Confirmado: Álvarez ya renunció
Se confirmó ayer el adelanto de este diario sobre la renuncia de Juan José Alvarez al Ministerio de Seguridad bonaerense. En un encuentro con Felipe Solá, Alvarez le anunció que dejaría la cartera para asumir como diputado, cargo para el que fue electo en setiembre. Grave para la crisis en seguridad que vive el país que el gobierno no pueda retener por más de dos meses a un ministro de esa área crítica. Aunque se barajaban varios nombres, anoche Solá no tenía decidido quién será el nuevo ministro.
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En el alboroto, fue un imán de todas las balas: lo incriminaron además de activar el informe sobre llamadas telefónicas entre despachos oficiales y bandas dedicadas a secuestros que elaboró el procurador Eduardo Matías de la Cruz, desde entonces otro blanco móvil para el patagónico.
Por momentos, los voceros kirchneristas hicieron fila para flagelar al hombre de Hurlingham. Desnudo en esa línea de fuego y con Buenos Aires sometida a una riña sangrienta entre el ex presidente y Solá, Alvarez apuró su despedida.
Y lo hizo ayer, cuando cumplía dos meses como ministro, y sumaban 30 días desde que instrumentó un plan de seguridad en el conurbano que, de acuerdo con las estadísticas policiales y judiciales, permitió una reducción en los índices delictivos del orden de 20%.
«Con esta presión política, con tanta exposición y cuando del otro lado está el poder de fuego del gobierno nacional es imposible trabajar», argumentó Alvarez en el mano a mano con Solá con una estrofa que antes y después de ese diálogo repitió hasta el agotamiento.
• Rodeo
Un rato antes, ante la consulta de la prensa, Felipe Solá admitió con un rodeo la renuncia. «Hay que preguntale a él», dijo el gobernador porque sonaba mal, ingrato, despedirlo sin un poco de misterio; entregarlo sin fingir algún lamento por su despedida.
Tenía prevista esa táctica. Sabía que estaba agotada su estadía en La Plata, pero pretendía un plazo mínimo para despedirse con alguna elegancia, difundiendo datos dulces sobre la baja del delito para reflejar que su renuncia era política no por un fracaso de gestión.
Eso habían pactado el sábado cuando se reunió con Solá en el departamento que el gobernador tiene en Capital Federal. No pudo Solá frenar la salida de su ministro: «Quedate, yo te banco, lo arreglo con Kirchner, renunciá a la Cámara», pidió.
Pero Alvarez lo tenía decidido desde el día anterior cuando se encontró con Duhalde y éste le avisó que ya no podría sostenerlo ante la inagotable presión presidencial.
El paso fugaz de Alvarez por la cartera de Seguridad bonaerense no es el primero: en octubre de 2001, Carlos Ruckauf lo designó en ese cargo donde permaneció durante tres meses para asumir como secretario de Seguridad de la Nación durante el interinato de Adolfo Rodríguez Saá.
Con eso estalló un circuito crítico que se devoró cuatro ministros en pocos meses. Ruckauf designó a Alberto Descalzo que pocos días después, con la asunción de Solá como gobernador -tras el gesto patriótico de Ruckauf de ir como canciller de Duhalde-, fue reemplazado por Luis Genoud.
A su vez, Genoud (ahora en la Corte bonaerense) renunció seis meses después tras la masacre de Avellaneda, lo que marcó la llegada de Juan Pablo Cafiero que, contra todos los pronósticos, sobrevivió quince meses en Seguridad.




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