Néstor Kirchner le ha encontrado el gusto a sumergirse en abrazos con guardaespaldas, movileros y el público que suele ir a todos los actos de un presidente, que nunca es de la oposición. Cada vez que puede busca el calor de palmadas, besos, caricias, gritos de aliento, recepción de papelitos con reclamos de todo tipo. Eso tiene el costo, ya casi una costumbre, de recibir heridas, como ocurrió de nuevo ayer en la Plaza de Mayo.
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