La prometieron todos los partidos en todos los distritos; muchos ganaron bancas y hasta gobierno ilusionando a los desilusionados de la política. Pero nadie cumple la promesa de una reforma que mejore la calidad de la selección de los candidatos o que refuerce el compromiso entre representantes y representados. Ayer se supo que tampoco en la Capital Federal habrá reforma alguna, cuando un Aníbal Ibarra había condicionado las fechas electorales a que se hubiera votado. Se impuso al final la conveniencia de quienes prometen esas reformas para ganar votos, pero que no quieren perjudicar sus privilegios. Ocurrió antes en el orden nacional, donde se votó una ley de internas abiertas y obligatorias que terminó suspendida "por esta única vez" con argumentos que valdrán para futuras suspensiones. Luego pasó lo mismo en la provincia de Buenos Aires. Lamentable tanta demagogia en medio de tamaña crisis política.
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Fracasó ayer en la Ciudad Buenos Aires la posibilidad de innovar en el sistema electoral para el próximo 8 de junio, cuando se renueven autoridades y diputados del distrito. La sanción de una ley de ese tipo requiere 40 votos, y sólo 30 -50% de las bancas- estuvo a favor. El proyecto no llegará al recinto hoy, al caerse en la reunión de Labor Parlamentaria.
Los representantes de la Capital Federal siguen así el camino de sus pares nacionales y de la provincia de Buenos Aires. A diferencia de los diputados porteños,
Los legisladores porteños sancionaron una Constitución para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que, entre otras originalidades que supo alabar el actual jefe de la Capital, cuenta con un artículo referido a la descentralización y la creación de comunas con autoridades electas.
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