Felisa Miceli haciéndole nombrar, por intermedio de su incondicional De Vido, funcionarios en su área. Dice que la ministra deberá mostrar condiciones personales, técnicas y sobre todo fortaleza política. Da a entender, aunque Van Der Kooy lo desarrolla mejor, que el insólito subsecretario de Transporte Aerocomercial, Ricardo Cirielli -a su vez dirigente del sindicato de los mecánicos aeronáuticos-, aunque cueste creerlo en un funcionario en este gobierno tan particular para las designaciones de Néstor Kirchner en cargos públicos, tiene sus días contados. Vuelve a decir que no la están ayudando a la ministra Miceli a tomar fuerza propia, pero no hace referencia Morales Solá a esa «historia dulce» que cuenta «Clarín», que hasta publica sus calificaciones en la universidad pero no menciona los siete años que fue funcionaria del gobierno militar. Le atribuye «ejercicio feroz del poder» al presidente Néstor Kirchner -acierta el columnista- y le recuerda un hecho que no había trascendido: que la bandera de montoneros flameó en el Salón Blanco de la Casa Rosada cuando asumió la ex guerrillera -aunque antes discípula del peronista catamarqueño Vicente Leonidas Saadi- señora Nilda Garré.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Dado que el columnista escribe en el monopolio «Clarín», uno de los dos diarios del gobierno en esta época, tiene algunas audacias como llamar «intemperante» al presidente Kirchner (frente a los supermercadistas). Le atribuye -más audacia- haber inspirado, pese a que se ofende, las protestas de piqueteros frente a los supermercados de Alfredo Coto y le recuerda que «la historia condena» y está fresco, entre varios ejemplos, el boicot lanzado contra Shell. La aparición en el arco opositor de Roberto Lavagna, Hermes Binner, Roberto Iglesias (UCR), Mauricio Macri y Elisa Carrió, ¿le está motivando a «Clarín» algún abrir el paraguas por si se perfila -según su tradición- algún cambio de mando para 2007? De cualquier manera, al columnista Van Der Kooy hoy no se lo lee por sus análisis, que son obviamente influenciados por el gobierno de turno, sino por los anuncios que incluye en su columna dominical como si fuera el boletín oficial donde el gobierno comunica. Ahí atendamos a lo que dice porque es voz oficial. 1º) Da a entender que el funcionario y sindicalista Ricardo Cirielli llegó «al colmo» al presentarse como gremio ante su jefe Alberto Fernández, jefe de Gabinete, y por tanto tendría los días contados junto a Kirchner. 2º) Dice que el área de infraestructura de defensa también pasará a la órbita del superministro De Vido, por lo cual la ministra Nilda Garré, como su colega Felisa Miceli, resignan poder ministerial. 3º) A la ministra Miceli le señala que «debe» robustecer su perfil político. 4º) Dice Van Der Kooy -y siendo vocero oficial debe tomarse como cierto- que Kirchner le habló al sindicalista Hugo Moyano y le dijo: «Estos tipos» -por los pilotos y técnicos de Aerolíneas en huelga- «responden a vos, deciles que la corten». 5º) A fin de mes el ministro Alberto Fernández irá a Madrid acompañado por la ministra Miceli. Agrega el columnista que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, de España, agobiado por problemas internos, sobre todo con la Iglesia, «no tiene los márgenes de paciencia que tuvo hasta hoy», pese a la única esperanza que le queda al gobierno Kirchner para abordar el diálogo de renovación de vencimientos con el Fondo Monetario. «Kirchner sabe que no podrá contar con ningún apoyo explícito de la Casa Blanca para ese diálogo», lo informa un vocero oficial y debe tomarse como cierto. 6º) Otro anuncio del boletín oficial de «Clarín» es que la primera dama Cristina Kirchner estará en el cierre de campaña de la candidata socialista chilena a la presidencia Michele Bachelet. El socialismo supermoderno de Chile, que pretende seguir en el poder con Bachelet suplantando a Ricardo Lagos, es amigo de EE.UU., practica la economía abierta y por tanto poco y nada tiene que ver con el kirchnerismo, pero igual no es precisamente la sutileza política lo que caracteriza a la Casa de Gobierno en esta época. 7º) Dice el gobierno, vía los columnistas oficiales de prensa, que «la Casa Blanca» había pedido a la Argentina y Brasil evitar la posibilidad de un triunfo de Evo Morales en Bolivia, donde ahí sí aparecería otro centroizquierda retrógrado y estatista similar al argentino. El columnista de «Clarín» cierra con algo ya conocido y expresado en Ambito Financiero, «la forma impecable» en que Roberto Lavagna se fue del Ministerio de Economía.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


Como los cronistas de las cortes de antaño, el columnista se esfuerza por darle lógica al cambio de gabinete con el propósito de revestir los relevos de ministerios de alguna razonabilidad, cuando para muchos es una historia llena de ruido y furia. Una rabieta de fin de semana por acusaciones de corrupción de Roberto Lavagna, poner y sacar una embajadora en el país predilecto en el término de cuatro meses para hacerla ministra de Defensa, son para

Verbitsky el fruto meditado de una estrategia cuidada y pulcra, consecuencia de un análisis que hizo el Presidente del resultado electoral.

Como para el columnista Kirchner duplicó las adhesiones electorales entre 2003 y 2005 (en realidad pasó de 22% de la primera vuelta a 26,1% que le reconoce el análisis de Claudio Lozano de la CTA, un hombre a quien no se le puede sospechar de mala fe a la hora de hablar de kirchnerismo), se justifica el sentido de los cambios que hizo.

Explicar en realidad la columna no explica nada; más bien expresa qué le gusta o no a su autor de algunos de los que se van y de los que llegan. De Bielsa no le gustó que intentaseuna relación con la disidencia cubana y que sobreactuase la amistad del gobierno con los Estados Unidos.

De Pampuro le gustó que amortiguase los ataques del Presidente hacia las FF.AA., pero no que no profundizase las reformas reglamentarias y de doctrina que a Verbitsky -cuya vocación castrense sólo es comparable con la que tiene sobre la Iglesia de Roma- le gustaría se hicieran.

De Lavagna repite lo que dicen desde este fin de semana los voceros del gobierno: que es un defensor, aunque pulcro, de la economía de los '90, que trabajó para la concentración económica en los grandes grupos -cuya mención como tales parece serle suficiente para demonizarlos-, que pasó de ser la izquierda de Duhalde a ser la derecha de Kirchner.

Sobre los nuevos, apenas honra sus nombres: Jorge Taiana por su larga prisión, Nilda Garré por su trabajo en 1979 en favor de los derechos humanos. A Felisa Miceli el columnista se limita a aludirla de manera irónica como Anjélica Huston. ¿Mensaje íntimo o chanza para unos pocos esto de llamarla a la ministra de Economía como a la actriz que hizo de hija de un mafioso en «El honor de los Prizzi» y fue la novia de Jack Nicholson y le prestaba la casa a Roman Polansky para sus ordalías?

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