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12 de marzo 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

La andanada de especulaciones que vuelcan los columnistas de los diarios del domingo sobre la visita a la región de Hugo Chávez y George W. Bush servirán seguramente de consuelo a Néstor Kirchner, cuyoscríticos le reprochan no tener política exterior y una Cancillería sin rumbo. Esos análisis periodísticos ponen a la Argentina en el centro del universo como no lo hubiera soñado jamás el santacruceño. Veamos:

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George W. Bush y Hugo Chávez.
MORALES SOLA, JOAQUIN
«La Nación»


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Este columnista es quien más se escandaliza de la transgresión que implicó el apoyo manifiesto del gobierno Kirchner a la algarada chavista del viernes en Ferro. Reflejaría la vocación aislacionista del gobierno que mira más a los números azules de las relaciones con Venezuela que a la retórica que los rodea. Acierta al señalar el doble estándar con que se conduce la administración actual frente a Washington: por un lado, un tácito apoyo a la geopolítica de Bush, lazos casi carnales en materia de acuerdos sobre lavado de dinero, terrorismo y narcotráfico. Por el otro, consentimiento y bocina a todas las manifestaciones antinorteamericanas.

No resuelve el columnista la duda de por qué debería éste u otro gobierno desaprovechar la munificencia del gaucho con plata, que compra bonos de la deuda, genera negocios con empresarios argentinos con los fondos que paga la Argentina por las importaciones de gasoil y fueloil y organiza misiones empresarias a Caracas, en donde ofrece negocios en todos los rubros. No hacerlo, diría el abogado del diablo, sería ir contra los intereses de la economía criolla.

En el otro platillo están los costos que la retórica fiera de Kirchner hacia Estados Unidos puede tener, por ejemplo, por la reticencia de Washington en apoyar a la Argentina en la renegociación de la deuda defaulteada con el Club de París. O el agravio que sienten los sectores moderados frente a un gobierno feísta que consiente actos como los de Ferro en donde el país exhibe una vidriera esperpéntica de personajes que ocupan una franja marginal de la vida pública, pero que se muestran como si expresaran la opinión de la mayoría de los argentinos. ¿ Modificaría ese apoyo eventual el modo como Kirchner encara esa negociación? Es dudoso. ¿Cambiaría el volumen de las inversiones de empresas de los Estados Unidos en la Argentina algún brindis pro norteamericano del gobierno argentino? Difícil que esas decisiones se tomen mirando «Canal 7» -que encima no transmitió el acto de Chávez, sino que se limitó a emitir flashes-.

El columnista apuesta a que estas consecuencias son más graves que los beneficios económicos que recibe la Argentina del extravagante bolivariano. Pondera por sobre todos los costos de estas fiestas inoportunas cómo el gobierno argentino guarda un silencio estridente ante los agravios del chavismo a la democracia y ante sus manifestaciones de antisemitismo. Un país que no termina de salir de la crisis política -ya no tiene partido, tampoco sistema de selección de candidatos, lo gobierna un presidente que perdió las elecciones y que busca perpetuarse a través de su señora-la verdad se debe por lo menos un esfuerzo para reforzar las instituciones democráticas. Algo que no se hace desde las tribunas ni desde el escenario de Ferro.

GRONDONA, MARIANO
«La Nación»


Entre el memorialismo y la bibliografía, Grondona aporta una viñeta de su vida personal, un diálogo con el asesor de los Kennedy (fallecido hace pocos días) Arthur Schlesinger, que le dijo hace 30 años que el mal de la Argentina es ser imprevisible y «no estar cuando las papas queman», es decir, Estados Unidos emprende un rumbo y aspira que otros lo sigan. No explica Grondona por qué la Argentina debería haber hecho lo contrario. La persistencia en esa actitud colectiva de los gobiernos argentinos desde el sigo XIX merecería más que un tirón de orejas desde un diario.

La bibliografía la aplica el columnista cuando recuerda al multiuso Maquiavelo, que recomendaba a las naciones « menores» -lo sería la Argentina-no ser neutrales porque se quedan fuera de los premios que les puede conceder el ganador de una disputa. Por ejemplo el gobierno Kirchner podía haberse beneficiado del acuerdo firmado entre Bush y Lula da Silva para producir biocombustibles, pero se dejó traicionar por la retórica antinorteamericana de Chávez en Ferro. ¿No produce el país ya biocombustibles, incluso beneficiando a los emprendedores con desgravaciones según la ley que votó el Congreso el año pasado? ¿Acaso la retórica anti-Bush la inventó Chávez o Kirchner, o es uno de los fenómenos de opinión pública casi universal incluso dentro de los Estados Unidos? Habría que pedirle respuestas a Maquiavelo, porque Grondona no las tiene.


