De Mendiguren: “Este modelo primarizado no cierra para 40 millones de argentinos”

Política

La caja negra es un dispositivo que permite registrar la actividad de los instrumentos y las conversaciones de la tripulación de un avión para en caso de accidente poder determinar las causas del siniestro. Actual diputado por el Frente Renovador, José Ignacio de Mendiguren, es un industrial que en 2002 ocupó el cargo de ministro de Producción acompañando a Eduardo Duhalde en la tarea de salir de aquella crisis. En su despacho del edificio Anexo de Diputados, "El Vasco", como todos lo conocen, tiene una caja negra que lo acompaña a donde vaya y que está llena de productos importados como espirales de Indonesia y pasta dental de Brasil, entre tantos otros. "La caja negra tiene la simbología de la caja negra del avión que es donde se registran las causas del accidente, con eso estoy demostrando cual es la causa de la caída de la economía", enfatiza De Mendiguren en diálogo con ámbito.com.

"Cada vez que en el país se instaló la bicicleta financiera como eje de la política económica nunca se terminó bien", afirma De Mendiguren y arremete "cuando Argentina llegó a pagar en el año 2016 un 20% o 23% en dólares de tasas a la bicicleta financiera, cualquier inversor internacional lo primero que dice esto no es un país, es un republiqueta".

El diputado dice que el accidente de la economía llegará "si los únicos dólares que ingresan a la Argentina son los del endeudamiento y los sectores que tienen que generar los dólares para pagar vos los aplastás, de dónde van a salir los dólares genuinos para pagar esa deuda".

En cuanto a la comparaciones asegura que la situación de hoy "no tiene nada que ver con el 2001" porque en la actualidad "están todos los instrumentos para poder ir a un modelo productivo-competitivo y no un modelo como el de hoy financiero-exportador".

Periodista: ¿Cómo ve hoy la situación de la economía y de la producción?
José Ignacio de Mendiguren: No me sorprende para nada la instancia a la que lamentablemente hemos llegados. Porque cada vez que en el país se instaló la bicicleta financiera como eje de la política económica nunca se terminó bien. Eso es lo que ocurrió desde un primer momento con este Gobierno con el ingreso y egreso irrestricto de capitales, sumado a planchar el tipo de cambio y subir las tasas de interés. Así fue con la Tablita de Martínez de Hoz y la Ley de Convertibilidad. En Argentina esos procesos son idénticos, con un flujo enorme de capitales financieros que ingresa, una euforia financiera, se logra estabilizar determinadas variables económicas, todos somos millonarios en dólares, todos vamos a Miami, y esa fórmula gana elecciones. Ahora, cómo terminó cada vez que se aplicaron estas políticas, de dos formas: mal o peor, nunca terminó bien. Pero tiene como contracara que cuando Argentina llegó a pagar en el año 2016 un 20% o 23% en dólares de tasas a la bicicleta financiera, cualquier inversor internacional lo primero que dice esto no es un país, es un republiqueta porque nadie en el mundo puede tomar como serio a un país que paga un 23% anual en dólares, eso mismo ahuyenta inversiones reales. Entonces se produce un aplastamiento de la Argentina productiva porque convierten al país en un país carísimo para exportar y baratísimo para importar. 

P.: ¿Todo esto se expresa en la caja negra que lo acompaña?
J.I.D.: Es que la caja negra tiene la simbología de la caja negra del avión que es donde se registran las causas del accidente, con eso estoy demostrando cual va a ser la causa de la caída de la economía. Yo aplaudí cuando el presidente Macri dijo que íbamos a dejar de ser el granero del mundo para llenar las góndolas del mundo, es valor agregado pero la verdad es que el mundo llenó las góndolas de la Argentina. Entonces en la caja negra se ven naranjas de España, bondiola de Dinamarca, espirales para mosquitos de Indonesia, Nuggets de pollo de Brasil o papas para hornear de Alemania. Pero además hay cosas más evidentes, cuando uno ve 8 km de cola para comprar en Chile o Paraguay, es como el famoso "Deme dos" de Cavallo y Martínez de Hoz. Cuando un industrial ve que veranear en Santa Teresita es más caro que la Costa Azul y que en Ezeiza hay más gente que en Constitución, dice "esto ya lo viví". Entonces qué sucedió siempre, es que como la economía no se para de golpe, a él tampoco se le para la empresa de golpe pero ya ve el rumbo y sabe lo que pasó; a partir de ahí deja de invertir y compra lo que ve barato que es el dólar y qué hace espera. 

