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Evo Morales y Benedicto XVI
«Página/12».
«La Nación».
Grondona transmite las conclusiones a las que arribó junto con otros colegas acerca de un tema paradójico: la solidaridad entre las distintas generaciones en el mundo desarrollado y en el que todavía no lo está.
De sus observaciones se desprende que, si bien las sociedades opulentas son muy eficientes en lograr que los miembros de una misma generación disfruten del bienestar económico, no lo son tanto a la hora de transmitir los beneficios hacia los más jóvenes. En Evo Morales Benedicto XVI cambio, en algunas naciones de Africa (cuenta del testimonio de un ciudadano de allí), y en muchas latinoamericanas, existe un modelo ampliado de familia por el cual los padres se obligan a sostener a los hijos cuando están en problemas y aun a los sobrinos, cuando quedan huérfanos.
Cita Grondona el caso argentino, que se caracterizó por el tendido de una enorme red de solidaridad familiar durante la gran crisis de 2001. En cambio, en países como España, con grandes avances recientes, la estructura tradicional de parentesco se va diluyendo y da lugar a otra: los niños ya no nacen en el seno de una familia, sino como derivado de la relación entre dos progenitores que no necesariamente se han propuesto la vida en común.
La nota de Grondona reproduce un crudo testimonio llevado a esa reunión por el representante de España. «En el registro civil de su país ahora se anotan al lado del nombre del recién nacido, en lugar de su padre y de su madre, los nombres del «progenitor A» y del «progenitor B», sin alusión siquiera al sexo que, distinguiéndolos, los une.»
Grondona pretende, como confiesa al final, que se alcance un modelo mixto (supone que Latinoamérica podría intentarlo) en el que convivan el desarrollo material y la contención entre generaciones. Interesante reflexión la de ayer, aunque no tiene roce alguno con la escena política local.
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».
El columnista dedicó su nota a la crisis regional que se verificó con la nacionalización de los hidrocarburos por parte del gobierno de Bolivia. Como en otros casos, el eje de toda la nota de Morales Solá es voluntarista: preconiza que no debe haber conflictos pasando por encima, acaso con demasiada velocidad, por la estructura de los problemas. Por ejemplo, ayer sostuvo que «es hora de terminar con el conflicto de las papeleras», sin explicar por qué ni cómo.
En el caso del gas que Bolivia le provee a Brasil, aporta un dato: Lula y Kirchner habían ido a Puerto Iguazú con la decisión de suspender las importaciones de ese fluido. Tal vez sea una amenaza imaginada una vez que se supo el resultado el encuentro. Es cierto que la nacionalización fue abrupta y se podría haber negociado (en rigor, se la está negociando). Pero Brasil tiene poco derecho a impugnarla, por lo menos hasta que se privatice Petrobras. Nadie habló de eso nunca.
En cuanto al precio, ya se consignó en este diario un problema inevitable: con índices de pobreza alarmantes y rodeado de grandes productores de soja que nadan en superávit fiscal, ¿cuál sería la razón por la cual Morales debería seguir cobrando u$s 2,70 el millón de BTU de un producto que en Estados Unidos se paga u$s 12? A la vez, ¿cómo fijaría el precio que se le antoja si no se trata de un «commodity»? Es decir: el gas sólo puede venderse a un mercado que, previamente, debe estar conectado mediante un caño. Teniendo en cuenta estas variables, era muy difícil que no hubiera un acuerdo, aun cuando lo de Morales haya desatado una crisis.
Morales Solá dice que Kirchner aspira a pagar u$s 4,50 el millón de BTU a Bolivia.
En rigor, depende de lo que pague Brasil, que es el mayor consumidor. Dice también que el gobierno argentino tiene un límite que son las provincias gasíferas que reciben un precio de u$s 1,50 por el mismo producto. En rigor, lo que resulta distorsivo es que ése sea el producto que se paga a Salta o a Neuquén para mantener el mercado argentino aislado del internacional. Tarde o temprano, los gobernadores lo harán saber.
Otro párrafo en el que insiste con una idea del periodista es el de la salida del Uruguay del Mercosur. Esa salida no sería, sin embargo, por la crisis de las papeleras, sino por la desigualdad de tamaño de las economías de la región. En una Europa industrializada, el equilibrio se logra mediante el comercio de productos manufacturados. Algo imposible con países básicamente agrícolas. Es cierto que eso puede producirse, pero los costos para ese país serían altísimos.
Por lo pronto, el tratado de Asunción impone que quien quiera denunciarlo debe seguir ofreciendo un mercado sin barrera arancelaria alguna a sus ex socios, pero debería comenzar a pagar impuestos por sus exportaciones hacia ellos. Aporta algunas informaciones más Morales Solá en su nota de ayer. Por ejemplo, que es probable que Kirchner viaje en junio a España. Sugiere que su rol cambió desde la crisis de Bolivia: ahora es una especie de abogado informal de Repsol por delegación de José Luis Rodríguez Zapatero.
Lo mejor de la nota es señalar que el problema no es Morales sino Chávez, frente a quien fracasaron todas las estrategias de contención. Si es que las hubo. El columnista describe al personaje casi como el único líder regional que, aun por la vía de la inestabilidad, lleva adelante una política internacional clara y decidida.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
El columnista centra su análisis de la crisis en las relaciones de los países del Cono Sur en la mirada de los Estados Unidos. Revela que el embajador de ese país ante la OEA, John Maisto -que fue asesor de Condoleezza Rice en el Consejo de Seguridad Nacional para asuntos latinoamericanos-, viene al país con la misión de decidir si es posible que Lula da Silva y Néstor Kirchner puedan cumplir con su promesa de «contener» los exabruptos de Hugo Chávez. Este mandatario ha desarreglado en un mes la Comunidad Andina de Naciones y el Mercosur con su renuncia al primero de los sistemas y luego patrocinando la nacionalización de los hidrocarburos de Bolivia.
Según Van der Kooy, Washington duda de que puedan hacerlo, a la luz del desarreglo regional que ha promovido Chávez. El apoyo al programa nuclear de Irán en que se ha embarcado el bolivariano y la actitud que tomen Brasil y la Argentina será seguramente la prueba de fidelidad que reclamará el gobierno Bush. Con ingresos petroleros por u$s 65 mil millones en 2005 y u$s 30 mil millones de reservas, Chávez ha sido el mejor amigo de Lula y Kirchner. Pero estos presidentes, afirma el columnista, transitan por el calvario de la reelección, y la amistad con el venezolano empieza a causarles más problemas que beneficios.
Van der Kooy tiene una versión de los diálogos en Iguazú entre los cuatro presidentes y recoge algunos curiosos, como cuando Lula se queja ante Kirchner de que Chávez le hizo lo que Tabaré a Kirchner: desairarlo después de que lo apoyase en las elecciones.
Sobre la crisis por las papeleras, el columnistase enfila entre los críticos del acto de Gualeguaychú, al que califica de «convocatoria política inútil», aunque reconoce un tono moderado en el discurso del Presidente. También le reprocha a Tabaré Vázquez las críticas «batllistas» a la Argentina y haber movido a los militares para defender el puente de Fray Bentos ante la marcha de hace diez días.




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