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27 de febrero 2003 - 00:00

Dedo de Duhalde ubica los ministros en la lista

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Chiche Duhalde será de nuevo quien encabece la lista pero, como la historia no se repite, esta vez podría ganar. La primera vez en que su esposo la hizo vivir esa aventura, ella perdió una elección y él un amigo, Alberto Pierri, quien se echó en brazos de Carlos Menem llevado por el despecho. El resultado fue el peor, no en términos políticos -al fin y al cabo salió segunda-sino personales: Duhalde la hizo caer frente a otra mujer, Graciela Fernández Meijide, y esto suele ser, por prejuicios atávicos, más doloroso. Ahora no se reiteraría ese detalle. Llama la atención, sí, la diferencia de criterios morales que separa a la pareja en lo referido al cumplimiento de la palabra. Chiche le hizo decir a Felipe Solá que, como su esposo «Negro», ella se iría a casa el 25 de mayo, sin aspirar a ningún cargo público.

Quedó mal Solá porque ahora se nota más que lo que no quería la señora era secundarlo (¿será por los términos en que él se refirió a ella delante de cinco intendentes radicales, en su despacho, cuando esos alcaldes fueron a reprocharle el adelantamiento de las internas? Los Duhalde se enteran de todo cuando las cosas suceden en Buenos Aires).



También la de introducir en ella a seguidores propios, como es el caso de Miguel Saredi (autor del proyecto de ley de lemas que impulsó en su momento Camaño para dar salida a la interna del PJ) y la de «escriturar-» por otro mandato la presidencia de la Cámara. La instrucción la impartió el propio Duhalde en Villa Gesell, en la casa del interesado: fue el sábado a la noche, en lo de Carlos Ruckauf -la comida se publicó en Charlas de Quincho-. Al canciller se le indicó en esa comida que le estaría vedado pelear por la jefatura de la Cámara. Eso sí, también se le aseguró ocupar el tercer lugar de la lista, después de Camaño.

Para Ruckauf fue un éxito. A él le interesa poco el escalón en que lo ubiquen ahora. Se trata de alguien que abandonó la gobernación bonaerense, segunda posición de poder en el escalafón argentino, sin siquiera mandar una carta de lectores que explicara la fuga.

Proponerlo de nuevo al electorado de la provincia es una muestra de omnipotencia con la que Duhalde bate un récord. El canciller, por su parte, consigue aquello a lo que recurre desde joven, un empleo público: a él le basta con una oficina, un escritorio, un par de ceniceros, periodismo adicto y dos contratos para su jefe de prensa y algún dactilógrafo. Si hasta las vacaciones familiares las pasó en los consulados aprovechando su condición de canciller. Pero no es privilegio sólo de él: también su hijo apela a esas prebendas de la hotelería diplomática en el exterior.

En el cuarto lugar se ubicaráuna mujer que regresa a la Cámara, la ministra de Trabajo, Graciela Camaño. Otro ortodoxo que seguro que repite mandato es José María Díaz Bancalari. Ultimamente está quejoso. Se había soñado segundo de Felipe Solá y lo sustituyó Graciela Giannettasio. Pensó que podría presidir la lista de diputados nacionales y tampoco lo consideraron para esa misión. Le queda un consuelo: está por encima de otro fundamentalista, Lorenzo Pepe.

Quedan por resolver todavía algunas incógnitas importantes. ¿Renovará la UIA su banca, que ocupa Osvaldo Rial? ¿Le darán a Solá algún derecho para designar por lo menos un candidato? ¿Dónde lo ubicarán a Aníbal Fernández? Importan estos enigmas por una razón: la lista que se arma hoy será seguramente modificada por alianzas futuras, de las que se pueden realizar hasta 60 días antes de los comicios. En tal caso, todos los lugares conquistados hasta hoy correrán hacia abajo. Un riesgo grande porque nada asegura que, con opciones como la de Aldo Rico o Luis Patti, el duhaldismo consiga mucho más de 13 diputados este año, siempre que salga primero.



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