ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

22 de agosto 2008 - 00:00

Cristina reivindica al procesista Piazzolla. ¿Avala la Bonafini?

ver más
El músico Piazzolla defendió el Proceso, pero hoy es reivindicado por el kirchnerismo.
Tela para cortar, en lo interno, resultó el nuevo bautismo del aeropuerto de Mar del Plata con el nombre de Astor Piazzolla. Homenaje propicio a uno de los mejores músicos del país -al margen de sus dotes como intérprete-, comparable o superior a Cole Porter, aunque con menor difusión. Pero esa designación dictada por Cristina de Kirchner también ofrece un flanco impensado en la doctrina habitual del matrimonio en el poder: el recuerdo al autor de «Adiós Nonino», « Libertango», «Verano porteño» y «Balada para un loco» supone el olvido -comprensible- de lo que fue Piazzolla en los controvertidos 70. En esa década, es público, el bandoneonista (años 1976-77) negaba que en la Argentina hubiera desaparecidos y, luego, hasta compuso temas -por voluntad propia o encargo- a la medida del Proceso militar.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Se dirá, claro, que esta actitud de Piazzolla (no olvidar que el antiperonista Ernesto Sabato, en esos tiempos, también concurría a comer con Jorge Rafael Videla) podía ampararse en la distracción artística. Aun así, para los Kirchner -quienes han abrazado una causa reivindicativa que algunos sospechan de oportunista por lo tardía-, esa memoria activa casi siempre sirvió para distinguir entre réprobos y elegidos. Procedieron al respecto. Ahora, ¿hay un giro? O, simplemente, un ignorante asesor desconocía esta trayectoria del músico y le hizo cometer un pecadillo a la mandataria, tan celosa de los derechos humanos. Como hacerle decir también, en la ceremonia, que el de Mar del Plata era el primer aeropuerto dedicado a un artista y, por extensión, a un civil (hay varios, de Saint Exupéry a Guzmán, de Germano a Niveyro, como consignó este diario en la tapa de su edición de ayer).

En 1977, Astor Piazzolla emprendió una gira europea enteramente financiada por el gobierno de facto y prohibió a los músicos que lo acompañaban hablar mal de las autoridades de entonces. A su regreso a la Argentina, declaró que había más violencia política en Europa que en su país y que se sentía feliz porque en Buenos Aires se podía caminar tranquilo por las calles. Estas expresiones cruzaron el océano y le valieron al músico la cancelación -en repudio- de varias presentaciones que tenía previstas, particularmente en Bruselas.

Ese veto comercial no le impidió componer luego una suite para el campeonato mundial de fútbol -"Piazzolla 78"- ni, más adelante, en mayo de 1982, dedicarle un tema al comando Los Lagartos de las Georgias, a cuyo frente estaba el enemigo público de los Kirchner: Alfredo Astiz.

Para los funcionarios K, que al parecer desconocen la trayectoria política del compositor, sería útil una lectura más detallada de su diario de cabecera, "Página/12", especializado en marcador de procesistas. En diciembre de 2005 ese matutino entrevistó a Tomás Gubitsch, músico argentino radicado en París, quien a comienzos de los 70 tocó con Luis Alberto Spinetta, pero luego conoció el tango a través de Rodolfo Mederos y, finalmente, fue convocado por Piazzolla para integrar el octeto electrónico, que lo acompañó en una gira europea. A continuación, un extracto de su relato sobre aquella experiencia: "Está claro que Astor fue un instrumento, a sabiendas, de la propaganda de la Junta de psicópatas que gobernaban nuestro país. Por ambición personal, por incultura política, por cobardía o por lo que fuera. (...) También queda claro que esto no le resta nada, absolutamente nada, a su talento ni a la validez de su obra. Antes de un concierto en Italia, nos dijo que no habláramos demasiado para no atentar contra la imagen del país, y sé que lo que digo acá es doloroso para muchos. ¿Cómo es posible querer y emocionarse con la música de alguien que se comportó tan mal en esas épocas de barbarie institucionalizada? Entonces, lo que pudo haber sido la desilusión de un pibe de 19 años que tocaba la guitarra con él... y la bronca y el dolor ante las calumniasque profirió sobre mí (...). Nuestros pasajes de vuelta fueron inmediatamente confiscados por el consulado de París hasta, teóricamente, el final de la gira. (...) Cuando quise recuperar los pasajes, el cónsul de aquella época me convocó a su lujosísima oficina y me explicó que, para 'garantizar mi seguridad', yo debía publicar una solicitada en varios diarios diciendo que había sido manipulado por el marxismo internacional, que apoyaba a la Junta y no sé cuántas aberraciones más".

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias