2 de diciembre 2003 - 00:00

Confirmado: Álvarez ya renunció

Se confirmó ayer el adelanto de este diario sobre la renuncia de Juan José Alvarez al Ministerio de Seguridad bonaerense. En un encuentro con Felipe Solá, Alvarez le anunció que dejaría la cartera para asumir como diputado, cargo para el que fue electo en setiembre. Grave para la crisis en seguridad que vive el país que el gobierno no pueda retener por más de dos meses a un ministro de esa área crítica. Aunque se barajaban varios nombres, anoche Solá no tenía decidido quién será el nuevo ministro.

A exactos dos meses de asumir, Juan José Alvarez renunció ayer al Ministerio de Seguridad bonaerense para, desde el 10 de diciembre, ocupar una banca de diputado nacional por el PJ de Buenos Aires. Sin embargo, seguirá como jefe formal hasta que Felipe Solá designe a su sucesor.

La salida se terminó de sellar anoche, durante un encuentro que en privado mantuvieron Alvarez y el gobernador en La Plata. Pero, como informó este diario en la edición de ayer, se gestó la semana última en dos cumbres continuadas de Néstor Kirchner con Eduardo Duhalde y con Solá, por separado.

Anoche, Solá no había definido quién quedará en la espinosa cartera de Seguridad. En una nutrida nómina figuraban Alberto Beraldi, Marcelo Saín, Eduardo Sigal, el secretario de Seguridad Norberto Quantín y hasta el ministro del Interior Aníbal Fernández, que ayer se entrevistó con Solá en La Plata.

El único indicio que trascendió es que será un civil, que responda a Solá y acepte sostener el plan vigente, así como también aplicar una reforma a mediano y largo plazo para reestructurar la Policía Bonaerense.

En tiempo de descuento, Alvarez -que fue electo diputado el 14 de setiembre en la lista que encabezó Chiche Duhalde- convino ayer continuar como ministro hasta que aparezca un funcionario dispuesto a jinetear la crisis política y delictiva que convulsiona la provincia.

Azotado por Néstor Kirchner -que nunca soportó su designación, a pesar de que la operó su socio Eduardo Duhalde- Alvarez quedó sin margen de maniobra. Olivos lo eligió como enemigo: le imputó formar parte de una corporación político-policial que ampara y se financia por vías ilegales.

En el alboroto, fue un imán de todas las balas: lo incriminaron además de
activar el informe sobre llamadas telefónicas entre despachos oficiales y bandas dedicadas a secuestros que elaboró el procurador Eduardo Matías de la Cruz, desde entonces otro blanco móvil para el patagónico.

Por momentos, los voceros kirchneristas hicieron fila para flagelar al hombre de Hurlingham. Desnudo en esa línea de fuego y con Buenos Aires sometida a una riña sangrienta entre el ex presidente y Solá,
Alvarez apuró su despedida.

Y lo hizo ayer, cuando cumplía dos meses como ministro, y sumaban 30 días desde que instrumentó un plan de seguridad en el conurbano que, de acuerdo con las estadísticas policiales y judiciales, permitió
una reducción en los índices delictivos del orden de 20%.

«Con esta presión política, con tanta exposición y cuando del otro lado está el poder de fuego del gobierno nacional es imposible trabajar»
, argumentó Alvarez en el mano a mano con Solá con una estrofa que antes y después de ese diálogo repitió hasta el agotamiento.

• Rodeo

Un rato antes, ante la consulta de la prensa, Felipe Solá admitió con un rodeo la renuncia. «Hay que preguntale a él», dijo el gobernador porque sonaba mal, ingrato, despedirlo sin un poco de misterio; entregarlo sin fingir algún lamento por su despedida.

Tenía prevista esa táctica. Sabía que estaba agotada su estadía en La Plata, pero pretendía un plazo mínimo para despedirse con alguna elegancia, difundiendo datos dulces sobre la baja del delito para
reflejar que su renuncia era política no por un fracaso de gestión.

Eso habían pactado el sábado cuando se reunió con
Solá en el departamento que el gobernador tiene en Capital Federal. No pudo Solá frenar la salida de su ministro: «Quedate, yo te banco, lo arreglo con Kirchner, renunciá a la Cámara», pidió.

Pero
Alvarez lo tenía decidido desde el día anterior cuando se encontró con Duhalde y éste le avisó que ya no podría sostenerlo ante la inagotable presión presidencial.

El paso fugaz de Alvarez por la cartera de Seguridad bonaerense no es el primero: en octubre de 2001, Carlos Ruckauf lo designó en ese cargo donde permaneció durante tres meses para asumir como secretario de Seguridad de la Nación durante el interinato de Adolfo Rodríguez Saá.

Con eso estalló un circuito crítico que se devoró cuatro ministros en pocos meses.
Ruckauf designó a Alberto Descalzo que pocos días después, con la asunción de Solá como gobernador -tras el gesto patriótico de Ruckauf de ir como canciller de Duhalde-, fue reemplazado por Luis Genoud.

A su vez,
Genoud (ahora en la Corte bonaerense) renunció seis meses después tras la masacre de Avellaneda, lo que marcó la llegada de Juan Pablo Cafiero que, contra todos los pronósticos, sobrevivió quince meses en Seguridad.

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