P.: Siguiendo con la alegoría de la Caja Negra, ¿cuál sería el accidente en este momento?
J.I.D.: Muy simple. Si los únicos dólares que ingresan a la Argentina son los del endeudamiento y los sectores que tienen que generar los dólares para pagar vos los aplastás, de dónde van a salir los dólares genuinos para pagar esa deuda. Entonces cuando ves los números de la Argentina, que lo puede ver un perito mercantil, se ve que entra deuda pero no inversión real. Analizás los números que tienen que pagar esa deuda y hay récord de déficit comercial, la fuga de capitales que te demuestra la confianza de los argentinos en la Argentina, y en turismo se ve que en esa escasez de dólares se gastaron 11 mil millones de dólares, pero además te endeudás para traer naranjas de España. 

P.: ¿Usted lo compara con la caída de la economía en 2001?
J.I.D.: Yo fui el primer ministro de Producción de la Argentina y nos tocó agarrar la peor crisis social, política y económica que dejó el modelo económico a partir de ese colapso financiero, porque la Argentina productiva estaba intacta. Era una crisis inédita y no había manual a donde ir a consultar. Habían quedado 18 monedas circulando en la Argentina, el club de trueque, habíamos decretado el peor default de la historia de la humanidad, los bancos estaban cerrados y había explotado el sistema contractual. En lo político estaba el que "se vayan todos", la seguidilla de presidentes y el FMI que te soltó la mano. Pero cuál era el eje que nos llevaba a tomar las medidas en aquel momento. Sabíamos que el mundo no nos iba a prestar entonces el eje era que todas las medidas que tomáramos asegurasen el pronto arranque de la economía argentina. Para eso había que crear las condiciones para que los argentinos vuelvan a invertir en el país. Es lo que sucedió porque Argentina en el año 2002 generó 16 mil millones de dólares de superávit comercial, se puso en marcha el país.

P.: ¿Pero para usted la situación es como la de 2001?
J.I.D.: No. La diferencia es que en 2001 después de la devaluación brasileña ya no existía más la Convertibilidad, pero en vez de enfrentar el problema se buscaban atajos, porque había un corset legal complicadísimo que no se podía saltar. Hoy nada que ver, están todos los instrumentos para poder ir a un modelo productivo competitivo y no un modelo como el de hoy financiero-exportador. 

P.: ¿Para usted hay que cambiar el modelo?
J.I.D.: No me cabe ninguna duda. Como decía Clinton "es el modelo, estúpido". Que me digan si no cómo van a generar dólares. Será la ilusión de Vaca Muerta, me podrán decir que podrán exportar energía. Pero el problema de la Argentina es social, ojo que se puede crecer aumentando la pobreza como los países exportadores de petróleo. El crecimiento al que nosotros apostamos es un crecimiento con inclusión, es un crecimiento con valor agregado. 

P.: ¿Cómo es posible?
J.I.D.: Nos fijamos tres objetivos. Primero, que la Argentina puede doblar su Producto Bruto Interno en los tres próximos periodos presidenciales. Segundo, qué calidad de crecimiento; queremos un crecimiento donde el salario represente el 50% del ingreso nacional. Y tercero, vos podés crecer con esa distribución y seguís con una Argentina macrocefálica donde el 95% de la población está en el 2% del territorio, pero nosotros queremos un crecimiento que sea integrando territorialmente a la Argentina. Hoy la Argentina exporta cuero e importa zapatos, exporta trigo e importa fideos, eso hay que invertirlo. Por ejemplo, Bélgica exporta 2 millones de toneladas de trigo por año y le ingresan 3.100 millones de dólares. Argentina exportamos 10 millones de toneladas de trigo e ingresan 1.000 millones de dólares. Esa diferencia es porque Bélgica el 85% de lo que exporta es en pastas y galletitas, y nosotros el 85% lo exportamos en cereales; el cereal son 200 dólares la tonelada y en pastas y galletitas son 2.000 dólares. Y así sector por sector se puede aumentar la facturación. 

P.: Está claro que hay que integrarse al mundo...
J.I.D.: Claro que hay que hacerlo, el tema es con qué modelo. Por ejemplo, en el intercambio con China el 90% de lo que va es poroto de soja, y el 80% de lo que viene es manufactura, es empleo chino. En términos económicos son 15 mil millones de déficit, ahora en términos de empleo es lo que hay que pensar, tenemos 32% de pobreza. En un 1 millón de dólares de poroto de soja cuánto empleo va, ahora ese mismo millón en tecnología o productos terminados cuánto empleo va. Si el modelo es el que hoy está implantando digámoslo con toda claridad, hay que exportar a 20 millones de argentinos. Este modelo primarizado de la economía no cierra para 40 millones de argentinos. Si este es el modelo digamos que Argentina va salir al mundo con un modelo que bajos salarios. Entonces cuando debatimos sobre infraestructura y la reforma impositiva tenemos que saber para qué modelo lo queremos. 



