Comentarios políticos de este fin de semana

Política

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Vuelve a ejercer la vena dialéctica el profesor para presentar los tres escenarios posibles para la resolución de la pelea del gobierno con el campo. Detecta que del lado del gobierno hay una estrategia de «guerra de usura» que busca desgastar al campo prolongando la agresividad y evitando un cierre de la polémica. Buscaría Néstor Kirchner ganar y no acordar con sus contradictores. Le advierte, sin embargo, Grondona que ese triunfo eventual podría tener un costo tan alto para el gobierno que sería un derrota «pírrica», es decir en el fondo una derrota.

La gente del campo, por su lado, está divida entre una cúpula acuerdista, que concurre cándida a las reuniones con el gobierno y, por debajo, unas bases inquietas que les reclaman a las entidades de la llamada «comisión de enlace» resultados máximos. Esta actitud en el fondo beneficia la «guerra de usura» a que los somete Kirchner y les produciría también victorias pírricas.

La síntesis sería, imagina el profesor, que las dos partes cedieran y encontrasen, en dulce acuerdo, beneficios para las dos partes. «Si ganar es a veces perder, también perder es a veces ganar.» Eso exige en esta puja que las dos partes tengan la grandeza para ceder y hacerlos ganar a todos.

Esta descripción que hace Grondona merecería un segundo capítulo -quizás el próximo domingo-que explicase el fondo de cada conducta. Todo protagonista de la política busca ante todo ganar y vencer al adversario, algo que no es instrínsecamente condenable. Porque como lo expone el profesor, campo y gobierno serían víctimas de un empecinamiento que los conduce a los dos al fracaso, lo cual es por lo menos una simplificación.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


El diagnóstico de este domingo lo comparte con su colega Eduardo van Der Kooy, de « Clarín»: el romance entre el gobierno y la sociedad comienza a diluirse. Cabría preguntarse si ese romance-existió en realidad, al menos con la mayoríadel país, ya que el actual gobierno, como su antecesor, accedió al poder como una primera minoría que en 2007 no superó 30% de los votos positivos válidos calculados sobre el total del padrón. No es un defecto del gobierno esa foto de la realidad política de un país en crisis que no comenzó con la actual administración.

Buena parte del panorama de Morales Solá se lo lleva el relato de la reunión de Alberto Fernández con los cuatro dirigentes del agro del jueves pasado, según la versión del jefe de Gabinete, que también usa en su nota de ayer Horacio Verbitsky en « Página/12».

Según ese relato, el gobierno no quiso un acuerdo ese día para que las entidades no lo usasen como carta de triunfo en el acto de ayer, un escenario que horrorizaba a los Kirchner. En esa reunión, además, la serenidad de Alberto Fernández habría confrontado con cuatro dirigentes que no se ponían de acuerdo entre sí en la solución del reclamo de que cesen las retenciones móviles.

Ese final del romance entre el kirchnerismo y la sociedad lo perciben, según el columnista, gobernadores, legisladores y sindicatos oficialistas, que comienzana preguntarse adónde los están llevando los Kirchner. Algunos mandatarios provinciales, consigna, están ya buscando un nuevo ministro de Economía, y se quejan de que un país no puede ser manejado ya sólo por tres personas (los Kirchner y el jefe de Gabinete, se entiende).

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


El panorama está dedicado a reseñar la pérdida de la confianza entre el kirchnerismo y la mayoría de la sociedad, que tiene un registro en las encuestas y una causa, la creciente inflación. La versión de Alberto Fernández de la reunión con los ruralistas reaparece también en esta columna, al contar cómo el jefe de Gabinete buscó postergar cualquier decisión a una nueva reunión, posterior a los actos del 25 de mayo. Esa táctica, imagina Van der Kooy, le hizo ganar al gobierno la iniciativa por primera vez desde que estalló el conflicto.

El gobierno, avanza el comentario teñido de fernandismo, tiene ya decidido qué les ofrecerá a sus adversarios en cuanto a retenciones -no dice cuál es la oferta, pero se la conoce porque la adelantó este diario (ponerle un techo al precio de los granos, especialmente soja, por encima del cual se congela la retención, en un valor que puede estar entre 40% y 50%).

Se permita la duda Van der Kooy si esa solución alcanzará hoy para frenar a un sector demasiado enojado como para levantar la protesta por tan poco.

En lo político, desarrolla el método del esmeril que aplica Néstor Kirchner a los ruralistas: los compara con el fenómeno de Juan Carlos Blumberg, que terminó desgastándose por exceso de protestas. Abre la duda sobre si los escenarios son equiparables como para que el gobierno confíe en tamaña simplificación.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


A reglamento cumple el columnista-asesor su rol de defender al gobierno a capa y espada, pero sin argumentos sólidos. Describe al frente del campo como unido apenas por su intención de forzar al gobierno a retroceder. Esta percepción es solidariacon su hipótesis -en realidad escuchada en la Casa de Gobierno-de que la protesta del campo es una patraña política dirigida a crear un Partido Agrario que desafíe al kirchnerismo en las próximas elecciones. Si fuera tan fácil crear partidos o generar manifestaciones multitudinarias como la de Rosario de ayer sería también sencillo resolver otros problemas políticos de la Argentina. Pero no es así.

Carga, como último recurso, sobre la figura de Alfredo de Angeli, a quien califica como el « energúmeno de Gualeguaychú», pagado por los grandes capitales del agronegocio y que se debate en críticas hacia Cristina de Kirchner por el solo hecho de que ella es mujer.

Recae en el relato fernandista de la reunión del jueves, con detalles sobre la pelea entre los cuatro dirigentes de la Comisión de Enlace ante el jefe de Gabinete, prueba de su debilidad. También retoma el argumento más fuerte del gobierno en este debate, que es el reproche referido a que la mitad de la actividad agropecuaria está sumida en la economía informal. Si fuera tan fácil resolver el problema lo habrían encarado anteriores gobiernos; y seguro que hubieran elegido otro camino para intentarlo que no fuera en medio de una disputa sectorial como ésta, con piquetes en contra en las rutas y con los despachos oficiales al borde del escrache.

Remata Verbitsky la columna con material de archivo: primero, el palo a la Iglesia Católica, de la que dice que perdió su triunfalismo en 1981 cuando no se animó a criticar al gobierno militar de entonces. Segundo, aprovecha para cuestionar de nuevo el toqueteo del gobierno sobre los números del INDEC. Usa como argumento el mismo que usó la semana pasada su colega de «La Nación», Mariano Grondona: falsificar indicadores de la economía es una devaluación de la palabra ya dañina como la inflación que castiga a la sociedad en su conjunto.

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