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Jorge Argüello
El Congreso sancionó el año pasado una ley que reglamentó las facultades extraordinarias sobre el ingreso y egreso de tropas al país. En rigor, se trata de una norma deliberadamente confusa que establece que año a año el gobierno a través de Defensa y Cancillería debe pasarles a los legisladores de ambas Cámaras un programa de maniobras, a partir de las cuales se define el tipo de inmunidad que se les otorga a los militares norteamericanos.
Las tropas, bajo el ala del jefe del Pentágono, no gozan de inmunidad total, es decir, penal, civil y administrativa. Sólo de un tipo de inmunidad especial, similar a la que tienen los empleados de las sedes diplomáticas extranjeras en el país. Esta fórmula fue una creación de Taiana, por aplicación del Tratado de Viena que describe que los delitos leves son juzgados en el país de origen y los graves juzgados en el país donde se llevan acabo las maniobras. Esta «doctrina» siempre fue frenada por Rafael Bielsa, celoso de una supuesta afinidad de Taiana con Horacio Verbitsky. Y ahora también por Argüello, quien imagina (o aspira) a ser canciller.
Según Argüello la inmunidad para las tropas extranjeras viola los tratados internacionales, entre los que está el que establece la creación del Tribunal Penal Internacional que juzga los crímenes de guerra y las violaciones a los Derechos Humanos.
Estados Unidos ha mantenido una cerrada oposición a entregar su soberanía jurídica a manos del CPI, y de hecho no integra la lista de los 139 países que firmaron el Estatuto de Roma y que ha sido ratificado por 98, entre ellos la Argentina.
Ese trato no sólo define cuáles son los delitos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y de guerra, sino que también establece compromisos de los estados parte de prevenir y castigar los delitos y una corte penal internacional para el caso de que no lo haga.
En su exposición, Moreno Ocampo tradujo la idea madre que rige al CPI: «Hace poco, un militar me comentó que su jefe de Ejército lo había enviado a supervisar las maniobras, porque no quería tener ningún conflicto con la Corte Penal».
Es decir, alcanzar la universalidad jurídica, un estatus que los estados nación no pueden tener.
Moreno Ocampo es el fiscal de ese tribunal internacional, y tiene en su poder tres casos: el de Uganda, Congo y el de República de Centroafricana. Precisamente en uno de ellos -el caso de los crímenes que se vienen cometiendo en la región de Darfur, Sudán- se discutieron en la ONU. Estados Unidos propuso evitar la CPI y dar nacimiento a una nueva corte.



