Correo: Piletazo del TSJ, rebelión de jueces y caso para la Corte

Política

El Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad, en un fallo con mayorías mínimas, vio la oportunidad de estrenar su poder para un caso resonante y se zambulló en el expediente para marcar territorio. A su vez, el kirchnerismo comenzó a visualizar fantasmas de una jugada imposible  y los jueces de la Justicia nacional definieron un silencioso conato de rebelión ante la irrupción del TSJ.

Tres hechos ocurrieron en simultáneo a raíz del caso Correo Argentino del clan Macri y su tortuoso devenir: el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad (TSJ), en un fallo con mayorías mínimas, vio la oportunidad de estrenar su poder para un caso resonante y se zambulló en el expediente para marcar territorio; el kirchnerismo comenzó a visualizar fantasmas de una jugada imposible y los jueces de la Justicia nacional definieron un silencioso conato de rebelión ante la irrupción del TSJ.

Pero la realidad es que todo el escenario configura un problema mucho más relevante para la discusión jurídica que, incluso, el concurso de acreedores más largo de la historia, atravesado por la política y el Código Penal. Lo que se está erigiendo es un “caso” para que la Corte Suprema defina sobre un tema espinoso: cuál es el tribunal superior de una jurisdicción cuya autonomía ha cobrado relevancia en los últimos años.

“El TSJ no es nuestro superior”, protestan en los pasillos de la Justicia comercial que se quejan de que la Corte haya abierto el grifo a partir de los fallos “Corrales, “José Marmol” y “Bazán” que establecieron una serie que empoderó al TSJ contra las sentencias que emanan de las Cámaras Nacionales de Apelación. Pero el foco del asunto es quién está facultado para intermediar ante el recurso extraordinario federal ante la Corte. La diferencia es sutil pero sustantiva para los jueces. Las Cámaras Civil y Comercial de la Justicia nacional son el superior tribunal de revisión de la causa –como ha funcionado hasta ahora- , o como se empieza a discutir, por ejemplo en el fallo “Levinas” de la Justicia civil, si por encima tienen al TSJ de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Algo así como el superior equivalente a las cortes provinciales. A los fines del recurso extraordinario federal sería la vía intermedia para acceder a la Corte. ¿Podría entonces el TSJ arrebatarle la causa a la Justicia nacional en lo comercial para resolver problemas sensibles para la familia Macri? La primera aproximación al problema sería que no. Cuanto mucho podría erigirse en una instancia más, e intermedia, antes de su desembarco en la Corte.

Pero la rebelión de los magistrados nacionales podría impactar, incluso para este caso. No sería difícil imaginar que la Cámara Comercial ignore simplemente la orden del TSJ que con apenas tres votos a favor le ordenó tramitar un pedido de inconstitucionalidad de omisión del TSJ en el recorrido que SOCMA planteó para evitar una sola cosa: la extensión de la quiebra a los accionistas y controlantes de la residual Correo Argentino SA. La Cámara Civil se esperó por ignorar el intento del TSJ, que se siente alentado por el espacio que la Corte sembró. ¿Sería el máximo Tribunal el único que podría resolver en un caso particular los límites de esa intervención como superior de las Cámaras? De fondo aparece un problema irresuelto: el traspaso de la Justicia nacional cuyos límites operan en el contorno de la General Paz. Los jueces visualizan un paso más en la estrategia de esmerilamiento para que su poder pase la órbita porteña.

Hasta ahora, las Cámaras solo admiten que contra sentencias emanadas de sus salas procede el recurso extraordinario ante la Corte Suprema, mientras que el TSJ, con las firmas de Marcela De Langhe, Santiago Otamendi y Inés Weinberg de Roca admitieron que procede el recurso de inconstitucionalidad (con el que fueron en queja desde SOCMA), y que eventualmente, podría deducirse un nuevo recurso extraordinario federal ante la Corte pero luego de una sentencia propia. El TSJ se asegura una vela en ese entierro.

Para aventar fantasmas de la causa Correo, cuyos plazos quemaron todos los libros, implicaría que la instancia recursiva se agotaría con un fallo símil corte provincial (para la Capital Federal el TSJ) y desde allí ser trampolín hacia la Corte. Un empujón más de los jueces a sus colegas “nacionales” para que acepten lo que el máximo Tribunal planteó particularmente en “Bazán”. Para los nacionales, por el contrario, la ausencia de calibre en las consecuencias de esa doctrina autonomista generan este choque institucional entre jueces de Corte locales que dan ordenes a magistrados que no las aceptan y los desconocen como superiores.

Un tentempié para esa discusión es el propio antecedente “Levinas”, donde se discutía un conflicto de competencia también entre el TSJ y la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, respecto a una decisión de este último tribunal. Desde el 13 de marzo de 2021, por sistema, figura en manos de la Procuración General a la espera de dictamen.

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