5 de septiembre 2026 - 00:00

Marcos Juárez, el "kilómetro cero" de Cambiemos, vota el domingo sin sellos nacionales en competencia

Poco más de 24.000 vecinos están habilitados para votar al próximo alcalde entre siete listas, todas ellas de marcado perfil vecinalista. LLA está ausente, el PJ de Martín Llaryora juega pero con apoyo medido y el PRO le negó la marca a un candidato con posibilidades.

Los candidatos Pedro Dellarossa, Germán Font, Verónica Crescente, Gerardo Pasquali y Jorge Bolcato, estuvieron en la sede del sindicato municipal exponiendo sus ideas.

Los candidatos Pedro Dellarossa, Germán Font, Verónica Crescente, Gerardo Pasquali y Jorge Bolcato, estuvieron en la sede del sindicato municipal exponiendo sus ideas.

Este domingo, poco más de 24.000 vecinos de la ciudad de Marcos Juárez, ubicada en plena pampa húmeda de Córdoba, están habilitados para elegir intendente entre siete listas, todas ellas de marcado perfil vecinalista. Pedro Dellarossa, que ya gobernó dos períodos, encabeza Marcos Juárez Puede; Germán Font compite por Generación Marcos Juárez con la anuencia tácita del oficialismo provincial; Verónica Crescente busca la revancha con Unión Vecinal, y a ellos se sumaron Gerardo Pasquali por Marcos Juárez Despierta, Juan Carlos Escobar por el Partido Libertario, Ana Claudia Elzaurdia por Una Nueva Oportunidad y Jorge Bolcatto por Encuentro Vecinal Córdoba.

Ninguna de las boletas lleva el sello de un partido nacional porque La Libertad Avanza (LLA) no logró cerrar una alianza con el propio Dellarossa y terminó sin lista propia; ni el PRO, que le retaceó su marca al exintendente pese a los gestos públicos de apoyo que le llegaron del expresidente Mauricio Macri y de la senadora Patricia Bullrich, ni el peronismo cordobés, que decidió no arriesgar su sigla en un terreno que hace tiempo dejó de serle amigable.

Ese escenario muestra una elección hiperlocal, candidatos "de nadie" y con final incierto, lejos con la historia reciente del propio distrito. En 2014 este municipio del sudeste cordobés, motor sojero de la llamada pampa gringa, fue el laboratorio en donde el PRO y la UCR probaron por primera vez que podían gobernar juntos.

De ahí nació, con el propio Dellarossa como intendente electo, el mito fundacional de Cambiemos, el famoso "kilómetro cero" que un año después terminaría llevando a Macri a la Casa Rosada. Doce años, tres gestiones y una pandemia después, ese mismo padrón vuelve a votar pero en un clima sin banderas nacionales y sin caravanas de dirigentes.

Pedro Dellarossa, que gobernó dos períodos y luego pasó por el gabinete del gobernador Martín Llaryora como ministro de Producción y por el directorio del Banco de Córdoba, busca reconstruir su perfil de centroderecha sin quedar pegado al cordobesismo del que participó hasta hace poco; de ahí el guiño de Luis Juez, quien acompañó al candidato.

Germán Font, que supo ser funcionario provincial de Bioagroindustria, corre con la venia tácita del oficialismo cordobés, aunque sin el sello del PJ en la lista, una jugada que le permitirá al Panal -como se conoce a la Casa de Gobierno- festejar gane quien gane, sin cargar el costo político de una derrota formal. Y Verónica Crescente busca la revancha de 2022, cuando perdió con el 32,5% frente al 55% de Sara Majorel, la actual intendenta, apoyada entonces por el exgobernador Juan Schiaretti.

El tironeo

LLA intentó durante meses meterse de lleno en la pelea. Gabriel Bornoroni, jefe del bloque libertario en Diputados y máximo referente del espacio en Córdoba, negoció en persona -incluso con la intervención de Eduardo "Lule" Menem, que llegó a visitar a Dellarossa en su propia casa- para que el exintendente compitiera bajo la marca violeta.

La apuesta tenía sustento numérico porque una encuesta de la consultora Pulso Social, relevada a fines de junio y que hizo trascender, ubicaba a LLA como la fuerza de mayor intención de voto en la ciudad y proyectaba que una fórmula Dellarossa-LLA podía sacarle hasta diez puntos de ventaja a Crescente. Dellarossa, sin embargo, se negó a "pintarse de violeta" y prefirió jugar la carta del PRO, el partido con el que había gobernado dos mandatos consecutivos. Tampoco esa puerta se abrió porque la conducción cordobesa del PRO, encabezada por el legislador provincial Oscar Agost Carreño, tras ganarle la interna a los sectores más cercanos a Macri, no le cedió el sello, y el exintendente terminó armando un partido propio.