VAN DER KOOY, EDUARDO
«Clarín»


Más crítico que lo habitual en su columna, el analista del monopolio recoge las críticas de funcionarios de los Estados Unidos al gobierno argentino por darle espacio al acto anti-Bush de Hugo Chávez. A diferencia de sus colegas del domingo, señala que lo que haga Kirchner en esta materia está dictado por sus intereses electorales. No le hubiera venido nada bien que George Bush hubiera intentado una escala en la Argentina de acuerdo con el perfil de elector que busca halagar el Presidente. Se entiende: al peronismo formal lo tiene ya en la Bolsa, el aparato bonaerense lo disciplinó en pocos días con la instalación de Daniel Scioli. Sólo le resta mantener acallados a los sectores de izquierda que no tienen votos, pero a la que desde la era Duhalde se le entregó la calle.

El resto del análisis es una glosa del lugar común del costo que puede tener el doble discurso que sostiene el gobierno al halagar a los Estados Unidos en los hechos, pero irritarlo en el discurso. Opta, como los columnistas de «La Nación», por privilegiar los costos futuros de esta cana al aire que se tira Kirchner y lo ilustra con el relato de cómo muchos funcionarios del gobierno criticaron el apoyo que se le dio desde oficinas públicas al acto de Ferro y las actitudes del Presidente ante sus gestos por Chávez a las que califica de «bravatas inútiles».


VERBITSKY, HORACIO
«Página/ 12»


Conviene echarle una leída a este columnista que más que columnista es un cronista real, al modo de aquellos amanuenses que tenían los monarcas de antaño para que registrase para la posteridad las lindezas del mandamás de turno.

Para eso Verbitsky se pone ahora el traje de sociólogo y ve detrás del apoyo kirchnerista a la visita de Hugo Chávez la aplicación por parte del gobierno de un «modelo» político y no el fruto de la astucia pampa del Presidente para sacarles a Caracas y a Washington lo que le interesa pagando el menor costo político.

Según este periodistaasesor oficial, para América latina hay tres modelos posibles: 1) el modelo aperturista que busca tratados de libre comercio con Estados Unidos, que es una forma de entregarse a las fauces del león; 2) el modelo de la protección regional en el Mercosur, que es entregarse al poder de Brasil; y 3) el modelo chavista, que es hacer acuerdos de conveniencia.

Para Verbitsky, Kirchner hace bien en optar por la tercera vía. Se regodea en que se inspira en el legendario Comecon, el tratado de comercio a través del cual la URSS controlaba a los países que estaban bajo su control imperial. Aunque se ríe un poco de Chávez (lo llama el «rapsoda caraqueño», aunque haya nacido en el pueblo de Sabaneta, Estado de Barinas), se encanta el columnista con el «pragmatismo kirchneriano» que se deja llevar por los afanes del venezolano para impedir la extranjerización de la empresa SanCor. ¿Venezuela es una provincia argentina? ¿En términos imperiales, es mejor la dominación venezolana sobre las empresas argentinas -o de Bolivia, que es donde tiene gran penetración el chavismo-que la de otros Estados?

Comprensible el razonamiento de un hombre de la veteroizquierda, porque la URSS justificaba su dominio sobre las colonias que eran los países del área socialista en que la metrópolis era la vanguardia de la revolución universal -del mismo modo como «Radio Moscú» transmitía clases de ruso que promovía como el idioma más socialista del mundo-.
Reconoce, como Van der Kooy, que el show Bush-Chávez en que se embarcó la región beneficia al Kirchner electoral, que dejó correr las palabras porque la barra que reunió el venezolano nunca iba a gritar contra él. Curioso es el intento que hace Verbitsky de minimizar el gesto chavista de hacerse acompañar con custodia propia de cubanos y venezolanos. Según la prensa de Caracas, los guardaespaldas y demás vigilantes que movilizó el bolivariano fueron 630 y se llegaron en un Hércules C.130 y el avión presidencial. Según este columnista, los «pecetos» fueron sólo 37 y registraron, amablemente, sus fierros en el Renar ( oficina de armas del Ministerio de Defensa).

También aporte algunos detalles que explican las caras largas de acompañantes de Chávez al dejar el país: Kirchner no sólo faltó a Ferro; también le levantó una actividad a Chávez el sábado a la mañana y una invitación a viajar ese día a Bolivia llevando ayuda para los inundados. Con la misma información de palacio, se cubre de reproches futuros cuando consigna que la administración chavista es ineficiente y prevalecen en ella «los intereses creados y la corrupción». Le faltó decir que es con esa administración con la cual hace negocios el gobierno argentino (un cursi hubiera agregado que para bailar un tango hacen falta dos). Lo mismo ocurría con el Comecon soviético, que generó una nomenklatura que se hizo legendaria por sus niveles de corrupción, que el Estado postsoviético no ha logrado nunca eliminar de Rusia hasta hoy.

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