Cristina de Kirchner viajará esta semana a El Salvador para participar de la XVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de gobierno que organizará entre el 29 y el 31 de octubre ese país centroamericano. El encuentro tiene ahora una revalorización especial, luego de la confirmación de la reunión entre la Presidente argentina y el español José Luis Rodríguez Zapatero. En los últimos días, Cristina de Kirchner estuvo preparando su participación en el encuentro, organizado originalmente para tratar cuestiones educativas y de desarrollo, que ahora tendrá a la crisis financiera internacional como su eje de discusiones. Hasta ayer, sólo estaban confirmados en el avión oficial para acompañarla el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana, y el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini.
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Eventualmente, también se sumarían el ministro de Economía, Carlos Fernández, y el presidente del Banco Central, Martín Redrado, pero dependiendo de cómo evolucione la situación interna.
En total, son 22 los presidentes y jefes de Estado invitados al encuentro, y hasta ahora, sólo Hugo Chávez rechazó el convite. Así, la cumbre empezó con un clásico: el bolivariano generando un conflicto y amenazando con no concurrir al evento porque «no se le garantizaba la seguridad necesaria», según explicó este fin de semana desde su show dominical «Aló Presidente». Al conocer estas declaraciones, el presidente salvadoreño, Antonio Saca, solicitó ayer a Chávez que precise los supuestos «riesgos» contra su persona, que le hicieron desistir de participar de la Cumbre.
«No entiendo por qué da ese tipo de declaraciones», dijo Saca y aseguró que «El Salvador tiene las puertas abiertas» para el presidente de Venezuela. Saca dijo que si Chávez comparte con su gobierno el informe sobre las supuestas amenazas a su seguridad, «se tomarán las medidas del caso y eso se traducirá en una investigación de inteligencia».
Saca aclaró, además, que les pidió a los salvadoreños no circular por los alrededores de la Feria Internacional, sede de la Cumbre, a menos que sea «muy necesario y urgente. Ustedes deben entender que debido a la enorme responsabilidad que implica tener a más de 20 mandatarios, a los reyes de España, al primer ministro de Portugal, como invitados, debemos desplegar un dispositivo de seguridad nunca antes visto en el país», explicó el mandatario.
Dijo, además, que la seguridad de la Cumbre Iberoamericana durante los tres días de deliberaciones estará a cargo de 1.600 agentes de la Policía Nacional Civil (PNC), junto a efectivos del ejército y de seguridad del gobierno.
En realidad, las sospechas apuntan a que Chávez no quiere participar de un evento donde habitualmente es protagonista máximo, pero que en esta oportunidad lo tendrá como invitado en un país donde sus visiones bolivarianas no son muy tenidas en cuenta. El Salvador incluso ratificó hace 20 días que, pese a la crisis financiera, continuará avanzando en un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, una receta que para el chavismo es imposible de digerir para un estado centroamericano.
En El Salvador incluso se menciona entre la prensa que Chávez intentó en las últimas semanas veladamente boicotear la cumbre tratando de influir sobre el boliviano Evo Morales, el nicaragüense Daniel Ortega y el ecuatoriano Rafael Correa.
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