Bornoroni, sin margen con Dellarossa, también le retiró el respaldo a Gerardo Pasquali, que llevaba meses de precampaña presentándose como el representante local de las ideas del presidente Javier Milei, por lo que el empresario debió salir a buscar sellos prestados de la UCR y el Partido Demócrata para sostener su candidatura, aunque conservó en el nombre de su alianza, Marcos Juárez Avanza, un guiño evidente al color violeta que ya no podía usar oficialmente. Solo Juan Carlos Escobar, con el marginal Partido Libertario ligado al armado provincial de Agustín Spaccesi, siguió reivindicándose como el único candidato libertario de la ciudad.

Del otro lado del mostrador, el cordobesismo jugó una partida más discreta pero calculada. En los despachos del gobernador Martín Llaryora se planteó como objetivo explícito evitar que Marcos Juárez se convirtiera en el kilómetro cero de La Libertad Avanza, algo que logró porque nunca se armó un frente opositor unificado que reuniera a Luis Juez, al PRO y a la UCR bajo el paraguas libertario, según deslizó una fuente consultada por Ámbito. La candidatura de Font, aunque sin el sello formal del PJ, cumple una doble función para el oficialismo provincial porque le da un activo de bajo riesgo -si gana, es una victoria del llaryorismo, pero si pierde no hay costo político porque nunca comprometió su marca- y ayuda a fragmentar el voto vecinalista que podría haberse consolidado con Crescente.

En Córdoba circuló en los campamentos de algunas fuerzas la versión de que el repliegue libertario en Marcos Juárez respondió a un entendimiento de mayor escala entre la Nación y la provincia, en un momento de acercamiento -al menos, de ausencia de choques- entre Milei y Llaryora, mediado por el Jefe de Gabinete Diego Santilli. Si esa lectura es correcta, la ausencia de LLA en la boleta no habría sido solo una derrota para Bornoroni frente a Dellarossa, sino una ficha movida desde un tablero bastante más grande que el de Marcos Juárez.

El eco de otro Milei

Otro dato que sobrevuela el escenario electoral de este domingo es el desempeño reciente del oficialismo nacional en La Docta porque en las elecciones presidenciales de 2023 fue uno de los bastiones más contundentes de Javier Milei, ya que en el balotaje se impuso con más del 70% de los votos frente a Sergio Massa, un resultado más amplio en algunos departamentos del interior productivo.

En las legislativas de 2025 volvió a ganar pero con una caída de más de 30 puntos porcentuales, respecto de aquel pico, en una jornada marcada además por la participación más baja desde el regreso de la democracia. Ese repliegue relativo ayuda a entender por qué, pese a medir primero en algunas encuestas locales, Bornoroni no logró cerrar una alianza formal en Marcos Juárez ni imponer sus condiciones.

Nada de esto quiere decir que el resultado del domingo sea irrelevante para el tablero nacional porque en un año en donde el peronismo cordobés y la oposición libertaria empiezan a mover fichas de cara a 2027, cada intendencia que cambie de manos -o no- funcionará como una señal para los propios dirigentes, aunque no se reconozca en voz alta. Quien gane en Marcos Juárez podrá decir que lo hizo solo, con estructura local y sin apellidos ilustres, pero puertas adentro de los despachos de Córdoba se harán varias lecturas.

El modelo de BUP con la que se votará el domingo en Marcos Juárez.

El modelo de BUP con la que se votará el domingo en Marcos Juárez.

Cómo se votará

Marcos Juárez estrenará la Boleta Única de Papel, el sistema ya confirmado por la Junta Electoral municipal que reemplaza a la tradicional boleta partidaria y que, en la última década, había alternado experiencias de voto electrónico con la boleta sábana convencional. Con la BUP, los siete espacios en competencia aparecerán todos juntos en una misma papeleta, ordenados en columnas según el orden que surja del sorteo, y el elector marcará su preferencia con birome dentro del cuarto oscuro.

Según el padrón definitivo, 24.803 vecinos están habilitados para votar -un 2,6% más que en 2022- y lo harán en siete centros distribuidos en otras tantas escuelas de la ciudad, que en conjunto reúnen 71 mesas electorales. La Junta Electoral sumó, a último momento, una restricción adicional inspirada en la experiencia de Santa Fe con este mismo sistema porque quedará prohibido usar el celular o fotografiar el voto dentro del box, una medida pensada para reforzar el secreto del sufragio sin habilitar el control de las boletas por parte de terceros.

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