En su retiro serrano de Balcarce, Fernando de la Rúa mantuvo su teléfono desconectado durante la Navidad. Se podían, eso sí, dejar mensajes en un contestador para que el ex presidente los seleccionase y contestara si fuera el caso. Sólo una persona fue exceptuada de este procedimiento y habló directamente con De la Rúa. Fue Carlos Menem, su colega. El riojano lo saludó por las fiestas y trató de consolarlo por el mal momento. Nadie mejor que Menem para comprender a De la Rúa, recluido con su mujer en estancias y quintas inaccesibles (ayer se lo hacía en el haras de Fernando de Santibañes, en Capilla del Señor), como si se tratara de distintos Don Torcuato creados por él mismo para evitar el escarnio.
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