La ola de huelgas que va ganando la calle parece tener una sola explicación: son los primeros signos de la campaña electoral. En la Casa de Gobierno y en el Banco Central, los activistas de la CTA (estatales) buscan candidatura y quejarse de que el gobierno les niega personería como central sindical. En Salta, los docentes se quejan en un conflicto que algunos ven que cuenta con el consentimiento de sectores del kirchnerismo, enojados por el apoyo del gobernador Juan Carlos Romero a los adversarios de la Casa de Gobierno en las elecciones que perdió el PJ en Santiago del Estero. En el conurbano de Buenos Aires, como lo hizo ya en Capital Federal, Hugo Moyano alienta huelgas de recolectores de la basura en municipios gobernados por duhaldistas que pujan hoy con el oficialismo de Kirchner. La queja es por el reclamo de indemnizaciones a las concesionarias de ese servicio, pero Moyano, en lugar de hacerles juicio, ordena no levantar la basura haciéndoles pagar el costo a los intendentes que no se encuadran con Olivos. Comenzó la campaña electoral.
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En Salta, los docentes siguieron de huelga en un conflicto que replica en el escenario nacional con tanto énfasis que el gobierno provincial sospecha que está fogoneado por meniobras con acento santiagueño. ¿Acaso el gobernador
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