El 18 de enero, cuando Cristina de Kirchner estrenaba funciones de presidente, prometió apoyo y la gestión del gobierno nacional para la inauguración del monumento a los caídos en Malvinas erigido en el cementerio de Darwin. En aquella audiencia elogió a los miembros de la Comisión de Familiares de los Caídos en Malvinas por el tesón en la iniciativa de homenajear a los 649 héroes cuyos nombres están grabados en el granito del monumento. Nada pasó. En silencio, los integrantes de la ONG retornaron a sus pedidos de colaboración en sectores privados, quizá los únicos que se hicieron eco -el monumento fue financiado casi en su totalidad por Eduardo Eurnekian- de la solicitud, e irónicamente también lograron apoyos en la comunidad británica.
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Las autoridades de la Comisión preparan una carta dirigida a la Presidente con el propósito de recordarle su compromiso. Demasiado formalismo y prudencia, como si a tal nivel de la administración y por el tenor del problema hubiera que refrescarle la agenda. Justo a los Kirchner que hicieron de Malvinas «su» tema de campaña electoral.
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