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Cristina Fernández de Kirchner y el juez español Baltasar
Garzón dieron una cátedra sobre derechos humanos en la
Universidad de Nueva York.
Tampoco la ayudó el marco de elogios al cónsul Héctor Timerman, a quien Juan Méndez y Garzón exaltaron como la estrella del encuentro. «Acepté estar acá -bromeó Garzón- porque me lo pidió Héctor. Y yo, como en la canción dije: 'Me dices ven, y dejo todo y voy'. También por la senadora y por la casa en donde he sido profesor durante dieciocho meses».
Alguna vez alguien, con más perspectiva histórica, mostrará las razones por las cuales personajes como la senadora se prestan a estos «eventos» que producen verdaderos avances en la lucha por derechos humanos -como es empujar para que se conozca la verdad y se sancione a los criminales de cualquier lado- desde la óptica del derecho penal universal, pero omitiendo casos presentes y vigentes como son Cuba y Guantánamo. Lo más que se permitió Garzón fue mencionar que Estados Unidos no ha firmado, como la Argentina y España, el Tratado de Roma que crea el Tribunal Penal Internacional. Se dice esto con ironía pero para descartar cómo la razón de Estado que han querido proteger los violadores de los derechos humanos parecen asustar también a quienes tienen la oportunidad, por el poder que ostentan, de analizar los fenómenos que están a la vista y que quiebran garantías de hoy y de aquí.
Cristina de Kirchner se presentó como representante de un «espacio político», rescató los juicios a los comandantes como un aporte histórico que había quedado anulado por las Leyes de Punto Final y los indultos. Mencionó que desde 2003 habían tratado desde el gobierno de impulsar un giro en el tratamiento de las causas que, dice, llegarán a juicio pese a la lentitud de la Justicia. No hacía falta venir a Nueva York para decir esto.
En este punto el moderador Méndez -un marplatense que sufrió detención y torturas en 1976- le preguntó si creía que alguna vez se conocerían los lugares donde están los restos de desaparecidos como la hija de Eduardo Fermín Mignone- cuyo nombre se le impuso aquí al seminario sobre Justicia Transicional de esta universidad. «Tengo la convicción personal, pero ojo, personal, de que en algún lugar, alguien, tiene datos, listas y detalles de lo que pasó. Es una asignatura pendiente», remató con el irresistible lugar común.
Garzón aportó mucho más. Por ejemplo una revelación: contó que en 2005, cuando vino al país, visitó a Néstor Kirchner, quien le dijo: «Si los militares no son juzgados aquí, se los meto en un avión y se los mando para que los juzgue en España».
La sesión universitaria pareció por momentos una peña en Buenos Aires por la cantidad de argentinos que había, casi un tercio del total de 500 invitados al Tisch Hall de la Escuela de Leyes.



