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16 de diciembre 2003 - 00:00

¿Dejarán que Álvarez se reivindique?

Chacho Alvarez trató de usar la confesión del delincuente arrepentido contra el Senado por coimas para buscar su reivindicación como renunciante repudiado por abandonar la vicepresidencia. Pero hasta en el programa «Día D» le reprocharon que él había hecho lobby en el Senado y en Diputados para lograr la sanción de esa ley. Esa gestión, en otro momento del país, sería un mérito porque, efectivamente, la ley aportó, pero hoy soplan aires de hoz y martillo en el país y se lo reprochan. De acusador pasó a acusado. Parece que su dimisión no la asimilará nunca la sociedad.

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Cuesta imaginar, para la primera alternativa, que los piqueteros sean permeables a una historia sórdida con tres años de pasado y que, alelados ahora ante el señor Pontaquarto, suspendan su protesta ante un gobierno que presume decencia frente a un mundo heredado -según el léxico kirchnerista-donde brota pus apenas se lo toca. Más bien, para los quejosos ideologizados del próximo sábado, los senadores, diputados, la Justicia o el Ejecutivo constituyen una misma matriz, casi sin diferencias, hasta los imaginan responsables de sus propias desgracias. Si nadie sabe entonces lo que pasará el sábado, en cambio ya se descubrió que el repentino arrepentimiento de Pontaquarto, para Chacho Alvarez, vino a ser como la carabina de Ambrosio, una inutilidad popular.



Pero fue la jugada de Ambrosio, inclusive hasta con el riesgo de que se dispare en contra. De izquierda a derecha llovieron mandobles, tantos que el mismo Alvarez cambió con velocidad. De entusiasta y crítico en vías de Savonarola, al primer día de Pontaquarto, terminaba ayer en desanimado pacificador descartando el propósito de asistir a la boletería para cobrar un ticket ganador. Trepar a la fama no es sencillo.

Es que, como si fuera una estrategia de respuesta, una nube de críticos con gente de poca relación en común, se lanzaron contra Alvarez. Primero fue Héctor Maya, ex senador justicialista y el primero en oponerse a la controvertida ley gremial (tanto que le atribuyen haber redactado el memorándum sobre el cual luego Antonio Cafiero hizo la denuncia de corrupción), quien recordó que Alvarez lo quiso «convencer» (a cambio de «figuritas») para que votara a favor al tiempo que, como titular del Senado, Chacho burló procedimientos y normas para apresurar la aprobación.



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