Con una vasta trayectoria en el mundo gremial empresario, fue presidente de la Unión Industrial Argentina y actualmente continúa en como miembro de la junta directiva. Como industrial conoce de primera mano las vicisitudes que atraviesa una empresa en la Argentina. Es por eso que desde su rol de presidente de la Comisión de Industria de la Cámara de Diputados, De Mendiguren realiza convocatorias periódicas a empresarios pymes de todo el país para abordar la situación de los diferentes sectores y regiones. "Estamos alentando a las pymes para que no bajen los brazos porque hasta que venga un cambio de modelo no se nos pueden morir las pymes", advierte.

P.: ¿Cómo ve a las pymes?
J.I.D.: Las veo complicadas. Como presidente de la Comisión de Industria, convoco a las pymes para hacer política industrial, no política partidaria. A la pyme no hay que ayudarla porque es débil, hay que hacerlo porque es la célula que más se multiplica en el tejido social y productivo de la Argentina. Una gran empresa no toma gente, está en los grandes centros urbanos. El INDEC dice que hoy están trabajando promedio al 40% de capacidad, en estas condiciones le aumentaste tarifas, impuestos y después las remataste con las tasas de interés. Encima de esto, la AFIP está embargando las cuentas. Como oposición estamos alentando a las pymes para que no bajen los brazos porque hasta que venga un cambio de modelo no se nos pueden morir las pymes. Cuál es nuestra gran diferencia con este Gobierno: que para ellos primero arreglás la macro y después crecés, y entonces nunca es suficiente el ajuste, entregá a los jubilados, a tu abuela que después vas a crecer, y nosotros decimos que no, creciendo es que arreglás eso, es una diferencia sustancial. El Gobierno lo que dice es que para parar la inflación no va a anclar el tipo de cambio, ni las tarifas, ni las tasas de interés, ni los impuestos, lo único que va a anclar es el salario. 

P.: ¿Cómo ve a la oposición de cara a las elecciones de 2019?
J.I.D.: Ojalá que podamos hacer cosas mientras tanto, que podamos dialogar con el Gobierno. El año 2016 fue un ejemplo de institucionalidad, sacamos 104 leyes. Pero el Gobierno está con la teoría Durán Barba y los focus group con la confrontación y la grieta, eso sirve para gobernar pero no para arreglar los problemas. La arquitectura no sé cómo será, pero mientras este debate se da tenemos que tratar de darle soluciones a la gente y a las pymes. Queremos que la oposición amplia nos unamos y que busquemos los consensos para que la gente vea que vale la pena aguantar un poco porque viene esa Argentina en la que vamos a liberar la energía productiva. Claro que para ganar la elección tenemos que mostrar que no buscamos el fracaso sino una propuesta superadora. Nos cansamos de llevar propuestas pero ni siquiera la bajan a debatir, como fue con la Emergencia Pyme que no bajaron a debatir, pero no bajan porque no quieren pagar el costo político.

P.: ¿Cree que la causa de los cuadernos puede marcar un punto de inflexión?
J.I.D.: Me indigno cuando los empresarios entramos en esta pelota de que somos todos corruptos. El 99% de los tipos que yo represento se levantan a las 5 de la mañana, tienen que ir a pelear contra todo lo que hablamos y encima se tiene que ligar el mote de corruptos. Con la causa pueden pasar dos cosas. Primero una nueva frustración, que haya mucha espuma y después no pase nada, que sería lo peor que nos podría pasar. Para poder arrancar con esta Argentina que queremos, es clave recuperar la confianza de los argentinos, no de los inversores extranjeros que vienen y hacen su negocio. Hay que restablecer la confianza de los de acá para que abran nuevos turnos y vuelvan a producir. Y para que se pueda avanzar en esa revolución es fundamental que la gente vuelva a confiar en la Justicia, volver a confiar en las instituciones. Todos tenemos que pelear para que esto llegue hasta las últimas consecuencias, para que se separe la paja del trigo. El otro punto que es fundamental es la unión del campo popular, desde que el mundo es mundo la lucha está por donde se agrega valor, el país que agrega valor es el que paga altos salarios y desarrolla tecnología, pero el mundo quiere a la Argentina como proveedor de materias primas y recursos naturales. Entonces, cuando vos querés modificar esa matriz productiva afectar profundos intereses atados a la vieja estructura.

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